Archive for category Asesinos y crimen

José María Jarabo II

Jarabo, al momento de ser detenido

Jarabo, al momento de ser detenido

La masacre comienza. Jarabo toca la puerta, diciendo que es amigo de Fernández. Lo atiende la doméstica, y lo deja esperando en la sala, mientras ella vuelve a la cocina a preparar la cena familiar. Jarabo toma una plancha, que se encuentra en una mesa cercana, y le asesta un certero golpe. Mientras la mujer estaba grogui, le mete una certera puñalada con un cuchillo que toma de la cocina, que le parte el corazón en dos. Jarabo, a pesar de la enorme cantidad de sangre que emana de la víctima, esconde el cadáver.

Es el turno del prestamista. Llega Emilio Fernández. Jarabo no le da chance de nada, le mete un tiro en la nuca, y Fernández queda tirado en el baño, entre la pileta y el bidet.

Ahora le toca a Amparo Alonso, la mujer. Llega a la casa, y se encuentra con Jarabo, Mentira tras mentira, Jarabo le dice que es inspector de Hacienda, y que Emilio y Paulina, la doméstica, han sido enviados a la central para aclarar un asunto de tráfico de divisas. Amparo desconfía. De repente, se da cuenta de que su aspecto es muy extraño. De un salto, corre por la casa, tratando de escapar. Jarabo la atrapó en su dormitorio, y le disparó en la nuca. Amparo estaba embarazada.

Jarabo, en su locura, da vuelta la casa buscando la dichosa sortija y la carta, pero no encuentra ninguna de las dos. Frustrado, se va. Cena, va al cine, y después se va a dormir a una pensión. Al otro día lleva el traje manchado de sangre a la tintorería. Ese fue el primero de sus muchos errores.

Era viernes. El va por el socio de Emilio Fernández, Felix López Robledo. Lo espera en la puerta del negocio. Sin decir agua va, le disparó dos tiros en la nuca, muriendo éste en el acto. Entró en la tienda e hizo un registro completo sin encontrar la joya ni la carta.

Llegó el fin de Jarabo. A la mañana del martes 22 de julio la policía lo detuvo en la puerta de la tintorería.

En 1959 es juzgado, y encontrado culpable. Se lo sentencia a muerte por el garrote vil, una especie de prensa con un largo tornillo que apretaba el cuello del condenado hasta que su cuello se partía. Jarabo, dado su fortaleza y la debilidad del verdugo, tomó largo rato en morir. Fue el último preso en morir por este método, el 4 de Julio de 1959.

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José María Jarabo I

Un joven José María Jarabo

Un joven José María Jarabo

José María Manuel Pablo de la Cruz Jarabo Pérez Morris, tal el nombre completo de un hombre que vivió su vida sin respetar ningún límite social, y terminó cometiendo el peor de los crímenes, a tono con la manera en que había sido siempre su carácter, y su forma de vida.

España, 1958, época del nacimiento de los medios de comunicación masivos. En Madrid, un hombre de 33 años toma un jerez, alrededor de las nueve de la mañana, como desayuno, mientras lee el periódico. A simple vista uno pensaría en un hombre de negocios o un dandy. En realidad, se trata de un cruel asesino a sangre fría, que no dudó en matar por el más miserable de los motivos: mantener su estátus.

Jarabo era un mantenido por su madre. Todos los meses, puntualmente, le enviaba una suculenta suma de dinero. Al ritmo de vida que Jarabo estaba acostumbrado a hacer, sólo le alcanzaba para unos pocos días: mujeres, apuestas, alcohol y drogas eran sus hábitos regulares.

En poco tiempo, Jarabo se vio obligado a hipotecar la preciosa mansión de la familia en Madrid  para mantener sus vicios. En pocos meses, el dinero se había evaporado. Las deudas, entonces comenzaron a acumularse. En un año gastó quince millones de pesetas, que para tener una idea de lo que es en términos de valor, un coche cero kilómetro del momento costaba 66.000 pesetas. Es un señorito en tiempos de crisis, un dandy que disfruta de un tren de vida muy por encima de sus posibilidades. No tiene trabajo, pero se acostumbra a vivir como un rey. Es lógico que semejantes costumbres no pueden durar.

Una rica mujer inglesa, casada ella, Beryl Martin Jones, cometió el terrible error de enamorarse de este criminal. Envuelta en sus mentiras, y enceguecida por el amor, Beryl le da una costosa sortija de diamantes que Jarabo empeña inmediatamente, para continuar con sus costumbres.

A los pocos meses, la mujer ve como su matrimonio va barranca abajo. Deseosa de reconstruir la relación con su marido, primero le pide, luego le exige y le demanda a Jarabo que le devuelva la sortija. Jarabo inventa mil excusas, hasta que se da cuenta de que la situación no da para más. La mujer, desesperada, envía una carta a la casa de empeño, diciendo que ella es la legítima dueña de la joya y que quería que se la devuelvan.

Jarabo, desesperado, toma la peor decisión. Munido de una pistola Browning FN del calibre 7,65 de fabricación belga se dirige en la noche del 19 de julio de 1958 a la casa de Emilio Fernández, uno de los dos socios prestamistas que tienen el anillo deseado en su casa de empeños.

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El padrino de Matamoros

Adolfo de Jesús Constanzo

Adolfo de Jesús Constanzo

Adolfo de Jesús Constanzo era el nombre real de este temible asesino serial. Una de las características que muchos matadores seriales comparten es poseer una inspiración religiosa o mística para sus horribles matanzas. Esto responde mayormente a un tipo de mecanismo de defensa, que trata de proyectar en algo externo (Dios, las voces de mi cabeza, el Demonio, etc.) la responsabilidad por tales atroces actos. Y el caso de Constanzo no era excepción.

Nacido el 1º de noviembre de 1962 en Miami, de pequeño de mudó a San Juan de Puerto Rico. Su madre  era una inmigrante cubana- había enviudado, y había tenido tres hijos de tres padres diferentes. Constanzo fue bautizado como católico, pero ya de pequeño mamó la religión satanista Palo Mayombe. Este culto había sido desarrollado por esclavos africanos negros que se habían establecido en Cuba. Esta creencia veneraba a los espíritus y creía en la existencia de poderes sobrenaturales. Era común para sus practicantes practicar técnicas adivinatorias, para lo cual usan conchas o discos de varios materiales, frecuentemente cascaras duras de coco. Así, Constanzo se crió sumergido en estas creencias, que sin duda moldearían su carácter criminal.

En 1972 la familia regresa a Miami, pero no tiene una infancia muy normal. Tanto él como su madre son acusados en varias oportunidades de crímenes menores –pequeños robos y vandalismo. Si bien termina la escuela secundaria, luego es expulsado del colegio. Su madre estaba convencida de que Constanzo tenía poderes psíquicos.

Más adelante se hace sacerdote del rito Palo Mayombé. Pero en realidad su verdadera vocación era ser un estafador y narcotraficante, labores que desempeñaba con regularidad.

Constanzo visita la ciudad de México, y mientras tanto sobrevive tirando las cartas del tarot. Allí se granjea la lealtad de dos jóvenes, Martín Quintana Ramírez y Omar Orea Ochoa, quienes en realidad eran sus sirvientes, y sus esclavos sexuales. Todas las condiciones están dadas, como en el devenir de muchos otros asesinos seriales, para comenzar una carrera de masacres y sangre. El denominador común es rodearse de un séquito que los alabe y los adore sin condiciones.

Así, Constanzo crea un culto, asentado en la región de Matamoros, que recluta principalmente narcotraficantes, vendía drogas y realizaba rituales satánicos. Las primeras víctimas no tardarían en venir. La idea era usar a las víctimas como sacrificios humanos. Los rituales, mediante los cuales prometía a sus seguidores poderes sobrenaturales, como ser inmunes a las balas, o poder de invisibilidad, consistían en sacrificar víctimas, preferentemente de raza blanca, ya que se creía que el blanco era más permeable que otras razas, y hacer en un caldero una especie de sopa con la sangre, el cerebro y otras partes mutiladas de las víctimas. Entonces, todos tomaban un trago de eso.

Mark Kilroy, un americano de 21 años desaparecería en la zona de Matamoros, dejando a la policía local bastante perpleja, en cuanto a la causa de su desaparición. Este fue el principio del fin, para Constanzo. Las autoridades de Texas, de donde era oriundo Kilroy, presionaron, y la policía descubre la existencia de la secta, y pronto hacen los primeros arrestos.

Asediado por la policía, Constanzo ve que no tiene escapatoria. Es rodeado por efectivos policiales en un departamento de la ciudad de México. Cuando ve que no tiene escapatoria, le pide a uno de sus seguidores que le dispare, y luego este se suicida también.

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Gary Leon Ridgway


Gary Leon Ridgway

Gary Leon Ridgway

Por ese nombre, tal vez no lo recuerden. Pero si digo que es el Asesino del Río Verde, tal vez suene más familiar.

Nacido en 1949, en Salt Lake City, en 2001 fue arrestado por la policía. Y fue una cosa muy buena que esto sucediera, porque de esta manera se pudo poner fin a la carrera criminal de uno de los asesinos seriales más sanguinarios de los Estados Unidos.

A medida que pasaban los años, el número de casos en su contra fue creciendo de manera espeluznante. En un primer momento, se lo acusó y se lo condenó de 4 asesinatos. Las pruebas eran contundentes: la nueva estrella de la criminología, el ADN, había hecho su parte. Pero a poco de estar detenido confesó 71 asesinatos.

De apariencia amistosa y sencilla, usaba la foto de su propio hijo (se había casado tres veces, había engendrado un niño), para atraer a las incautas víctimas a su pick up.

Su infancia, como la de muchos asesinos seriales, fue dura. Era el segundo hijo de Mary Rita Steinman, una mujer estricta que no dudaba en apelar a la mano de hierro para con toda su familia, especialmente para con Gary. De hecho, los testigos afirman que su madre jamás lo quiso.

Ridgway era miembro de la iglesia Pentecostal, a la que asistía con devoción. Poco a poco, fue desarrollando una desviación sexual, y una obsesión con las prostitutas. Todos sus conocidos dijeron que era una persona amistosa, pero extraña.

Los cuerpos de sus víctimas, en especial mujeres, aunque no tenía una preferencia de raza, aparecían entre la maleza del río (de ahí su nombre) desnudas, y semi descuartizadas.

Ridgway había trabajado como pintor en una fábrica de camiones, por los últimos 30 años, y ahí mismo es donde fue atrapado, a la salida del trabajo.

Desde 1982 a 1984, se identificaron los cuerpos de 42 víctimas. Pero la policía no lograba dar con el terrible asesino. Todos los cadáveres aparecieron cerca de Portland, Oregon, donde Ridgway vivía.

Sus dichos son terribles: “He asesinado tantas mujeres que me cuesta acordarme de todas ellas”, dijo en la corte, mientras era acusado dehaber asesinado a las 48 mujeres en su casa o en su camión. También confesó: “El plan era: quería asesinar a tantas mujeres que yo consideraba prostitutas como pudiera”. Creía que porque eran prostitutas jamás lo atraparían.

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Andrei Romanovich Chikatilo

Andrei Romanovich Chikatilo

Andrei Romanovich Chikatilo

El hombre trabajaba y vivía en Rostov del Don, una ciudad a 800 kilómetros de Moscú. Respetado en su comunidad, casado, y miembro del partido Comunista. Por más de 12 años llevó adelante 53 asesinatos, con mutilaciones y canibalismo, hasta que finalmente fue descubierto en 1990.

Una de las razones que demoraron su detención fue la negativa del gobierno local de ver la obra de un asesino serial como responsable de todas las muertes y desapariciones acontecidas a lo largo del tiempo.

Chikatilo decía de si mismo que era un error de la naturaleza. Y vaya que lo era. Su predilección eran los niños, a quienes mataba y en ocasiones destripaba o mutilaba, no sin antes vejarlos sexualmente.

Su hermano mayor, Stephan, había sido raptado y devorado durante los momentos de gran hambruna en Rusia, en la década del 40. De niño era sujeto de burla por parte de sus compañeros. Era terriblemente miope, pero no usó gafas hasta bien entrado los 30 años, y por esa causa se burlaban de él.

Finaliza la escuela y se recibe de maestro, en 1971. Ya a esta altura le atraían las niñas de menos de 12 años, a quienes gustaba espiar.

Chikatilo se casa, y logra dejar embarazada a su esposa, a pesar de su problema de impotencia. Chikatilo creía que la naturaleza lo había castigado, castrándolo al nacer. Como marido, era un dominado por su mujer, un asexual que hacía todo lo que ella le mandaba. Pero por dentro era “una bestia enfadada”, como se describía a sí mismo.

A los 42 años mató por primera vez a una niña de 9 años. La convence con su labia para que vaya con él a una cabaña que tenía. Chikatilo tenía una enorme facilidad para hablar con los niños y convencerlos de que hicieran lo que él quería. En la cabaña la mata a puñaladas, y descubre que la sangre de la nena lo exacerbaba hasta hacerlo llegar al orgasmo –que nunca o muy pocas veces tenía. Es en este momento fatal que descubre qué es lo que realmente le gusta en la vida: ver sufrir a las criaturas.

Así, comenzó una carrera en la que la frecuencia entre víctimas se acortaba (en 1984 asesinó 15 personas), a la vez que la violencia se incrementaba. Niños, niñas, personas con retraso mental, prostituta, todos ellos jóvenes, formaron la nutrida lista de víctimas de esta perversa bestia. A algunos de ellos nunca se los encontró.

La dificultad mayor para atrapar a Chikatilo, donde se demuestra que es un error de la naturaleza como él mismo decía, es que su sangre era tipo A, y su semen, era tipo AB. Al no existir el análisis de ADN en ese momento, esto era todo de lo que disponía la policía para atraparlo.

Fue encarcelado, y en 1992 fue sentenciado a muerte. Fue ejecutado en prisión de un tiro en la nuca el 14 de Febrero de 1994.

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La tragedia de Lockerbie

Restos de la cabina del avión

Restos de la cabina del avión

Se acercaba la navidad de 1988. Los pasajeros que habían conseguido pasaje en esa fecha tan complicada desde Heathrow (Londres) al J.F.K de Nueva York estaban muy complacidos por poder llegar a sus hogares justo antes de las fiestas. La noche presentaba un clima muy malo. Tormenta y ráfagas de 100 nudos (190 kilómetros por hora) complicaban la noche. Pero los pilotos eran muy experimentados. El avión, un Boeing 747-121 era uno de los más seguros de la industria de la aviación. Todo debería salir perfectamente, en unas tres horas y media estarían en Nueva York.

El despegue salió perfectamente. Los pasajeros empezaban a relajarse, habiendo pasado más de media hora de viaje. Las azafatas iban y venían con las bandejas con tragos, y algunos pasajeros ya se acomodaban para dormir, aunque sea un rato. La gente reía, conversaba, o miraba la negrura de la noche de tormenta que se cortaba de tanto en tanto con un relámpago. Nada más hermoso que ver el cielo desde 10.000 metros de altura, aunque sea una noche de tormenta. Todo iba como se suponía. De golpe, el silencio.

Los restos del avión quedaron diseminados en un corredor de 130 kilómetros de largo, en casi 2.200 kilómetros cuadrados. Una bomba escondida en un reproductor de cassette, dentro de una valija Samsonite había marcado el fin de 259 personas a bordo del avión, y once habitantes del pueblo de Lockerbie, en Escocia.

Lockerbie es un pequeño pueblo, enclavado en las tierras bajas de Escocia con no más de 400 habitantes. El evento del día podría ser el nacimiento de una oveja, o que algún joven local se mudara a Glasgow, la ciudad más importante, a 120 kilómetros. Una noche, como cualquier noche, un bólido formado por la cola, y las alas repletas de combustible, se desplomaron sobre el corazón del poblado. Trescientos cuarenta gramos de explosivo plástico marcaron un antes y un después en la historia del terrorismo mundial.

Dos ciudadanos libios Abdelbaset Ali Mohmed Al Megrahi, y Al Amin Khalifa Fhimah, fueron acusados por el atentado. En el juicio llevado a cabo en el Reino Unido, Al Megrahi fue absuelto, pero Fhimah fue encontrado culpable, y condenado a cadena perpetua. Sirvió su tiempo en la prisión de Greenock, hasta que fue liberado por razones humanitarias (cáncer terminal de próstata) el 20 de agosto pasado.

Libia fue sancionada por el atentado a partir de 1992. En octubre de 2002, el gobierno de Libia ofreció una compensación de unos 10 millones de dólares estadounidenses por víctima y el 15 de agosto de 2003 aceptó formalmente la responsabilidad por el atentado. El 12 de septiembre de 2003, las Naciones Unidas levantaron las sanciones contra Libia que habían durado 15 años. Pero en la memoria de la humanidad todavía está fresco la tragedia que sacudió al mundo libre. Hasta el atentado de las torres Gemelas, había sido el acto terrorista que más víctimas se había cobrado en vidas americanas.

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Harold Shipman, el médico asesino

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Harold Frederick “Fred” Shipman nacido en Nottingham (Inglaterra) el 14 de enero de 1946, conocido como el médico asesino, durante muchos años ejerció su profesión y fue un médico respetado, hasta que se descubrió que había asesinado a muchos de sus pacientes por una razón aún hoy inexplicable esta es su historia:

En 1963, vio como su madre, una mujer de 43 años moría consumida por un cáncer de pulmón y como los médicos le daban diariamente morfina para calmar su sufrimiento, esta droga quedaría por siempre fijada en su memoria y estaría presente en su extraña vida.
Dos años después de la desaparición de su madre comenzó a estudiar medicina y se casó con Pimrose Oxtoby, la hija de un granjero.

Shipman terminó su carrera en 1970 y poco después comenzó a trabajar como médico residente en el Pontefract General Infirmary de West Yorkshire, época en la que se encontraba agobiado tanto por las presiones de su trabajo como por la falta de dinero para mantener a su familia.
No tenía muchos amigos y era un hombre muy introvertido, que muchas veces se volvía agresivo ante cualquier cosa por más pequeña e insignificante que ésta fuera.
Sin embargo, en su trabajo era una persona amable con sus pacientes, sobre todo con los ancianos.
El 4 de marzo de 1970 comenzaría su viaje por el oscuro mundo de los asesinatos, cuando le aplicó una sobredosis de morfina a un anciano que padecía cáncer.

Sus compañeros de trabajo lo veían como un médico confiable que se entregaba al cuidado de sus pacientes, siempre dispuesto, competente y muy trabajador, aunque para algunos médicos era un arrogante sobre todo con sus superiores.

Por un tiempo estuvo trabajando en el área de Ginecología y Obstetricia, pero además de no gustarle era muy brusco con las pacientes. Fue en esa época en que comenzó a consumir morfina, droga que era usada para aliviar el dolor en los partos y en ésa área era sencillo conseguirla.

En 1971, acabó su periodo de residencia y se recibió, pero siguió trabajando en el mismo hospital y para 1974 trabajaba como médico de familia asociado en Todmorden, Lancashire, fue en esa época que le aplicaron una multa de 600 libras esterlinas por haber recetado morfina a nombre de sus pacientes y usarla para su propio consumo. En ese mismo año conseguía su primer trabajo estable en Halifax, West Yorkshire.

En 1975 fue arrestado por falsificar documentos para conseguir drogas para su propio uso y fue enviado a un hospital de rehabilitación, pasado el tratamiento fue dado de alta, pasó por varios hospitales en breves trabajos y llegó al Hospital Donneybrook House, donde estuvo hasta 1977.

En 1992 puso su propio consultorio como médico de familia en Hyde, donde atendió a más de 3,000 pacientes, fue allí que comenzó a matar de forma sistemática. Sus victimas era siempre pacientes que tenían enfermedades leves pero que no le caían bien.
Durante cinco años, Shipman, mató a docenas de personas cuando las visitaba en sus casas, dándoles altas dosis de morfina, luego hacía el certificado de defunción donde colocaba que su paciente había muerto de causa natural. La mayoría de sus víctimas eran mujeres que vivían solas y superaban los 75 años.

Mi madre tenía fe total en él y eso es lo más doloroso para mí: puedo verla sonriéndole mientras él le ponía aquella inyección letal; ella creía que era para curarla”, declararía Chris Bird, directivo del Manchester City. Su madre, Violet Bird, murió en 1993 por una sobredosis de morfina que Shipman le suministró. En 1997 ya había asesinado a 37 personas, según un informe oficial.

En el año 1998, la doctora Linda Reynolds de la Brooke Surgery en Hyde, que no gustaba de Shipman ni de la forma en que ejercía su profesión, fue a visitar a John Pollard, el Jefe de Medicina Legal del distrito de South Manchester. Su preocupación era el alto índice de mortalidad de los pacientes de Shipman, las extrañas cremaciones de todos ellos y el hecho que la mayoría fuesen ancianos, ella pensaba que Shipman, mataba a sus pacientes, pero no sabía si era por negligencia o intencionalmente.

Esta denuncia alertó a la policía, pero no tenían pruebas suficientes para arrestarlo y luego de un tiempo la investigación fue abandonada.

Shipman certificó las muertes de 521 personas, en 25 años de profesión (300 veces más que el médico que más certificados había expedido en el Reino Unido). Estos estremecedores datos, sin embargo, no hicieron que nadie sospechara, En algunas oportunidades Shipman pidió a los familiares que le regalaran algún objeto personal del fallecido como un mueble o una máquina de coser.

Su última víctima fue una anciana de Hyde llamada Kathleen Gruñid.

El 24 de junio de 1998 murió en su casa. La última persona que la vio con vida fue el doctor Shipman, quien luego firmó su certificado de defunción. La hija de Grundy, la hija de la anciana Angela Woodruff, quedó perpleja cuando el abogado de su madre, Brian Burguess, le informó que la última voluntad de su madre había sido desheredarla de las 386.000 libras esterlinas que tenía para darle y que se las había dejado a Harold Shipman.

Woodruff, denunció el hecho a la policía el cuerpo de Grundy fue exhumado y al hacer los análisis encontraron de morfina. Con estas pruebas, Shipman fue arrestado el 7 de septiembre de 1998, además encontraron en su casa una máquina de escribir que el había usado para redactar el documento de herencia.

Pocas horas después de ser detenido, Shipman expresó que tenía “voluntad de control sobre la vida y la muerte”. Llegó a confiarle a un policía: “Yo puedo curar o puedo matar. Soy un médico y en mis manos está el poder de la vida y la muerte. No soy un instrumento de Dios; cuando estoy con un paciente, yo soy Dios. Soy un ser superior”.

Luego de estas declaraciones, la policía comenzó a examinar otros muertes vinculadas con Shipman y pudo hacer una lista de quince muertes que deberían investigar, descubriendo en todos los casos la sobredosis de morfina

El juicio de Shipman, comenzó el 5 de octubre de 1999, el médico fue procesado por las muertes de Marie West, Irene Turner, Lizzie Adams, Jean Lilley, Ivy Lomas, Jermaine Ankrah, Muriel Grimshaw, Marie Quinn, Kathleen Wagstaff, Bianka Pomfret, Naomi Nuttall, Pamela Hillier, Maureen Ward, Winifred Mellor, Joan Melia y Kathleen Grundy, ocurridas entre 1995 y 1998.

El jurado deliberó por 6 días y lo encontraron culpable siendo condenado el 31 de enero de 2000, por la muerte de 15 pacientes, a quienes les inyectó dosis letales de morfina.
Usted ha cometido horrendos crímenes. Asesinó a cada una de sus pacientes con una calculada y helada perversión de su capacidad médica. Usted era, antes que nada, el médico de estas personas”, le dijo el juez Forbes a Shipman cuando éste recibió la condena del jurado. El médico escuchó la condena con una sonrisa, sin perder la calma; estaba acompañado por su mujer y sus cuatro hijos.

En febrero de 2002, Harold Shipman fue expulsado del Registro Nacional de Médicos británicos.
Las posteriores investigaciones contra Shipman concluyeron que “El Médico Asesino”, como lo bautizaron los medios, había matado a 215 pacientes y probablemente a muchos más, 171 mujeres y 44 hombres, de entre 41 y 93 años, a los que inyectó morfina.
Datos posteriores revelaron que asesinó a más de 300 personas que eran el 10 % de sus pacientes : el diez por ciento de sus pacientes. La cifra convirtió a Harold Shipman en el asesino serial más prolífico de la historia contemporánea.

Mataba, y después se comportaba de muy variadas formas y ofrecía múltiples explicaciones de lo que había pasado. La manera de matar de Shipman, incluso ante los familiares, y cómo salía sin sospechas sería calificado de invención si apareciera en una obra de ficción”, explicó la investigadora principal.

El 13 de enero de 2004, Shipman fue encontrado ahorcado en su celda de la prisión de Wakefield. En la época tenía 57 años, aparentemente, se había colgado de los barrotes de su celda con las sábanas de la cama. Hasta el final, nunca reconoció sus crímenes ni mostró arrepentimiento o remordimiento.
Tras su muerte, su viuda recibió 100.000 libras esterlinas (unos 150.000 euros), libres de impuestos, y una pensión vitalicia de 10.000 libras esterlinas (unos 15.000 euros) al año. Si Shipman hubiera muerto tras cumplir sesenta años, su esposa sólo habría recibido 5.000 libras (unos 7.500 euros) anuales.

Esto provocó un escándalo ya que las familias de las víctimas no podían creer que la mujer del homicida recibiera tanto dinero como compensación por la muerte de Shipman, dinero que salía de los impuestos que ellos pagaban. Pero el gobierno británico ni siquiera mencionó el asunto y la mujer de Shipman se quedó con el dinero.

Nadie entiende por qué un amable médico de familia, con un matrimonio feliz y con cuatro hijos, mató a centenares de pacientes. Janet Smith, autora del informe oficial sobre los asesinatos, señaló que posiblemente Shipman era “adicto a matar”. Smith añadió que “hay evidencias de que tenía una personalidad adictiva, y es posible que matar fuera una forma de adicción”. Shipman en realidad, no ganaba nada con los asesinatos, más bien perdía clientela: hasta siete víctimas vivían en la misma manzana. La investigación calificó esa impunidad de “horrible e inexplicable”.

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Mary Flora Bell “Niña Asesina”

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Mary Flora Bell nació un 26 de mayo de 1957 en Newcastle, Inglaterra. Desde que llegó al mundo fue una niña maltratada, su madre Betty de sólo 16 años,  la alejó de ella apenas nació, jamás se supo quién fue su padre biológico y su padrastro, llamado Billy Bell era un ladrón.

La madre de Mary intentó matarla varias veces haciendo pasar los eposidios como accidentes. Años después se convirtió en prostituta y utilizaba a Mary para poder satisfacer los deseos de sus clientes. Así fue la niñez de Mary conviviendo con un entorno sumamente enfermo.

El 25 de mayo de 1968, justo un día antes de cumplir 11 años, aconteció una gran tragedia, Martin Brown, un niño pequeño vecino de Mary, murió.

La prensa de la época dijo que el pequeño había sufrido una caída mientras jugaba, lo que en realidad había sucedido era que Martin había sido estrangulado y al ser encontrado sin vida presentaba golpes y una gran contusión sangrante en la cabeza.

La autora de tal crímen había sido Mary quien lo había empujado y como aún estaba vivo, decidió estrangularlo.

Luego del asesinato, Mary y su amiga Norma fueron hasta una guardería en Scotswood, y destrozaron el lugar, dejando una nota responsabilizándose del asesinato de Martin Brown. La Policía desestimó lo sucedido diciendo que era sólo una broma.

El 31 de julio, un niño llamado Brian Howe, de sólo 3 años desapareció. Poco después, el niño fue encontrado muerto cerca de una construcción.

Lo más extraño era que el niño estaba mutilado y  tenía una letra “M” dibujada en el abdomen con cortes de navaja, le habían cortado mechones de su cabello con una tijera  y le habían cercenado sus genitales. Al ver  los cortes la policía pensó inmediatamente en un niño o un adolescente.

La familia de Brian dijo que tenía sospechas de Mary Bell y su mejor amiga, Norma, pues las dos habían estado acosándolo y  preguntándole si extrañaba a Brian, y si lo quería.

Ante esto la policía arrestó a las niñas en agosto. Tras interrogarlas, se enteraron que Mary  había matado a Brian. Lo estranguló, pero antes lo hirió con unas tijeras y por último le imprimió su marca. Primero dibujó una letra “N” (la inicial de Norma), pero después corrigió y la transformó en “M”.

Norma también fue arrestada y el relato de ésta,  dió como conclusión que Mary había actuado sola y después de matar a Martin llamó a Norma para mostrarle su obra. Norma fue absuelta de todos los cargos.
Mary declaró haber disfrutado ambos asesinatos. Esto también quedó claro cuando la policia halló sus diarios donde describiía los crímenes con lujo de detalles.

Luego de ser examinada por los psiquiatras, fue declarada psicópata, encerrada en prisión y condenada en diciembre de 1968 por el cargo de asesinato en segundo grado. Los periódicos la bautizaron como “La Niña Asesina”.

Mary fue el centro de atención de toda la  prensa británica y de la revista alemana Stern.

Su madre sigiuió explotándola ya que  vendió en varias oportunidades historias acerca de ella y otorgó varias entrevistas a la prensa.
Mary obtuvo otra vez los titulares cuando en septiembre de 1979 escapó brevemente de la custodia de la prisión.

Salió en libertad a la edad de 23 años y una vez fuera de ese infierno se le otorgó una nueva identidad.

En 1984 tuvo un bebé al que amaba y cuidaba muchísimo, transformándose en una madre modelo. Un tiempo después conoció a un hombre con el que se casó.

Sin embargo, y a pesar de su rehabilitación y también su nueva identidad Mary Bell no podía vivir en paz, nadie la quería cerca.

Pasó toda su vida huyendo fingiendo ser otra persona.

El estigma de sus crímines la seguiría siempre y los medios se encargarían de buscarla y descubrirla donde ella estuviese.

El 21 de mayo de 2003, Mary Bell tuvo un fallo favorable en la corte, con el cual se le aseguraba mantener su anonimatoy el de sus pequeña hija por el resto de sus vidas.

Pero los investigadores privados, contratados por la familia de Martin Brown, siguieron rastreándola. Tuvo que vivir y vive en la actualidad,  escondida con el temor de que, a donde fuera, alguien podría identificar en ella a la “Niña Asesina”.

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“El Pelón” Sobera

El Pelón Sobera

El Pelón Sobera

La historia criminal de México se vio conmovida en la década del cincuenta con la aparición de este terrible asesino serial.

Higinio Sobera de la Flor era el hijo de un acaudalado terrateniente poseedor de una finca en Villahermosa, Tabasco. Ya desde niño, mostró graves trastornos de personalidad, pudiendo, a la luz de los desarrollos de la psicología forense actual, ser clasificado como psicótico esquizofrénico. Tenía marcados tics en su comportamiento, sorprendiendo a todos con extraños ruidos con su garganta y ademanes y gestos con sus manos. Hablaba muchas veces de manera incomprensible para el resto de las personas. Pero su madre lo apañaba: “El Pelón” Sobera era “un pobre enfermo, tranquilo e incapaz de maltratar a nadie, además de ser muy cariñoso con los animales, principalmente con los gatos”.

El mote de “pelón” nace de su costumbre de andar totalmente rapado. Sus trastornos mentales lo llevaron a estar internado en el Hospital Floresta. Su hermano también era un enfermo mental, que pasó varios años internado en un manicomio en Barcelona.

Dinero no le faltaba. De hecho, disfrutaba de una vida de lujo. Tenía un automóvil último modelo, y frecuentaba cuanto cabaret estaba a su alcance, pues tenía un enorme apetito sexual. Alcohol, drogas y mujeres estaban al alcance de su mano.

El 10 de marzo de 1952 comenzó su final. Sobera tenía una pistola, que llevaba a todos lados. Primero amenazó, sin razón, a una empleada de una perfumería, aunque no llegó a herirla. Mientras la amenazaba repetía sin cesar que “tenía que matar a alguien”…

Se marcha de ahí, y entra en un bar de la avenida Juárez. Pidió una copa de ginebra al camarero quien le pidió que se quitara la gorra. Sobera se enfureció. Enloquecido, sacó su arma nuevamente y le gritó al mozo: “¡Tú mejor te callas, meserito hijo de la chingada!” Bebió la copa de un sorbo, tiró algunos billetes y salió de prisa del lugar.

Al otro día, sucede la tragedia. Luego de un intrascendente altercado con otro coche, tras el cual la gente normal sólo intercambiaría a lo sumo algún toque de bocina, o una maldición, a Sobera no le alcanzó con esto. Persiguió al otro conductor, que lo había encerrado con su auto, y lo remató de varios tiros, al detenerse a la par en un semáforo.

Pero la lista de víctimas no termina aquí.

Al siguiente día se encaminó al Paseo de la Reforma. Encaró a una muchacha, que recién salía de su trabajo. La chica se puso muy nerviosa, porque Sobera la molestaba, y el autobús tardaba en venir. Decide parar un taxi. Sobera se subió con la muchacha al taxi también. El taxista pensó que eran novios peleando. Quiso tocar a la chica, ahí mismo, en el asiento trasero del auto. La chica lloraba, y le rogaba que se detuviera. Sobera sacó un arma y le pegó tres tiros a quemarropa.

Sobera logró engañar a un agente que paró el taxi, y se dirige a una zona rural, con el pobre chofer de rehén. Sobera se roba el taxi, y deja al chofer a la vera del camino.

Sobera alquila un cuarto en un hotel en Palo Alto, mete al cadáver de la muchacha, y tiene relaciones sexuales con él.

Finalmente Sobera es detenido. Se ríe mucho durante el interrogatorio. Pide que le traigan unas tortas, pues “con el ajetreo” no había podido comer.

Una vez en la cárcel, Sobera dio nuevamente muestras de su estado mental. No se bañaba, la celda estaba en desastroso estado, a pesar de que su familia pagaba una buena cantidad de dinero por mes, para que contara con más comodidades que el resto de los presos. Sobera bebía su propio orín, y se untaba el cuerpo y la boca con materia fecal. No se podía estar cerca de él.

Se lo recluye en el anexo psiquiátrico de la cárcel, pero luego entra en estado catatónico.

Entonces se toma la decisión de trasladarlo al Centro Médico. Permaneció un tiempo recluido, pero luego su familia se hizo cargo, y se lo lleva a su casa donde permaneció al cuidado permanente de una enfermera. Años después, se le podía ver algún fin de semana a orillas del Lago de Chapultepec, llevando su vieja gorra a cuadros, condenado a vivir en una silla de ruedas, arrojando migajas a los patos…

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Al Capone II

Al Capone, en su apogeo

Al Capone, en su apogeo

A partir del momento en que Capone controla los vicios de Chicago, comienza a amasar increíble poder y fortuna. Pero mantenerse en el lugar de líder exige una constante lucha con los posibles competidores por la posición de privilegio de “Capo de Tutti Capi”.

Capone  se asoció con la otros miembros de la Maffia y se convirtió en el rey del hampa de Chicago. Eliminó a sus asociados en una serie de matanzas locales. Para 1926 Capone ejercía el control del crimen en la ciudad. Luego derrotó a la banda de Myles O’Donnell –otra importante gavilla criminal local- y pudo controlar a todas las bandas excepto dos, la de Aiello y la de Bugs Moran. Decidido a todo, Capone tomó medidas y en menos de un mes sus hombres mataron a todos los miembros de la banda de Aiello.

La Matanza de San Valentín fue un mítico enfrentamiento entre hombres de Capone y miembros de la banda del irlandés Bugs Moran, el día de San Valentín de 1929. Aunque los detalles de este crimen no quedan del todo claros, y nadie fue procesado, los asesinatos son atribuidos a Capone y sus hombres, especialmente a Jack ‘Machine Gun’ McGurn, de quien se piensa podría haber realizado los disparos. Al planear la masacre, Capone intentaba eliminar a Bugs Moran, pero éste llegó tarde a la cita y escapó, aunque gravemente herido.

Nace el Sindicato del Crimen, de la mano de Capone y sus asociados Frak Nitti, Campagna, Guzk y Fischetti. El Sindicato del Crimen generaba el respeto de todos los criminales del país, no sólo localmente en Chicago.

Para 1927 la fortuna de Capone ascendía a 100 millones de dólares.

La única manera de atrapar a Capone fue acusarlo por evasión de impuestos. Ninguno de sus crímenes pudo probarse nunca, porque no había registros contables de ninguna operación. Sin embargo fue perseguido por el famoso agente Eliot Ness y su grupo de agentes, “Los Intocables”. El agente del IRS Frank Wilson finalmente fue capaz de encontrar recibos que relacionaban a Capone con ingresos por juego ilegal y evasión de impuestos por esos ingresos. Ese fue su fin.

El proceso en su contra se realizó en 1931. Fue acusado de 23 cargos, aunque finalmente fue encontrado culpable de sólo cinco. Con eso bastó para mandarlo 11 años a prisión. En un principio fue enviado a una prisión en Atlanta en 1932. Pero, para Capone Atlanta era como su oficina, desde donde controlaba todo su negocio con total comodidad. En agosto de 1934 se lo envía a Alcatraz, la isla prisión. Aquí, Capone era vigilado estrictamente y tenía prohibido cualquier contacto con el exterior.

En la cárcel comenzó a mostrar síntomas de demencia, a causa de una sífilis mal tratada. Pasó mucho tiempo en el hospital de la prisión, hasta que finalmente fue liberado en 1939.

Al revocarse la ley seca y con su líder habiendo estado en la cárcel, el imperio de Capone pronto comenzó a debilitarse.

Capone se retiró a su mansión de Florida, donde se aisló del mundo exterior. Murió en 1947 de un derrame cerebral. Fue encontrado muerto en la bañera, y enterrado en el cementerio de Mount Olivet, junto con su padre y su hermano.

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