Archive for category Asesinos y crimen

Selena, la reina del tejano

Selena Quintanilla Perez

Selena Quintanilla Perez

Selena Quintanilla parecía tenerlo todo. Joven, bella, millonaria y carismática, la muchacha nacida en Estados Unidos de padres mexicanos había logrado trascender su humilde origen para convertirse en la estrella indiscutida de la música tejana. Reina absoluta en México y entre la comunidad latina de los Estados Unidos, Selena encaró en 1995 un proyecto aún más ambicioso. Decidida a convertirse en  una estrella internacional, se rodeó de prestigiosos productores para grabar su primer trabajo en inglés. El álbum, según lo previsto, se lanzaría en julio de ese año.

Selena nunca llegaría a verlo.

A principios de 1994, Selena había cumplido otro de sus sueños inaugurando en Texas una boutique con diseños de su autoría. La dirección del lugar había sido confiada a Yolanda Saldívar, asistente personal de la cantante y presidente de su club de fans. Pronto la familia Quintanilla descubriría fugas de dinero y otros manejos turbios en la administración de Saldívar. Y aunque Selena confiaba en su asistente, las pruebas en su contra fueron tales que, entristecida, accedió a despedirla a fines de ese mismo año.

En marzo de 1995, la estrella se comunicó con Saldívar para solicitarle una documentación de la empresa con la que la mujer se había quedado. Yolanda prometió entregársela, y la citó para ello en el hotel donde vivía. Pero en la mañana del 31 de marzo, a solas con la cantante en su habitación, se negó a devolverle los papeles. Las mucamas del hotel escucharon entonces una violenta discusión. Poco después, se oía un disparo y Selena, bañada en sangre, corría pidiendo auxilio perseguida por su ex asistente. Trasladada de urgencia al hospital más cercano, poco pudieron hacer los médicos por la joven estrella, que se desangraba incontrolablemente. Murió menos de una hora después del ataque. Apenas tenía 23 años.

Yolanda Saldívar se encerró en su camioneta y amenazó con dispararse en la cabeza. Tras algunas horas de tensión, fue capturada y acusada de homicidio. Meses más tarde fue condenada a prisión perpetua. Se encuentra en confinamiento solitario: sus compañeras de pabellón intentaron matarla varias veces por haber asesinado a su ídola.

Días antes de su muerte, el 26 de febrero, Selena había dado su último concierto en el Houston Astrodome de Texas. La concurrencia de 60 000 personas continúa siendo récord para ese estadio. Aún hoy, Selena es una estrella admirada y recordada. Muchos de sus fans nunca la vieron cantar en vivo, o incluso ni siquiera habían nacido cuando fue asesinada.

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El Chacal de Nahueltoro

El Chacal de Nahueltoro

El Chacal de Nahueltoro

Jorge del Carmen Valenzuela Torres, nacido en 1922 en San Fabián de Alico, Chile y rebautizado por la opinión pública como “El Chacal de Nahueltoro”, es sin lugar a dudas uno de los protagonistas más célebres de las crónicas rojas de ese país.

De condición extremadamente humilde, alcohólico, Valenzuela vagaba en busca de trabajo cuando en el pueblo de Nahueltoro se enamoró de Rosa Rivas, cocinera del fundo Moticura, viuda y madre de 5 pequeños, quien lo llevó a vivir con ella. Pero el alcoholismo del hombre desagradó al patrón del fundo, que despidió a Rivas. La familia entera tuvo que trasladarse entonces a la orilla del río Ñuble, donde vivían apenas amparados por los árboles.

La mañana del 20 de agosto de 1960, Valenzuela exigió a Rivas dinero para beber, pero la mujer aún no había podido cobrar su pensión de viuda por problemas burocráticos. Se produjo entonces una terrible discusión durante la cual, en una secuencia nunca aclarada del todo, Valenzuela despedazó a su concubina con una guadaña para luego asesinar uno a uno a los 5 hijos de la mujer, a golpes y patadas. Consumada la masacre, huyó del lugar.

Alertada por el dueño del fundo Chacayal, quien descubriera los cuerpos días más tarde, la policía apresó a Valenzuela tras un mes de búsqueda, y lo condujo a la cárcel de Chillán. Allí, el hombre brutal que, según sus propias palabras “nunca recibió enducación de naiden”, abrazó la fe católica, aprendió a hacer guitarras y se arrepintió de sus crímenes. Sin embargo, fue condenado a muerte. La sentencia generó un intenso debate en la sociedad chilena. Muchos se preguntaban cuál era el sentido de darle a un hombre las oportunidades que nunca había tenido y rehabilitarlo, para luego matarlo de todos modos. Fue en vano. Ni siquiera la encendida defensa de Eloy Parra, sacerdote que había acompañado al “chacal” en su conversión a la fe, logró que el entonces presidente de Chile, Jorge Alessandri, le concediera el indulto. El “Chacal de Nahueltoro” fue fusilado por un pelotón de carabineros 32 meses después de su arresto. Tenía 41 años.

La polémica generada por el caso, y el  posterior éxito de la película que recreaba los hechos, generaron un culto a la figura del “Chacal”. La gente deja pedidos y ofrendas en su tumba, y el 1 de noviembre, día de todos los santos, se celebran allí romerías en su homenaje. Para el pueblo chileno, dicen quienes lo veneran, el “Chacal” representa la posibilidad de redimirse siempre, sin importar la gravedad de los pecados cometidos.

No es poca cosa.

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La Muerte de Kurt Cobain ii

Courtney Love, la afligida viuda

Courtney Love, la afligida viuda

Muchas preguntas quedan sin respuesta. Cobain tenía tres veces la cantidad letal de heroína en su cuerpo, por lo que no era siquiera capaz de levantar el brazo, y mucho menos dispararse en la cabeza.

Hay cintas cintas grabadas en el centro donde se había internado en las que afirma que no quería quitarse la vida sino mejorarla.

Su viuda tampoco parecía muy aflijida. Eldon Hoke, amante de Courtney Love, afirmó que Love le había ofrecido 50 mil dólares en 1993 para matar a Cobain.

Si faltaba una declaración shoqueante, el padrastro de Courtney asegura que “Espero que no me maten por decir esto, pero estoy convencido de que Courtney tuvo algo que ver con la muerte de Kurt Cobain”.

Unas 23 fotos y una cinta mostrando el cadáver de Kurt desaparecieron misteriosamente. El arma supuestamente usada fue destruida. Pero el reporte policial afirma que no se habían encontrado huellas digitales en la misma. Tampoco se encontró la lapicera con la que supuestamente Kurt habría escrito su nota de suicidio.

La Policía basó el dictamen de suicidio en el testimonio del forense Nikolas Hartshorne, quien era amigo personal de Courtney.

En su “testamento” al final de todo dice: “Le dejo todo a mi esposa Courtney”… cuando él ya había declarado que quería separase de Courtney.

El reporte del forense asegura que Kurt murió el cinco de abril, pero su tarjeta de crédito fue usada dos veces con posterioridad, y su madre asegura haber recibido una llamada de Cobain, cuando éste ya se suponía estaba muerto.

Kurt Cobain ya es historia. No solo por su música que marcó un antes y un después en la historia musical del mundo, sino porque ha pasado a ser un miembro más del Club de los 27, formado por todos músicos exitosos y famosos, que murieron a la edad de 27: Brian Jones –fundador y guitarrista de los Rolling Stones-, Jimi Hendrix –tal vez el mejor guitarrista de la historia-, Janis Joplin, Jim Morrison –miembro de The Doors-, Rodigo Bueno –el popular cuartetero argentino, y la lista sigue…

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El Clan Bean


Grabado de la época que muestra las andanzas del Clan Bean

Grabado de la época que muestra las andanzas del Clan Bean

Alexander Sawney Bean nació en el siglo XVI, en la región de Lothian Este, cerca de la ciudad de Edimburgo, en Escocia. Junto a una concubina se fue a vivir a una cueva en la costa de Bannane Head. Durante veinticinco años se dedicaron a procrear a ocho hijos y seis hijas, quienes a través del incesto llegaron a tener dieciocho nietos y catorce nietas. La cueva era el escondite ideal de la sociedad. Tenía unos 200 metros de profundidad y su entrada quedaba cubierta frecuentemente por la marea, de modo que  los Bean permanecieron a salvo durante mucho tiempo.

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La forma de vida de esta familia era aterradora. Acostumbraban atacar por las noches a viajeros que pasaban por la zona. Las víctimas eran asesinadas y llevadas a la cueva, donde sus cuerpos eran devorados por los miembros de la familia. Los restos eran generalmente arrojados al mar. La marea los llevaba a la playa, para horror de los vecinos del lugar que solían encontrar las víctimas mutiladas a la orilla del mar.

Las sospechas de la gente cayeron sobre numerosos inocentes que habían sido los últimos en ver a los asesinados, y muchos terminaron linchados (atacados entre una multitud). Los vecinos de la zona jamás sospecharon que hubiera un grupo tan grande de asaltantes. No obstante, la buena suerte de los Bean terminó cuando atacaron a un matrimonio. Si bien la esposa murió en el ataque, el marido consiguió repelerlos con éxito  con su espada y su pistola, y logró mantenerlos a distancia hasta que apareció un grupo de viajantes y los Beans debieron huír.

Siendo revelada su existencia al mundo no pasó mucho tiempo hasta que se tomasen cartas en el asunto y se organizase una partida que involucro a 400 hombres, quienes luego lograron localizar la cueva del clan. Los Bean fueron atrapados, todos ellos, los más grandes y los niños también. Fueron ejecutados sin juicio alguno. A los hombres se les cortaron las manos, pies y genitales y se los dejó desangrarse hasta la muerte, a las mujeres se las dejo viendo suplicar a los hombres y luego se las quemó vivas en la hoguera.
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Aunque su sacrificio les parezca demasiado al leer esto recuerden que recibieron lo justo,  después de matar, descuartizar, mutilar y devorar a tantas victimas inocentes.

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John Wayne Gacy

John Wayne Gacy

John Wayne Gacy

La historia de John Wayne Gacy es paradigmática porque muestra que la realización de lo que se conoce como el “Sueño Americano”, no garantiza la felicidad de la persona que lo logra, ni su sanidad mental.

John Wayne Gacy había nacido en el seno de una familia de clase media, el 17 de marzo de 1942, en Chicago, Illinois. Su padre era un alcohólico que maltrataba física y verbalmente a su madre. John amaba, sin embargo, a su padre, y una de las grandes frustraciones de su vida fue que él nunca llegó a devolverle ese amor.

Era un niño –fuera del tema de su padre- con una niñez normal. En la escuela no era mal estudiante, y si bien no era muy popular, tenía amigos en los Boys Scouts.

John siempre tuvo múltiples ocupaciones entre el trabajo (repartía periódicos desde muy temprana edad) y sus estudios. Hacia los 11 años recibe un golpe en la cabeza con un palo, en el que muchos quieren ver el origen de sus trastornos psiquiátricos. El golpe causó un coágulo, que recién fue descubierto varios años después. El coágulo causaba súbitos desmayos y dolores de cabeza en la nuca, que lo atormentarían toda su vida.

De joven probó suerte en Las Vegas, donde estuvo viviendo por un tiempo, gracias a trabajos de poca monta. Vuelve a Chicago, y decide estudiar en la escuela de negocios, donde obtiene un título.

En 1964 su futuro de bienestar parecía sellado, cuando se casa con Marlynn Myers, hija del dueño de la franquicia de Kentucky Fried Chickens. Muy pronto estuvo a cargo de un restaurant de la franquicia, y las cosas parecía que no podrían ir mejor. John dedicaba gran parte de su tiempo a realizar acciones de interés comunitario, vistiéndose de payaso en muchos eventos de caridad. En una ocasión fue nombrado “Hombre del Año”.

Pero, en 1968 sus instintos lo traicionan. Es sentenciado a 10 años por sodomía cuando un joven lo acusa haberlo violado, luego de haberlo engañado. Así lo secuestra en una ocasión que el joven va a su casa, lo ata, y lo sodomiza.

Luego de dos años es liberado por buena conducta. Mientras estaba en la cárcel, su esposa se divorcia de él, por haber roto los votos matrimoniales.

Con la ayuda de su familia, se compra una casa en los suburbios, y empieza una empresa constructora. También contrae matrimonio con una muchacha a quien había conocido en la escuela secundaria. Ella tenía dos hijos de un matrimonio anterior, y, si bien sabía del pasado de John, creía que estaba lo suficientemente reformado como para darle una nueva oportunidad.

John se forja nuevamente un lugar destacado en su comunidad, cosa que amaba, pues adoraba la exposición, y el ocupar un lugar destacado en la sociedad. Sus reuniones y cenas que da en su casa son muy comentadas, verdaderos eventos. Algunos de sus invitados notan un mal olor. Él dice que los cimientos de la casa tienen un problema de hongos.

No es difícil darse cuenta de qué se trata el olor nauseabundo. Cuando los jóvenes locales empiezan a desaparecer, la policía, que conocía su pasado, sabe exactamente dónde buscar.

Al principio, no ven los cuerpos, pero el 22 de diciembre de 1978 John Wayne Gacy, en compañía de sus abogados, confiesa los crímenes.

De la casa se recuperan 28 cuerpos, de jóvenes y niños de entre 9 y 20 años. Él había confesado 33 asesinatos, y dijo que los otros cinco los había tirado al río Des Plaines. Posteriormente, la policía logra recuperar todos los cuerpos.

John Wayne Gacy es sentenciado a muerte, y la sentencia ejecutada el 10 de mayo de 1994, por inyección letal. Sus últimas palabras a un guardiacarcel fueron “Puedes besarme el trasero, nunca les diré donde está el resto”.

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La Muertas de Juárez

Las muertas de Juárez, ¿hasta cuándo?

Las muertas de Juárez, ¿hasta cuándo?

La nota podría titularse “Un Hostel en la ciudad de Juárez”, parafraseando a la popular saga de películas que narran acerca de un club donde los interesados se reúnen a masacrar, torturar y matar turistas por placer, con la diferencia que en este caso, no son turistas, son las mismas hijas de Juárez las que lo padecen. La cifra es espeluznante. Se habla de más de1060 casos en 14 años, aunque esta cifra nunca será del todo exacta, debido a los muchos asesinatos que pudieron haber ocurrido, de los cuales nunca tendremos noticia.

Todo ocurrió –y sigue ocurriendo- en la Ciudad Juárez, en el estado de Chihuahua, México, ciudad de unos cuatro millones de habitantes. En el 2009 se reportaron 388 mujeres y niñas asesinadas. La primera fue Alma Chavira Farel, allá por 1993, tan sólo una niña. Las edades de estos asesinatos oscilan entre los 10 y los 35 años.

Las historias son todas similarmente brutales, desgarradoras. Tanto las niñas como las mujeres son encontradas sin vida, luego de haber sido terriblemente torturadas y vejadas, a veces con signos de haberlo sido por varios días. Muchos cuerpos ni siquiera aparecen, o los restos son encontrados muchos años después, por desprevenidos transeúntes.

Ni la colaboración del FBI ha podido esclarecer estos casos. Es increíble que tantos años después, tantos cadáveres con restos forenses de por medio, no se haya podido llegar a ninguna conclusión al respecto.

Los crímenes siguen impunes al día de hoy.  Amnesty International sigue el tema de cerca. Lamentablemente, la presidenta de la seccional de México de esta entidad ha concluido que de nada ha servido que se haya creado la Fiscalía Especializada de Delitos contra la Vida, porque no hay resultados, ni medidas que garanticen la protección.

Con semejante nivel de impunidad, nos preguntamos, cuál es el límite para la ineficiencia de los investigadores a cargo. Podemos pensar en dos situaciones posibles: o estamos ante una super mente maestra de la criminalidad y el horror, capaz de llevar a cabo más de mil abducciones y asesinatos, y no dejar ni una huella, ni un rastro, ni una pista, ni un vestigio de nada. O, por el contrario, la ineptitud de quienes deben investigar es supina. También cabría una tercera posibilidad: que los intereses creados, supuestas lealtades políticas o ansias de encubrimiento sean demasiado grandes como para permitir que algún día se encuentre a algún culpable.

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Motivación de los asesinos seriales

Daño cerebral de la mayoría de los asesinos seriales

Daño cerebral de la mayoría de los asesinos seriales

A menudo leemos las historias de asesinos seriales y nos preguntamos ¿qué es lo que realmente los motiva? Del estudio de los perfiles es posible concluir que generalmente los asesinos suelen quedar traumados desde niños por algún tipo de acontecimiento sexual o psicológico, que hayan vivido en si vida familiar, sobre todo en la relación con sus padres. Desde niños se puede ver lo torturado de sus mentes. Suelen provocar incendios o disfrutan torturando y maltratando animales de todo tipo. Recientes estudios demostraron que el 95% de los asesinos seriales presentan daño en la parte frontal del cerebro. Este tipo de lesión los hace generalmente más agresivos y más intelectuales que el nivel promedio.

Los delirios detrás de los asesinatos sólo sirven para justificar el extremo placer que sienten al quitar la vida de un semejante y producir dolor más allá de niveles imaginables. Algunos dicen ser enviados de algún dios, mientras que otros niegan la existencia de un Creador.

Los patrones de conducta de los asesinos seriales pueden ser clasificados en asesinos organizados y desorganizados. Tres cuartas partes de estos criminales son asesinos organizados y presentan un coeficiente intelectual mucho más alto que el promedio, lo que hace que se sienten superiores a los demás. La mayoría pose apariencias físicas normales e incluso atractivas.

Es común que este tipo de criminal mantenga una doble vida por mucho tiempo, incluso años, siendo padres de familia, esposos y ciudadanos normales. Ante sus vecinos y conocidos son personas totalmente normales, inclusive ante su familia, esposa e hijos, quienes en gran cantidad de los casos desconocen totalmente las “aficiones” de su familiar.

El resto de los asesinos pueden ser clasificados como desorganizados. Este grupo actúa por impulsos repentinos, y sus actos suelen ser consecuencia de antiguas frustraciones. El acto criminal es consecuencia de su incapacidad de mediatizar estas frustraciones tempranas de su vida, y buscan el placer instantáneo e intenso que les produce matar. De alguna manera, se trata del mismo mecanismo que se registra en los adictos, o los jugadores compulsivos. Tienen un bajo nivel intelectual y su comportamiento es relajado ante los demás. Ambos grupos de asesinos, los organizados y los desorganizados, muestran una perturbadora incapacidad de sentir culpa, o remordimiento por sus crímenes.

¿Quién sabe si ese simpático extraño que nos encontramos en el bus o en la calle no es en realidad un monstruo encubierto? ¿O quizás ese vecino que saludamos regularmente? ¿Puede usted asegurarlo?

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¿Quién era Jack en realidad?

¿Quién es Jack?

¿Quién es Jack?

Nunca se pudo saber con exactitud quién era Jack, debido en parte a las burdas técnicas de investigación forense del momento, y también se especula que se quiso ocultar al verdadero autor, Alberto, Duque de Clarence, miembro de la familia real.

En la década del noventa, se encontró un pequeño reloj de oro, con la leyenda “Yo soy Jack” y las iniciales de las víctimas: MN, AC, ES, CE, MK. También fue hallado un diario donde se describía en detalle los crímenes. El nombre del autor:  James Maybrick, un prominente comisionario algodonero de Liverpool. Se dijo en un primer momento que estos objetos eran un fraude. Pero análisis posteriores realizados con microscopio electrónico, y otros modernos métodos de investigación revelaron que el reloj podría haber sido de la época en que Jack azotaba la noche londinense.

Otro sospechoso que tiene muchos puntos a su favor es  Montague John Druitt un abogado, tenista y maestro de escuela. Montague se suicidó inmediatamente luego del asesinato de la última víctima, y los crímenes cesaron. Su familia estaba convencida que de el bueno de Montague era Jack. Ya en la época era considerado un firme sospechoso, y  aparece mencionado en el Memorados Macnaghten, un libro escrito en 1889, por Sir. Melville Macnaghten, quien estaba a cargo oficialmente de la investigación. El cuerpo de Montague apareció flotando en el río Támesis, en avanzado estado de descomposición. Si su familia estaba tan convencida de que era el asesino, cabe la pregunta ¿suicidio o asesinato, en un intento de terminar con esta carrera de muerte y horror? Ciertamente tuvo éxito, porque los asesinatos cesaron. Por otro lado, es improbable que un verdadero asesino serial se suicide, ya que se trata por lo general de una personalidad extremadamente narcisista y egocéntrica. El suicidio no es opción.

En 2006 se realizó un análisis de ADN a una de las supuestas cartas que Jack había enviado, y se llegó a la conclusión de que era una mujer. Se comenzó a hablar de Jill, la destripadora. Pero también podría haber escrito la carta con sus manos manchadas con sangre de una de sus víctimas. También se duda, porque no se corresponde con el perfil de los asesinos seriales el que sea una mujer. En definitiva, una información que no ayudó a esclarecer el caso.

Otro sospechoso fue Walter Richard Sickert (1860-1942), quien era un pintor de origen alemán. La acusación se basa en que hay gran número de evidencias que apuntan a Sickert. Patricia Cornwell, una investigadora lo declara el asesino sin discusión en un libro intitulado “Retrato de un asesino. Jack el Destripador: caso cerrado”. Pero, es extraño,  o al menos inusual que un asesino serial de estas características pare porque sí. En general las ansias de matar van in crescendo, y nada, salvo la muerte o la cárcel, lo hacen detenerse.

Otra teoría seria le atribuye los asesinatos a Melville Macnaghten (1853-1921). Melville era investigador de Scotland Yard, y, se supone que cometió los asesinatos para obligar a su jefe a dimitir. Cuando Melville fue puesto a cargo de la investigación, los asesinatos misteriosamente cesaron. También se dice que la letra de Melville era igual a las de las misivas de Jack, especialmente cuando escribe “Querido Jefe”. Nuevamente, inusual actitud para un asesino serial.

La última teoría, desarrollada en 1997 por Trevor Marriott, ex investigador de Scotland Yard, apunta a que Jack era en realidad un marino, que había llegado a Londres en el barco “Sylph”, un carguero de 600 toneladas. El barco había tocado puerto en Londres procedente de las islas Barbados en julio de 1888, justo un mes antes del asesinato de la primera víctima, y había zarpado hacia Managua (Nicaragua) dos semanas después del asesinato de la última víctima.

En Managua, justamente, se produce una serie de homicidios brutales similares a los de Jack que dejaron perplejos a los investigadores. De hecho, se especulaba en los diarios de ese entonces, que en realidad fuera Jack.

Las coincidencias siguen: el 17 de julio de 1889, Alice McKenzie, otra prostituta, aparece muerta de igual forma en Londres. Más tarde, en octubre de ese mismo año, en Hamburgo, otro puerto muy frecuentado por marinos, es escenario de otro crimen similar.

En definitiva, los años han pasado. Las técnicas de investigación forense han mejorado de manera astronómica. Pero la verdadera identidad de Jack sigue siendo tan misteriosa como en 1888. Tal vez sea esta aura de misterio la que ha marcado a fuego los atroces crímenes de Jack en la memoria de la humanidad.

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Jack el destripador

Carta de Jack el Destripador

Carta de Jack el Destripador

Segunda mitad del año 1888. Plena sociedad victoriana en Londres. Todavía era una época en que se conserva cierta ingenuidad por parte del ciudadano común. De repente, los cadáveres descuartizados de pobres prostitutas empezaron a acumularse en el barrio bajo de Whitechappel, un suburbio frecuentado por las clases más bajas de la ciudad.

Las características comunes de los asesinatos eran las siguiente: mujeres, prostitutas, a veces ocasionales, que aparecían con la garganta degollada de izquierda a derecha, y todas mutiladas. La parte favorita de Jack era el abdomen, aunque no se privaba de otras partes del cuerpo. Lo primero que hacía era agarrarlas por detrás y con un certero corte de izquierda a derecha las silenciaba, para siempre. A partir de ese momento, estaban a su más completa merced, para que se “divirtiera” como él más quisiera. A muchas les sacaba el útero, y otros órganos internos. Pero la manera en que lo  hacía era como la de alguien que tenía conocimientos y herramientas de un médico, o alguien avezado en anatomía humana. Las víctimas fueron Mary Ann Nichols (de 43 años), Annie Chapman (de 47), Elizabeth Stride (de 45), Catherine Eddowes (de 46), y Mary Jane Kelly (de 25, su víctima más joven).

El nombre Jack se lo dio el mismo, supuestamente, en una misiva que envió el 27 de septiembre de 1988, a la Agencia Estatal de Noticias. Como a muchos otros asesinos seriales, a Jack le gustaba la publicidad, y burlarse abiertamente de los policías que nunca pudieron detenerlo. En la misma podía leerse:

Querido Jefe, desde hace días oigo que la policía me ha capturado, pero en realidad todavía no me han encontrado. No soporto a cierto tipo de mujeres y no dejaré de destriparlas hasta que haya terminado con ellas. El último es un magnífico trabajo, a la dama en cuestión no le dio tiempo a gritar. Me gusta mi trabajo y estoy ansioso de empezar de nuevo, pronto tendrá noticias mías y de mi gracioso jueguecito…

Firmado: Jack el Destripador

La ironía, el sadismo y la diversión que este “jueguecito” le producía es el común denominador de los asesinos seriales. Es increíble cómo, con matices, el mismo comportamiento se repite a través de los siglos de la historia forense: Zodíaco, Charles Manson, Landrú.

Muchos investigadores, a lo largo de los años, se han abocado a descubrir la identidad de Jack, llegando a considerarse el tema prácticamente como un objeto de culto. La realidad es que Jack jugó su “gracioso jueguecito” hasta cuando tuvo ganas, y nunca nadie pudo impedírselo.

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José María Jarabo II

Jarabo, al momento de ser detenido

Jarabo, al momento de ser detenido

La masacre comienza. Jarabo toca la puerta, diciendo que es amigo de Fernández. Lo atiende la doméstica, y lo deja esperando en la sala, mientras ella vuelve a la cocina a preparar la cena familiar. Jarabo toma una plancha, que se encuentra en una mesa cercana, y le asesta un certero golpe. Mientras la mujer estaba grogui, le mete una certera puñalada con un cuchillo que toma de la cocina, que le parte el corazón en dos. Jarabo, a pesar de la enorme cantidad de sangre que emana de la víctima, esconde el cadáver.

Es el turno del prestamista. Llega Emilio Fernández. Jarabo no le da chance de nada, le mete un tiro en la nuca, y Fernández queda tirado en el baño, entre la pileta y el bidet.

Ahora le toca a Amparo Alonso, la mujer. Llega a la casa, y se encuentra con Jarabo, Mentira tras mentira, Jarabo le dice que es inspector de Hacienda, y que Emilio y Paulina, la doméstica, han sido enviados a la central para aclarar un asunto de tráfico de divisas. Amparo desconfía. De repente, se da cuenta de que su aspecto es muy extraño. De un salto, corre por la casa, tratando de escapar. Jarabo la atrapó en su dormitorio, y le disparó en la nuca. Amparo estaba embarazada.

Jarabo, en su locura, da vuelta la casa buscando la dichosa sortija y la carta, pero no encuentra ninguna de las dos. Frustrado, se va. Cena, va al cine, y después se va a dormir a una pensión. Al otro día lleva el traje manchado de sangre a la tintorería. Ese fue el primero de sus muchos errores.

Era viernes. El va por el socio de Emilio Fernández, Felix López Robledo. Lo espera en la puerta del negocio. Sin decir agua va, le disparó dos tiros en la nuca, muriendo éste en el acto. Entró en la tienda e hizo un registro completo sin encontrar la joya ni la carta.

Llegó el fin de Jarabo. A la mañana del martes 22 de julio la policía lo detuvo en la puerta de la tintorería.

En 1959 es juzgado, y encontrado culpable. Se lo sentencia a muerte por el garrote vil, una especie de prensa con un largo tornillo que apretaba el cuello del condenado hasta que su cuello se partía. Jarabo, dado su fortaleza y la debilidad del verdugo, tomó largo rato en morir. Fue el último preso en morir por este método, el 4 de Julio de 1959.

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