Archive for February, 2010
Juana, la loca de amor
Juana I de Castilla llamada “La Loca”, nació en Toledo el 6 de noviembre de 1479, hija de los Reyes Católicos Fernando e Isabel. No fue educada para el trono ya que tenía dos hermanos mayores, Juan e Isabel. Desde pequeña parecía destinada a casarse con algún príncipe encumbrado en una alianza provechosa para el reino, y para ello se la preparó. El candidato ideal no tardó en aparecer: Felipe I de Habsburgo, “El Hermoso”, hijo del Emperador del Sacro Imperio Romano Germánico. Juana partió entonces a la lejana Flandes, sin haber visto jamás a su novio. Pero aunque el matrimonio había sido arreglado por sus padres, los jóvenes se enamoraron locamente apenas se conocieron, en agosto de 1496. Juana había encontrado el amor de su vida, pero para Felipe, lamentablemente, sólo sería un entusiasmo pasajero. Y el comienzo de un terrible camino de amor y locura.
Angustiada por el desinterés de su esposo, Juana comenzó a celarlo en forma patológica. Llegó incluso a parir a su hijo Carlos en los baños del castillo de Gante, con tal de no permitir que Felipe concurriera sin ella a la fiesta que se daba allí esa noche. En 1504, a la muerte de la reina Isabel, Juana es nombrada reina de Castilla por su padre, ya que sus hermanos mayores habían muerto. El rey Fernando se autoproclama regente, pero Felipe, el esposo de Juana, reclama el trono y consigue, con el apoyo de los nobles, ser coronado rey de Castilla. Pero poco después, el 25 de septiembre de 1506, Felipe muere, se sospecha que envenenado. Embarazada por sexta vez y trastornada por el dolor, Juana se embarca en una insólita travesía para cumplir la última voluntad de su esposo, que había pedido ser enterrado en la distante Granada. Durante ocho meses, arrastrando a los nobles de la corte consigo, y sin despegarse jamás del féretro, Juana viaja a Granada siempre de noche, y acrecienta su fama de loca en cada poblado que atraviesa. Se rumorea incluso que en los altos del camino mantiene relaciones íntimas con el cadáver. Cumplida su misión, Juana continúa sumida en una profunda tristeza y se niega a comer o lavarse. Su padre la recluye entonces en un palacio en Tordesillas. Nunca más saldrá de allí. Los opositores a su hijo Carlos, que asumió el trono dada la incapacidad de su madre, sostenían que la reina en realidad estaba cuerda y que Carlos la mantenía prisionera para usurpar la corona. Pero lo cierto es que durante el alzamiento comunero en contra del rey, Juana se negó a firmar los documentos que hubieran impedido a su hijo seguir reinando en su lugar.
Murió el 12 de abril de 1555, a los 75 años. Llevaba más de 46 encerrada en el palacio de Tordesillas. Y muchos más, encerrada en su locura de amor.
La rosa azul-Leyenda China
Posted by valeria in leyendas, Mitos, Uncategorized on February 25, 2010
Cuentan que hace muchos años, gobernaba en China un emperador bondadoso que tenía una única hija. El emperador adoraba a la muchacha, pero sufría porque ella no quería casarse. Y es que la princesa, además de bella, era inteligente, y soñaba con estudiar, viajar y vivir muchas aventuras. No deseaba dedicarse sólo a tener hijos y pintar sobre seda, lo único que una esposa podía hacer por esa época. Pero su padre no podía permitir que se quedase soltera, y le ordenó que pusiera una condición para quienes aspirasen a su mano. Podía hacerla tan difícil como quisiera, le dijo, pero estaba obligada a casarse con el primero que la cumpliera. La princesa, astutamente, replicó: me casaré con quien me traiga una rosa azul.
La mayoría de los pretendientes se retiraron, desalentados, pero un encumbrado militar se presentó en palacio y ofreció a la princesa un exquisito zafiro tallado en forma de rosa. La perfección de la joya quitaba el aliento, pero la princesa sacudió la cabeza y dijo: yo no quiero una joya, quiero una rosa azul. Otro pretendiente le ofreció un espléndido vaso de porcelana con una rosa azul pintada, pero la princesa dijo: yo no quiero una rosa pintada, quiero una verdadera rosa azul. Tiempo después, un rico noble pidió audiencia y ofrendó a la muchacha una rosa azul que no parecía estar pintada. El Emperador ordenó que comenzaran los festejos del compromiso pero la princesa, que observaba fijamente la flor a través de sus lágrimas, vio que una mariposa posada en ella caía muerta, y se lo hizo notar a su padre. Los botánicos de palacio estudiaron la rosa y descubrieron que había sido irrigada con tinta estando en la planta. La princesa estaba a salvo.
Su astucia, sin embargo, pronto se volvería en su contra. Poco después, la princesa se hizo pasar por una de sus damas para asistir a una fiesta popular. Allí conoció a un apuesto músico ambulante. Se enamoraron perdidamente, pero al empezar a planear su boda, la muchacha, espantada, recordó su treta: su padre exigiría al muchacho la rosa azul. Muchos días lloró la princesa en brazos de su amado, hasta que una tarde, de repente, secó sus lágrimas: había tenido una idea.
La corte entera esperaba, curiosa, al nuevo pretendiente ¿traería finalmente la rosa azul?
El joven avanzó decidido y ante la sorpresa de todos, entregó a la princesa una rosa blanca. La muchacha la aceptó encantada. Hija, dijo el Emperador, esa rosa no es azul. Pero es la rosa azul que yo estaba esperando, replicó ella. El Emperador iba a echar al muchacho cuando comprendió que su hija lo amaba y finalmente deseaba casarse, y no vio motivos para impedir su felicidad. Ordenó entonces que comenzaran los festejos del compromiso, y los enamorados y la corte entera bailaron y se divirtieron hasta muy tarde, mientras en el centro del salón reinaba la humilde rosa blanca, convertida en azul por la magia del amor.
Las Brujas de Salem
La apacible aldea de Salem, hoy estado de Massachussets, Estados Unidos, recibe curiosamente más de 800 000 visitantes por año. Y es que en el pequeño pueblo aún resuenan los ecos de uno de los episodios más curiosos y sangrientos en la historia de la intolerancia humana.
A principios de 1692, los actuales Estados Unidos, por entonces todavía una colonia británica, vivían un período de mucha agitación. En la aldea de Salem, la efervescencia era aún mayor, ya que a las luchas por el poder entre familias rivales se sumaba la creciente influencia de los puritanos extremos, que en la práctica gobernaban la colonia, sobre la vida personal de sus habitantes. La tensión era enorme y podía estallar en cualquier momento. Lo haría de la manera más terrible.
A mediados de 1692, Betty Parrish y Abigail Williams, de 9 y 11 años, hija y sobrina respectivamente del reverendo de la comunidad, comenzaron a comportarse de manera extraña. Según testigos, se echaban a llorar sin motivo y se arrastraban por el suelo, o caminaban en cuatro patas, ladrando como perros. Las sospechas pronto recayeron en Tituba, la esclava antillana de la familia, quien tenía fama de poder leer el futuro. Por aquel entonces, la brujería era considerada delito contra el estado y se penaba con la horca, pero quienes admitían sus prácticas demoníacas eran indultados. Fue así como Tituba confesó ser bruja y salvó su vida. Pero apremiada por los jueces, declaró también que había muchas otras brujas en el pueblo, y un hombre alto y misterioso que las comandaba a todas. El fanatismo religioso y los odios solapados hicieron el resto: fue el comienzo de una cruenta cacería. Apoyándose apenas en los delirantes testimonios de Abigail y Betty, que aseguraban ser atacadas por fuerzas demoníacas, el tribunal de Salem ahorcó en sólo 7 meses a 20 personas y detuvo a otras 200, condenando a la mayoría a la pena de prisión perpetua. Otras 200 personas fueron también sospechadas de hechicería. El manejo de los juicios por parte de los puritanos desató críticas desde un primer momento, pero no fue hasta 1697 que los jurados pidieron disculpas públicas por los aberrantes procesos y los detenidos que permanecían en prisión fueron indultados. Para los ejecutados en la horca sólo quedó una rehabilitación tardía e inútil. Y un lugar en una de las páginas más vergonzosas de la historia de la crueldad humana.
Selena, la reina del tejano
Posted by valeria in Asesinos y crimen on February 24, 2010
Selena Quintanilla parecía tenerlo todo. Joven, bella, millonaria y carismática, la muchacha nacida en Estados Unidos de padres mexicanos había logrado trascender su humilde origen para convertirse en la estrella indiscutida de la música tejana. Reina absoluta en México y entre la comunidad latina de los Estados Unidos, Selena encaró en 1995 un proyecto aún más ambicioso. Decidida a convertirse en una estrella internacional, se rodeó de prestigiosos productores para grabar su primer trabajo en inglés. El álbum, según lo previsto, se lanzaría en julio de ese año.
Selena nunca llegaría a verlo.
A principios de 1994, Selena había cumplido otro de sus sueños inaugurando en Texas una boutique con diseños de su autoría. La dirección del lugar había sido confiada a Yolanda Saldívar, asistente personal de la cantante y presidente de su club de fans. Pronto la familia Quintanilla descubriría fugas de dinero y otros manejos turbios en la administración de Saldívar. Y aunque Selena confiaba en su asistente, las pruebas en su contra fueron tales que, entristecida, accedió a despedirla a fines de ese mismo año.
En marzo de 1995, la estrella se comunicó con Saldívar para solicitarle una documentación de la empresa con la que la mujer se había quedado. Yolanda prometió entregársela, y la citó para ello en el hotel donde vivía. Pero en la mañana del 31 de marzo, a solas con la cantante en su habitación, se negó a devolverle los papeles. Las mucamas del hotel escucharon entonces una violenta discusión. Poco después, se oía un disparo y Selena, bañada en sangre, corría pidiendo auxilio perseguida por su ex asistente. Trasladada de urgencia al hospital más cercano, poco pudieron hacer los médicos por la joven estrella, que se desangraba incontrolablemente. Murió menos de una hora después del ataque. Apenas tenía 23 años.
Yolanda Saldívar se encerró en su camioneta y amenazó con dispararse en la cabeza. Tras algunas horas de tensión, fue capturada y acusada de homicidio. Meses más tarde fue condenada a prisión perpetua. Se encuentra en confinamiento solitario: sus compañeras de pabellón intentaron matarla varias veces por haber asesinado a su ídola.
Días antes de su muerte, el 26 de febrero, Selena había dado su último concierto en el Houston Astrodome de Texas. La concurrencia de 60 000 personas continúa siendo récord para ese estadio. Aún hoy, Selena es una estrella admirada y recordada. Muchos de sus fans nunca la vieron cantar en vivo, o incluso ni siquiera habían nacido cuando fue asesinada.
El Chacal de Nahueltoro
Posted by valeria in Asesinos y crimen on February 23, 2010
Jorge del Carmen Valenzuela Torres, nacido en 1922 en San Fabián de Alico, Chile y rebautizado por la opinión pública como “El Chacal de Nahueltoro”, es sin lugar a dudas uno de los protagonistas más célebres de las crónicas rojas de ese país.
De condición extremadamente humilde, alcohólico, Valenzuela vagaba en busca de trabajo cuando en el pueblo de Nahueltoro se enamoró de Rosa Rivas, cocinera del fundo Moticura, viuda y madre de 5 pequeños, quien lo llevó a vivir con ella. Pero el alcoholismo del hombre desagradó al patrón del fundo, que despidió a Rivas. La familia entera tuvo que trasladarse entonces a la orilla del río Ñuble, donde vivían apenas amparados por los árboles.
La mañana del 20 de agosto de 1960, Valenzuela exigió a Rivas dinero para beber, pero la mujer aún no había podido cobrar su pensión de viuda por problemas burocráticos. Se produjo entonces una terrible discusión durante la cual, en una secuencia nunca aclarada del todo, Valenzuela despedazó a su concubina con una guadaña para luego asesinar uno a uno a los 5 hijos de la mujer, a golpes y patadas. Consumada la masacre, huyó del lugar.
Alertada por el dueño del fundo Chacayal, quien descubriera los cuerpos días más tarde, la policía apresó a Valenzuela tras un mes de búsqueda, y lo condujo a la cárcel de Chillán. Allí, el hombre brutal que, según sus propias palabras “nunca recibió enducación de naiden”, abrazó la fe católica, aprendió a hacer guitarras y se arrepintió de sus crímenes. Sin embargo, fue condenado a muerte. La sentencia generó un intenso debate en la sociedad chilena. Muchos se preguntaban cuál era el sentido de darle a un hombre las oportunidades que nunca había tenido y rehabilitarlo, para luego matarlo de todos modos. Fue en vano. Ni siquiera la encendida defensa de Eloy Parra, sacerdote que había acompañado al “chacal” en su conversión a la fe, logró que el entonces presidente de Chile, Jorge Alessandri, le concediera el indulto. El “Chacal de Nahueltoro” fue fusilado por un pelotón de carabineros 32 meses después de su arresto. Tenía 41 años.
La polémica generada por el caso, y el posterior éxito de la película que recreaba los hechos, generaron un culto a la figura del “Chacal”. La gente deja pedidos y ofrendas en su tumba, y el 1 de noviembre, día de todos los santos, se celebran allí romerías en su homenaje. Para el pueblo chileno, dicen quienes lo veneran, el “Chacal” representa la posibilidad de redimirse siempre, sin importar la gravedad de los pecados cometidos.
No es poca cosa.
Anahí, la flor del ceibo
La flor del ceibo es la flor nacional de la República Argentina, y su origen se narra en la bellísima leyenda de Anahí, la de la voz de pájaro. Cuentan los indios guaraníes que hace muchos años, su gran cacique tuvo una hija única, Anahí, que por su gran fealdad no conseguía marido. La muchacha, sin embargo, había sido recompensada con una voz maravillosa que las aves mismas envidiaban, y era feliz entonando dulces melodías mientras paseaba por los bosques de su patria amada.
Un día, los guaraníes avistaron el desembarco de los primeros españoles en sus tierras. Pronto descubrirían que esos hombres a los que en un principio habían confundido con dioses sólo querían despojarlos y esclavizarlos. Pese a su inferioridad numérica, el padre de Anahí decidió atacarlos: prefería una muerte digna a una vida de esclavitud para su pueblo. Anahí lo despidió con orgullo. Días después lloraba sobre su cadáver, traído por los escasos sobrevivientes de la terrible derrota. Tras la muerte del cacique, la tribu se reunió en asamblea para discutir sus acciones futuras. Pero cuando la idea de entregarse voluntariamente como esclavos a los españoles para tener una mínima chance de sobrevivir comenzaba a hacerse fuerte, Anahí se puso de pie y pidió que la siguieran en una lucha distinta, basada en la astucia y no en la fuerza.
Desde entonces, el pueblo guaraní aprovechó al máximo su única ventaja sobre el enemigo. Los españoles no conocían bien el terreno, lo que se volvería su talón de Aquiles. Pronto comenzaron a notar que quien se alejaba unos pocos pasos del campamento moría atravesado por flechas que parecían venir de ninguna parte, y que los supuestos ataques de los indios no eran más que celadas para conducirlos a lo profundo del bosque, donde eran devorados por los animales salvajes. No tardó en difundirse entre ellos la leyenda de que los guaraníes eran comandados por un guerrero casi sobrenatural, de muchos metros de altura y manos como garras.
Grande fue su sorpresa cuando apresaron a la verdadera artífice de la resistencia, una muchacha menuda y delicada. Anahí, traicionada por sus sentimientos, se había acercado demasiado al campamento español, dispuesta a matar al soldado que había acabado con la vida de su padre. Los españoles atribuyeron sus hazañas a las artes de la hechicería y la condenaron a morir en la hoguera. Fue así que la condujeron a un bosque cercano, donde luego de abusar salvajemente de la indiecita, encendieron la hoguera del terrible suplicio.
Anahí, sin embargo, no gritó de dolor al ser abrasada por las llamas. De su garganta, en cambio, salió un dulce canto que pedía por su pueblo y por sus bosques. El mismo que había entonado para despedir a su padre. Y ante los ojos atónitos de sus verdugos, su cuerpo fue transformándose en un robusto tronco del que pendían ramilletes de bellas flores coloradas. Había nacido la flor del ceibo, símbolo de libertad y dignidad. La flor nacional de la Argentina.






