Archive for March, 2010

El viejito de la cabra

El viejito de la cabra

El viejito de la cabra

El viejito de la cabra es una figura legendaria de la provincia argentina de Santiago del Estero. Según los testimonios, este anciano, siempre acompañado de una cabra flaca, se aparece cada 20 ó 25 años a quienes se internan en la espesa vegetación del monte. Nadie puede precisar si está vivo o se trata de un fantasma.

Una leyenda urbana atribuye la eterna juventud de la famosa actriz argentina Nacha Guevara a un encuentro con el  viejo. Según esta historia, Nacha se encaminaba en auto a principios de los ‘80 a las Termas de Río Hondo, cuando el amigo que la acompañaba perdió el control del vehículo y chocó contra un árbol.

Golpeada y desorientada, Nacha salió del auto y, al ver a su amigo inconsciente, decidió buscar ayuda. Internándose en la espesura, caminó hasta encontrarse con el viejito de la cabra, que la guió hasta una cueva en la que brotaba un manantial. Con esa agua, el anciano lavó las heridas de la actriz hasta que ella, llena de paz, se quedó dormida.   Al despertar se, encontró sola, pero como ya era de día, pudo salir de la cueva y encontrar fácilmente el auto. Su amigo se había recuperado del shock, y ambos caminaron juntos hasta la ruta, donde un camionero se ofreció a llevarlos al hospital más cercano.

Al día siguiente, Nacha volvió al lugar del accidente para agradecer al anciano, pero no lo encontró por ningún lado. Al consultar a los lugareños, ellos le dijeron que debía tratarse del misterioso viejito de la cabra, y le recomendaron no buscarlo más. Pero la actriz, terca, regresó al día siguiente y recorrió el monte hasta que el viejito se materializó, de la nada, frente a ella. El hombre la tomó de las manos y le dijo que las almas buenas, como la suya, merecían quedarse en la tierra dos y hasta tres veces más que el resto de la gente. Luego, desapareció.

Desde entonces, dicen, Nacha comenzó a notar que sus músculos se tonificaban, su piel se volvía radiante, lisa y luminosa, y su energía se multiplicaba.

No es mentira que, con casi 70 años, la actriz luce como una mujer de 40. Tal vez no sería mala idea buscar al viejito de la cabra.

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El árbol del amor

El árbol del amor

El árbol del amor

A mediados del siglo XIX, la bella plazuela Miguel Auza, en el corazón de la ciudad de Zacatecas, era el jardín del convento de San Agustín. Y a él solían acudir los habitantes de las casas vecinas para pasear y charlar entre las hermosas flores y los frondosos árboles.

Uno de estos árboles, que aún hoy permanece en su sitio, despertaba las discusiones de los lugareños, que no conseguían determinar de qué especie de árbol se trataba. Algunos afirmaban incluso que no había otro parecido en toda América. Por eso,  todos lo llamaban el árbol de Oralia, en honor a la bella muchachita que había tomado la costumbre de cuidarlo y regarlo a diario. Cada tarde, los vecinos del convento recibían la visita de Juan, el humilde aguatero que, siempre acompañado por su fiel burrito, se había ganado la simpatía de todos.

Oralia en especial, lo esperaba con impaciencia, para que la ayudara a regar su querido árbol. La muchacha, de familia acaudalada, no sabía que Juan, perdidamente enamorado de ella, había empezado a trabajar también largas horas en una mina, en busca del soñado filón de plata que le permitiera ofrecerle una vida de princesa. Tal vez por eso se dejó deslumbrar por Pierre, un apuesto francés enviado a México por el gobierno de su país. El joven había quedado deslumbrado por Oralia, cuya familia, complacida, lo invitaba diariamente a visitarlos. Pierre cautivaba a la chica con sus modales finos, sus atenciones y sus promesas de una vida de lujos y riquezas en Europa.

Pero Oralia sabía también que su corazón se aceleraba cada vez que veía acercarse el burrito de Juan, y que esperaba con impaciencia todos los días  el momento de regar el árbol junto a él.   Cada vez más confundida, se sentó una noche a llorar bajo las ramas de su querido árbol. Y el árbol, apenado, lloró con ella: cuentan que sus lágrimas, al caer sobre el regazo de la muchacha, se convirtieron en un hermoso ramillete de flores blancas, y que Oralia, al verlas, supo con claridad que amaba a Juan y nada le importaban las riquezas.

A la mañana siguiente, la muchacha recibió la visita de Pierre, quien tentado por un puesto de mayor importancia política en otro país, se despedía sin remordimientos. Así supo Oralia que su corazón no se había equivocado, y esa tarde, apenas Juan se reunió con ella bajo el árbol, le demostró todo su amor con un beso. El muchacho, en su enorme felicidad, olvidó decirle que había encontrado la tan ansiada veta de plata y sólo atinó a abrazarla mientras el árbol, lleno de felicidad, los cubría con una lluvia de flores blancas.

Es por eso que desde entonces, los enamorados se refugian bajo las ramas del árbol de Oralia, y le piden que su amor dure para siempre.

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Abducción en el río Pascagoula

Abducción

Abducción

Durante mucho tiempo, la historia de abducción extraterrestre más famosa fue la supuesta odisea del matrimonio Hill. Más tarde, sin embargo, se comprobó que no era cierta. De la abducción del río Pascagoula, en cambio, nadie ha podido probar que se tratase de una mentira. Y han pasado ya 36 años.

El 11 de octubre de 1973, Charles Hickson, de 42 años de edad, y Calvin Parker, de 19, decidieron ir juntos a pescar a la orilla del río Pascagoula, en Mississippi.  Los dos hombres, compañeros de trabajo en un astillero cercano, acababan de acomodarse en un muelle abandonado cuando, según su relato, vieron una cantidad de luces azules que parpadeaban. A continuación escucharon un sonido vibrante y vieron aparecer ante ellos una nave alargada de unos 30 metros de diámetro que avanzaba levitando sobre el río. Siempre según Hickson y Parker, una puerta se abrió en la nave y de ella surgieron tres seres de rasgos humanoides y aproximadamente 1,50 metros de altura.

Los extraños seres atrajeron a los pescadores sin tocarlos, y los hicieron levitar hasta el interior de la nave. Parker declaró luego haberse desmayado por el miedo y no recordar nada de lo sucedido. Hickson, en cambio, relató que los seres tenían la piel arrugada y gris, protuberancias en forma de zanahoria en lugar de nariz y orejas, brazos terminados en pinzas como de langosta y una sola pierna. Afirmó también que él y su compañero fueron revisados minuciosamente por un ojo mecánico y, luego de aproximadamente 20 minutos, devueltos a la orilla del río.

Los aterrorizados pescadores permanecieron más de 45 minutos discutiendo qué hacer, hasta que finalmente decidieron dar parte a la base de la Fuerza Aérea de Kessler. Pero allí les negaron que las fuerzas armadas tuvieran algo que ver con la investigación de ovnis, y les sugirieron acudir a la policía. Concurrieron entonces a la oficina del sheriff Fred Diamond, quien desconfió de la historia pensando que estaban alcoholizados. Sin embargo, Diamond hizo colocar un micrófono oculto en la oficina y dejó solos a los dos amigos durante un largo rato. Y en la grabación que obtuvo, conocida luego como la “cinta secreta” Hickson y Parker se mantienen en su historia. El sheriff declaró luego que ambos parecían sinceros y realmente asustados.

En octubre de 2001, el oficial de marina retirado Mike Cataldo confesó que, junto a sus amigos Ted Peralta y Mack Hanna, había avistado un ovni el mismo día y en la misma zona de la supuesta abducción de Parker y Hickson.

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El Ave Fénix

El Ave Fenix

El Ave Fenix

Cuenta un antiguo mito griego que el Fénix era un ave fuerte y poderosa, del tamaño de un águila. Vivía en medio oriente, entre la India y Egipto. Su deslumbrante plumaje era amarillo, azul y rojo y brillaba con el resplandor del fuego.  Pero lo que lo convirtió en leyenda no fue su belleza sino su capacidad de renacer una y otra vez de sus cenizas. El Fénix era inmortal. Cada 500 años se consumía a través de una hoguera de la que emergía nuevamente, joven y fuerte. Se le atribuían también numerosos dones, como el de curar con sus lágrimas.

Aunque claro, nadie había visto jamás uno. Algunas crónicas citan que en tiempos del emperador Claudio se corrió el rumor de que un auténtico Fénix había sido capturado en Egipto. Muy pocos lo creyeron.

La tradición cristiana retoma este mito ubicándolo en el Paraíso Terrenal. Según esta versión, el ángel que expulsó a Adán y Eva del Edén lo hizo blandiendo una espada de la que brotaban chispas, y una de estas chispas prendió en el rosal donde anidaba el Fénix, consumiendo al ave y a su nido. Pero por haber sido el único animal que se había negado a probar la fruta prohibida, Dios lo recompensó concediéndole numerosos dones. Entre ellos, la capacidad de renacer de sus cenizas.

Según San Ambrosio, el Fénix  se consume bajo la luz del sol, y no resurge con aspecto adulto sino como una larva que se refugia en un huevo hecho de ramas, incienso y mirra hasta que emerge para surcar los cielos con su majestuosa belleza. Esta interpretación está emparentada con la de algunos estudiosos griegos, como Heródoto, Epifanio o Plinio el Viejo. Estos autores explicaban que el cuerpo del Fénix, al descomponerse tras su muerte, generaba una larva que al crecer lo suficiente transportaba el cadáver de su padre hasta Heliópolis (antiguo Egipto) y lo depositaba en el altar del templo del sol. Según los registros del templo, el ritual se repetía con exactitud cada 500 años.

Pero más allá de sus diferentes versiones, algo es seguro: el mito del Fénix dice mucho sobre la trágica esperanza humana de creer que la inmortalidad, es posible.

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Malinche

Malinche

Malinche

Uno de los personajes más controvertidos de la Historia americana, Malinalli, llamada luego Malinche por los españoles, nació en 1502 en Coatzacoalcos, actual Veracruz. Era hija de una noble familia azteca, pero a la muerte de su padre su madre volvió a casarse y la vendió como esclava, aún niña, a un cacique de Tabasco.

En la casa de sus amos aprendió la lengua maya. En 1519, Malinalli fue obsequiada junto a otras veinte muchachas a Hernán Cortés, recién llegado a América. La muchacha aprendió rápidamente la lengua de los conquistadores que, al descubrir que también manejaba las dos lenguas del Imperio Mexica, le encomendaron la misión de transmitir sus mensajes a los indígenas. Fue así que se convirtió en un personaje polémico. Para algunos, su intervención evitó matanzas y crueldades mayores.

Para otros, en cambio, traicionó a su pueblo por amor a Hernán Cortés, de quien se había convertido en consejera y amante. Pero nunca sabremos si amó realmente a Cortés. O si Cortés la amó a ella.

El conquistador se llevó a España a Martín, el hijo que Malinche le había dado, y volvió a América casado con una dama de la alta sociedad española. Malinche fue entregada en matrimonio a Juan Jaramillo, uno de los hombres de confianza de Cortés, con quien tuvo una hija. Al hijo que había tenido con Cortés, uno de los primeros mestizos que dio la conquista, no volvería a verlo más que en contadas ocasiones.

Malinche murió muy joven, en 1529. Sus motivaciones para ayudar a los españoles en la conquista de su tierra permanecen en el misterio. Aunque se sabe que colaboró activamente en la evangelización de sus hermanos, deseosa de desterrar las prácticas de canibalismo y sacrificios humanos tan usuales en la religión azteca.

Algunos dicen que Malinche es la famosa Llorona que vaga por la Ciudad de México, lamentándose por haber traicionado a sus hermanos indígenas.

Hernán Cortés, tal vez su gran amor, tal vez su victimario, la hizo bautizar en la fe católica como Marina, y llamó al hijo de ambos Martín. Dos nombres que, con el fuerte sonido de la letra erre, Malinche, que tantas lenguas hablaba, no era capaz de pronunciar.

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Juan de Aragón y Castilla, el que no murió de amor.

El infante Don Juan de Aragón

El infante Don Juan de Aragón

El infante Don Juan de Aragón fue el único hijo varón de los Reyes Católicos, Fernando de Aragón e Isabel de Castilla. Nació en Sevilla el 30 de junio de 1478. Según dictaban las normas de la corte castellana, el rey Don Fernando designó varios testigos para que presenciaran el parto y disipasen cualquier duda acerca de que el hijo fuese de la reina.

En 1492, Cristóbal Colón bautizó Isla Juana a la actual Cuba en honor al infante, por entonces heredero de la corona.

Pero las leyendas alrededor de Juan comienzan a tejerse en 1497, año de su boda con la archiduquesa Margarita de Austria. En un arreglo común entre las altas casas reales de la época, los Reyes Católicos acuerdan la doble boda de Juan y su hermana Juana con los dos hijos del emperador del Sacro Imperio Romano Germánico, Margarita y Felipe.

En abril de 1497, meses después de la partida de Juana a la corte de Flandes, Margarita llega a España y la boda se celebra de inmediato. La pareja pronto se convertirá en el comentario de toda la corte. Se dice que están poseídos por una locura de amor y no abandonan el lecho conyugal ni por un instante.

Algunos opinan que el heredero está trastornado de amor por Margarita. Otros que su madre, con su rígida disciplina religiosa, lo ha obligado a permanecer virgen hasta el matrimonio, y que el muchacho está entonces “poniéndose al día” de la forma más frenética.

Apenas seis meses después de la boda, Juan muere, y los rumores crecen. Se dice que el príncipe, de apenas 19 años, murió por amor. O mejor dicho, por exceso de amor. Margarita, embarazada, da a luz una niña que muere en el parto. Los Reyes Católicos mandan construir para su hijo en el Real Monasterio de Santo Tomás un hermoso sepulcro de mármol que lo representa yacente. A causa de la leyenda en torno al príncipe, las muchachas se acercan a la tumba a pedirle que traiga el amor a sus vidas, y besan sus labios. La costumbre se mantiene aún hoy, aunque el sepulcro fue profanado durante la Guerra de la Independencia y se desconoce qué sucedió con el cuerpo. Los labios de la estatua están visiblemente gastados. Poco importa que se haya conseguido establecer que la verdadera causa de la muerte de Juan fue la tuberculosis. Siempre puede más una leyenda de amor.

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