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El lago sagrado de Antañavo
El lago Antañavo, en el norte de Madagascar es considerado sagrado por los nativos del lugar, los Antankarana. Por eso, está prohibido bañarse allí, o incluso sumergir las manos o los pies en él. Para extraer agua, los Antankarana se valen de una larga vara en cuyo extremo colocan un recipiente. Con estas aguas bañan a los enfermos que, según aseguran, se recuperan de inmediato. Pero no solo las aguas del lago son consideradas sagradas: también los cocodrilos que lo habitan y hasta el gran tamarindo que custodia la orilla.
Y es que el árbol tiene mucho que ver con la leyenda sobre el origen del lago.
Cuentan los Antankarana que hace muchos años, en el lugar del lago se levantaba un pueblo próspero y feliz. Una noche, el hijo recién nacido de una joven pareja del pueblo comenzó a llorar sin consuelo. Nada parecía poder tranquilizarlo. La madre, entonces, lo tomó en sus brazos y se sentó con él en un mortero de arroz, bajo el enorme tamarindo, pensando que la brisa lo calmaría. Al sentirse bajo el árbol, el niño se durmió en el acto, pero apenas la madre lo llevó nuevamente a la casa, volvió a llorar con renovado desconsuelo.
Tres veces se repitió la escena hasta que la madre, resignada, decidió pasar la noche bajo el tamarindo. Apenas se había acomodado bajo el árbol cuando se oyó un terrible estruendo. La tierra se abrió en una enorme grieta que se tragó el poblado entero en segundos. Luego, de la grieta comenzó a brotar agua que creció hasta bañar los pies del tamarindo. La aterrorizada madre corrió hasta el poblado más cercano para pedir ayuda, pero al regresar, todos comprobaron que del pueblo no quedaban ni rastros. Y que en su lugar, había nacido un nuevo lago, al que bautizaron Antañavo.
Nada más se cuenta del pequeño clarividente que presintió la tragedia de su pueblo. Pero los Antankarana que no pueden tener hijos se acercan al lago para pedir una descendencia numerosa. Y si son escuchados, sacrifican animales para que puedan alimentarse los espíritus de los desdichados pobladores que, según los nativos, aún habitan el fondo del lago.
Mutilaciones de ganado: ¿extraterrestres entre nosotros?
Desde hace más de 40 años, se tiene regularmente noticia de la muerte de ganado en circunstancias misteriosas. Cadáveres de animales, en su mayoría vacas, pero también ovejas, caballos y hasta perros, aparecen en el campo completamente desangrados y sin signos de lucha o de haber sido atacados. Generalmente, les faltan los órganos sexuales, la piel de la mandíbula y una de las orejas. Los cortes son siempre limpios, de precisión quirúrgica.
El primer caso del que se tiene noticia data de 1964 y ocurrió a un grupo de vacas en Villa Constitución, en la provincia argentina de Santa Fe. Los casos del caballo Snoopy y la yegua Lady, en Estados Unidos, aunque más difundidos, son posteriores. Desde entonces, científicos y aficionados han aventurado hipótesis diversas. Se habló de sectas, experimentos secretos del gobierno, plagas de ratones y hasta de un ser sobrenatural bautizado en Puerto Rico como chupacabras. Sin embargo, ninguna de estas posibles explicaciones consigue aclarar por qué alrededor de los animales muertos no se encuentran huellas ni signos de presencia alguna. ¿Será tal vez que la explicación no pertenece a este mundo?
Entre mayo y agosto de 2004, una nueva oleada de mutilaciones de ganado sacudió a varias provincias argentinas. En la mayoría de ellas, algún lugareño registró con su cámara la presencia de extrañas luces móviles en el cielo. Fabio Zerpa, ufólogo uruguayo residente en la Argentina y prestigioso a nivel mundial, expuso entonces la hipótesis en la que trabaja desde las mutilaciones del’64: según él, son provocadas por seres extraterrestres.
Zerpa explica que las naves extraterrestres atraen a los animales sin tocarlos, mediante sus potentes haces de luz, y así los introducen en la nave, donde los estudian y realizan las mutilaciones observadas en todos los cadáveres. Finalmente, terminado el estudio, los devuelven al lugar exacto de donde los abdujeron. Esto explicaría los avistamientos de luces, la ausencia de huellas en el lugar y el ángulo recto, casi geométrico, en que aparecen todos los animales muertos. Otro detalle que avalaría esta teoría es que los animales supervivientes no realizan la clásica danza en círculos en torno al cadáver, habitual en estas razas, sino que permanecen alejados, observándolo despavoridos. Asimismo, Zerpa observó que luego de las mutilaciones también suelen aparecer secos los tanques australianos, esos gigantescos depósitos usados en el campo para almacenar agua.
¿Mito? ¿Realidad? No lo sabemos. Pero lo cierto es que, si existe una explicación más terrenal, la ciencia aún no ha sido capaz de encontrarla.
El viejito de la cabra
El viejito de la cabra es una figura legendaria de la provincia argentina de Santiago del Estero. Según los testimonios, este anciano, siempre acompañado de una cabra flaca, se aparece cada 20 ó 25 años a quienes se internan en la espesa vegetación del monte. Nadie puede precisar si está vivo o se trata de un fantasma.
Una leyenda urbana atribuye la eterna juventud de la famosa actriz argentina Nacha Guevara a un encuentro con el viejo. Según esta historia, Nacha se encaminaba en auto a principios de los ‘80 a las Termas de Río Hondo, cuando el amigo que la acompañaba perdió el control del vehículo y chocó contra un árbol.
Golpeada y desorientada, Nacha salió del auto y, al ver a su amigo inconsciente, decidió buscar ayuda. Internándose en la espesura, caminó hasta encontrarse con el viejito de la cabra, que la guió hasta una cueva en la que brotaba un manantial. Con esa agua, el anciano lavó las heridas de la actriz hasta que ella, llena de paz, se quedó dormida. Al despertar se, encontró sola, pero como ya era de día, pudo salir de la cueva y encontrar fácilmente el auto. Su amigo se había recuperado del shock, y ambos caminaron juntos hasta la ruta, donde un camionero se ofreció a llevarlos al hospital más cercano.
Al día siguiente, Nacha volvió al lugar del accidente para agradecer al anciano, pero no lo encontró por ningún lado. Al consultar a los lugareños, ellos le dijeron que debía tratarse del misterioso viejito de la cabra, y le recomendaron no buscarlo más. Pero la actriz, terca, regresó al día siguiente y recorrió el monte hasta que el viejito se materializó, de la nada, frente a ella. El hombre la tomó de las manos y le dijo que las almas buenas, como la suya, merecían quedarse en la tierra dos y hasta tres veces más que el resto de la gente. Luego, desapareció.
Desde entonces, dicen, Nacha comenzó a notar que sus músculos se tonificaban, su piel se volvía radiante, lisa y luminosa, y su energía se multiplicaba.
No es mentira que, con casi 70 años, la actriz luce como una mujer de 40. Tal vez no sería mala idea buscar al viejito de la cabra.
El árbol del amor
Posted by valeria in leyendas, Mitos y Leyendas de Mexico on March 10, 2010
A mediados del siglo XIX, la bella plazuela Miguel Auza, en el corazón de la ciudad de Zacatecas, era el jardín del convento de San Agustín. Y a él solían acudir los habitantes de las casas vecinas para pasear y charlar entre las hermosas flores y los frondosos árboles.
Uno de estos árboles, que aún hoy permanece en su sitio, despertaba las discusiones de los lugareños, que no conseguían determinar de qué especie de árbol se trataba. Algunos afirmaban incluso que no había otro parecido en toda América. Por eso, todos lo llamaban el árbol de Oralia, en honor a la bella muchachita que había tomado la costumbre de cuidarlo y regarlo a diario. Cada tarde, los vecinos del convento recibían la visita de Juan, el humilde aguatero que, siempre acompañado por su fiel burrito, se había ganado la simpatía de todos.
Oralia en especial, lo esperaba con impaciencia, para que la ayudara a regar su querido árbol. La muchacha, de familia acaudalada, no sabía que Juan, perdidamente enamorado de ella, había empezado a trabajar también largas horas en una mina, en busca del soñado filón de plata que le permitiera ofrecerle una vida de princesa. Tal vez por eso se dejó deslumbrar por Pierre, un apuesto francés enviado a México por el gobierno de su país. El joven había quedado deslumbrado por Oralia, cuya familia, complacida, lo invitaba diariamente a visitarlos. Pierre cautivaba a la chica con sus modales finos, sus atenciones y sus promesas de una vida de lujos y riquezas en Europa.
Pero Oralia sabía también que su corazón se aceleraba cada vez que veía acercarse el burrito de Juan, y que esperaba con impaciencia todos los días el momento de regar el árbol junto a él. Cada vez más confundida, se sentó una noche a llorar bajo las ramas de su querido árbol. Y el árbol, apenado, lloró con ella: cuentan que sus lágrimas, al caer sobre el regazo de la muchacha, se convirtieron en un hermoso ramillete de flores blancas, y que Oralia, al verlas, supo con claridad que amaba a Juan y nada le importaban las riquezas.
A la mañana siguiente, la muchacha recibió la visita de Pierre, quien tentado por un puesto de mayor importancia política en otro país, se despedía sin remordimientos. Así supo Oralia que su corazón no se había equivocado, y esa tarde, apenas Juan se reunió con ella bajo el árbol, le demostró todo su amor con un beso. El muchacho, en su enorme felicidad, olvidó decirle que había encontrado la tan ansiada veta de plata y sólo atinó a abrazarla mientras el árbol, lleno de felicidad, los cubría con una lluvia de flores blancas.
Es por eso que desde entonces, los enamorados se refugian bajo las ramas del árbol de Oralia, y le piden que su amor dure para siempre.
Abducción en el río Pascagoula
Durante mucho tiempo, la historia de abducción extraterrestre más famosa fue la supuesta odisea del matrimonio Hill. Más tarde, sin embargo, se comprobó que no era cierta. De la abducción del río Pascagoula, en cambio, nadie ha podido probar que se tratase de una mentira. Y han pasado ya 36 años.
El 11 de octubre de 1973, Charles Hickson, de 42 años de edad, y Calvin Parker, de 19, decidieron ir juntos a pescar a la orilla del río Pascagoula, en Mississippi. Los dos hombres, compañeros de trabajo en un astillero cercano, acababan de acomodarse en un muelle abandonado cuando, según su relato, vieron una cantidad de luces azules que parpadeaban. A continuación escucharon un sonido vibrante y vieron aparecer ante ellos una nave alargada de unos 30 metros de diámetro que avanzaba levitando sobre el río. Siempre según Hickson y Parker, una puerta se abrió en la nave y de ella surgieron tres seres de rasgos humanoides y aproximadamente 1,50 metros de altura.
Los extraños seres atrajeron a los pescadores sin tocarlos, y los hicieron levitar hasta el interior de la nave. Parker declaró luego haberse desmayado por el miedo y no recordar nada de lo sucedido. Hickson, en cambio, relató que los seres tenían la piel arrugada y gris, protuberancias en forma de zanahoria en lugar de nariz y orejas, brazos terminados en pinzas como de langosta y una sola pierna. Afirmó también que él y su compañero fueron revisados minuciosamente por un ojo mecánico y, luego de aproximadamente 20 minutos, devueltos a la orilla del río.
Los aterrorizados pescadores permanecieron más de 45 minutos discutiendo qué hacer, hasta que finalmente decidieron dar parte a la base de la Fuerza Aérea de Kessler. Pero allí les negaron que las fuerzas armadas tuvieran algo que ver con la investigación de ovnis, y les sugirieron acudir a la policía. Concurrieron entonces a la oficina del sheriff Fred Diamond, quien desconfió de la historia pensando que estaban alcoholizados. Sin embargo, Diamond hizo colocar un micrófono oculto en la oficina y dejó solos a los dos amigos durante un largo rato. Y en la grabación que obtuvo, conocida luego como la “cinta secreta” Hickson y Parker se mantienen en su historia. El sheriff declaró luego que ambos parecían sinceros y realmente asustados.
En octubre de 2001, el oficial de marina retirado Mike Cataldo confesó que, junto a sus amigos Ted Peralta y Mack Hanna, había avistado un ovni el mismo día y en la misma zona de la supuesta abducción de Parker y Hickson.
La rosa azul-Leyenda China
Posted by valeria in leyendas, Mitos, Uncategorized on February 25, 2010
Cuentan que hace muchos años, gobernaba en China un emperador bondadoso que tenía una única hija. El emperador adoraba a la muchacha, pero sufría porque ella no quería casarse. Y es que la princesa, además de bella, era inteligente, y soñaba con estudiar, viajar y vivir muchas aventuras. No deseaba dedicarse sólo a tener hijos y pintar sobre seda, lo único que una esposa podía hacer por esa época. Pero su padre no podía permitir que se quedase soltera, y le ordenó que pusiera una condición para quienes aspirasen a su mano. Podía hacerla tan difícil como quisiera, le dijo, pero estaba obligada a casarse con el primero que la cumpliera. La princesa, astutamente, replicó: me casaré con quien me traiga una rosa azul.
La mayoría de los pretendientes se retiraron, desalentados, pero un encumbrado militar se presentó en palacio y ofreció a la princesa un exquisito zafiro tallado en forma de rosa. La perfección de la joya quitaba el aliento, pero la princesa sacudió la cabeza y dijo: yo no quiero una joya, quiero una rosa azul. Otro pretendiente le ofreció un espléndido vaso de porcelana con una rosa azul pintada, pero la princesa dijo: yo no quiero una rosa pintada, quiero una verdadera rosa azul. Tiempo después, un rico noble pidió audiencia y ofrendó a la muchacha una rosa azul que no parecía estar pintada. El Emperador ordenó que comenzaran los festejos del compromiso pero la princesa, que observaba fijamente la flor a través de sus lágrimas, vio que una mariposa posada en ella caía muerta, y se lo hizo notar a su padre. Los botánicos de palacio estudiaron la rosa y descubrieron que había sido irrigada con tinta estando en la planta. La princesa estaba a salvo.
Su astucia, sin embargo, pronto se volvería en su contra. Poco después, la princesa se hizo pasar por una de sus damas para asistir a una fiesta popular. Allí conoció a un apuesto músico ambulante. Se enamoraron perdidamente, pero al empezar a planear su boda, la muchacha, espantada, recordó su treta: su padre exigiría al muchacho la rosa azul. Muchos días lloró la princesa en brazos de su amado, hasta que una tarde, de repente, secó sus lágrimas: había tenido una idea.
La corte entera esperaba, curiosa, al nuevo pretendiente ¿traería finalmente la rosa azul?
El joven avanzó decidido y ante la sorpresa de todos, entregó a la princesa una rosa blanca. La muchacha la aceptó encantada. Hija, dijo el Emperador, esa rosa no es azul. Pero es la rosa azul que yo estaba esperando, replicó ella. El Emperador iba a echar al muchacho cuando comprendió que su hija lo amaba y finalmente deseaba casarse, y no vio motivos para impedir su felicidad. Ordenó entonces que comenzaran los festejos del compromiso, y los enamorados y la corte entera bailaron y se divirtieron hasta muy tarde, mientras en el centro del salón reinaba la humilde rosa blanca, convertida en azul por la magia del amor.
Anahí, la flor del ceibo
La flor del ceibo es la flor nacional de la República Argentina, y su origen se narra en la bellísima leyenda de Anahí, la de la voz de pájaro. Cuentan los indios guaraníes que hace muchos años, su gran cacique tuvo una hija única, Anahí, que por su gran fealdad no conseguía marido. La muchacha, sin embargo, había sido recompensada con una voz maravillosa que las aves mismas envidiaban, y era feliz entonando dulces melodías mientras paseaba por los bosques de su patria amada.
Un día, los guaraníes avistaron el desembarco de los primeros españoles en sus tierras. Pronto descubrirían que esos hombres a los que en un principio habían confundido con dioses sólo querían despojarlos y esclavizarlos. Pese a su inferioridad numérica, el padre de Anahí decidió atacarlos: prefería una muerte digna a una vida de esclavitud para su pueblo. Anahí lo despidió con orgullo. Días después lloraba sobre su cadáver, traído por los escasos sobrevivientes de la terrible derrota. Tras la muerte del cacique, la tribu se reunió en asamblea para discutir sus acciones futuras. Pero cuando la idea de entregarse voluntariamente como esclavos a los españoles para tener una mínima chance de sobrevivir comenzaba a hacerse fuerte, Anahí se puso de pie y pidió que la siguieran en una lucha distinta, basada en la astucia y no en la fuerza.
Desde entonces, el pueblo guaraní aprovechó al máximo su única ventaja sobre el enemigo. Los españoles no conocían bien el terreno, lo que se volvería su talón de Aquiles. Pronto comenzaron a notar que quien se alejaba unos pocos pasos del campamento moría atravesado por flechas que parecían venir de ninguna parte, y que los supuestos ataques de los indios no eran más que celadas para conducirlos a lo profundo del bosque, donde eran devorados por los animales salvajes. No tardó en difundirse entre ellos la leyenda de que los guaraníes eran comandados por un guerrero casi sobrenatural, de muchos metros de altura y manos como garras.
Grande fue su sorpresa cuando apresaron a la verdadera artífice de la resistencia, una muchacha menuda y delicada. Anahí, traicionada por sus sentimientos, se había acercado demasiado al campamento español, dispuesta a matar al soldado que había acabado con la vida de su padre. Los españoles atribuyeron sus hazañas a las artes de la hechicería y la condenaron a morir en la hoguera. Fue así que la condujeron a un bosque cercano, donde luego de abusar salvajemente de la indiecita, encendieron la hoguera del terrible suplicio.
Anahí, sin embargo, no gritó de dolor al ser abrasada por las llamas. De su garganta, en cambio, salió un dulce canto que pedía por su pueblo y por sus bosques. El mismo que había entonado para despedir a su padre. Y ante los ojos atónitos de sus verdugos, su cuerpo fue transformándose en un robusto tronco del que pendían ramilletes de bellas flores coloradas. Había nacido la flor del ceibo, símbolo de libertad y dignidad. La flor nacional de la Argentina.
La piedra movediza de Tandil
Tandil era una oscura localidad del sudeste de la provincia de Buenos Aires, en la República Argentina. Condenada a una existencia sin sobresaltos, matizada por las cosechas abundantes de la Pampa Húmeda, nunca parecía pasar nada, salvo algo increíble que sucedía allí desde tiempos inmemoriales, un fenómeno que desafiaba toda lógica y ley de la física.
Los vecinos del lugar daban cuenta de una enorme piedra, de forma triangular de más de trescientas toneladas de peso, que oscilaba suavemente el borde de un risco, en una posición que parecía imposible para toda concepción humana. Los turistas acudían incrédulos a raudales para observar el fenómeno. Parecía que la monumental mole estaba suspendida por alguna fuerza misteriosa, porque el equilibrio en esa posición era inverosímil.
El equilibrio duró hasta el 29 de Febrero de 1912. Se cree que vándalos, o las vibraciones producidas por las explosiones ocurridas en una cantera cercana la derribaron de su lugar de privilegio. Hoy yace al fondo del acantilado partida en tres pedazos.
La leyenda de su origen, acuñada por los indígenas de la zona, es muy hermosa. El Sol y la Luna eran marido y mujer. El Sol era el amo absoluto de la vida y la muerte; con su calor, reinaba sobre la Tierra. La Luna lo embelesaba con su belleza y blancura.
La Luna traía sobre la humanidad sabiduría y paz, ante ella, todo se volvía más calmo, en reposo, un tiempo ideal para la meditación.
Un buen día, los dioses se cansaron de su soledad, y decidieron poblar la tierra con cuanta criatura viviente existe en ella, en los montes, las selvas y los mares. Los dioses crearon a los hombres, para que cuidaran a esas preciosas criaturas que ellos habían creado. Una vez que vieron que su obra estaba terminada, decidieron partir de nuevo a su reino celeste. Los hombres se pusieron muy tristes que sus dioses los dejaran solos. Pero el Dios Sol les contestó
-No teman, de día los vigilaré yo con mi calor, y de noche, la madre Luna estará con ustedes.
Los hombres se quedaron felices, cantando y alabando a su padre y a su madre, que estaban en los cielos. Pero un día la felicidad parecía llegar a su fin.
Ese fatídico día, el Sol no brillaba tan fuerte como siempre. Al mirar hacia el cielo, vieron un terrible puma negro alado que acosaba a su Dios.
En vano dispararon sus flechas al cielo, sin poder alcanzar a la fiera. Pero uno de los guerreros de la tribu, finalmente, acertó el tiro, y le metió un flechazo al puma, que le entró por el pecho y le salía por el lomo.
Por fin el puma cayó herido. La Luna, en su infinita sabiduría, se compadeció del puma herido, y decidió terminar con su sufrimiento, arrojándole enormes piedras desde arriba, que hicieron una gran montaña donde el puma yacía. Esas enormes piedras formaron las Sierras de Tandil. Pero la última flecha que le arrojó quedó clavada en la punta de la flecha que mató al puma. Y esa es la piedra movediza de Tandil.
Cuando el Sol asomaba al cielo, miraba con recelo al animal que una vez lo había atacado, y su furia era lo que hacía oscilar la piedra. Parecía que la furia del Sol sería eterna, hasta que ese fatídico 29 de Febrero de 1912 la magia se terminó para siempre.
El pintor maldito

Un niño llorón
En algún momento entre 1890 y 1900 nace Bruno Amadio. Originario de Venecia, se forma en la pintura clásica, pero sus cuadros no tienen el éxito que el pintor espera. Son tiempos difíciles, la Europa de la postguerra había dejado muchos niños huérfanos, por lo que los orfanatos abundaban de criaturas desamparadas.
Amadio era un fascista extremo, al punto tal que colaboró grandemente con el partido, y con Mussolini, hasta que la Guerra termina y Europa comienza una época de transformaciones.
Amadio va a la guerra, y le toca estar en el frente de combate. Cuentan que esta experiencia traumática lo cambió para siempre. Había quedado terriblemente impresionado por los niños abandonados, luego que sus padres murieran en combate, o cuando sus casas eran tomadas por el ejército enemigo.
En 1945 Amadio se instala en Sevilla, España. Y a partir de aquí su vida se convierte en un verdadero misterio. Es este misterio el que contribuye a incrementar las especulaciones y las leyendas en torno a su persona y a los cuadros que pintaba.
Dicen que harto de no tener suerte con sus obras, Amadio hace un pacto con el Diablo. Amadio toma de modelo a niños de un orfanato. Crea así una serie de pinturas llamadas “Niños llorones”. Son 27 cuadros que han impresionado más a la sociedad que a los críticos de arte. El niño que fue el modelo de su primer cuadro de la serie era un niño internado en un orfanato. Amadio logró captar y reflejar todo el dolor y la tristeza que emanaban de él, un chiquillo abandonado sin familia que lo amparara
A partir de ese momento, sus cuadros comienzan a tener el éxito que Amadio tanto deseaba. Prácticamente no había casa en un momento que no tuviera uno de las reproducciones de los niños llorones de Amadio.
Pero, al poco tiempo, empezaron a correr historias que involucraban a los cuadros y las reproducciones de manera misteriosa. Los bomberos británicos comenzaron a ver una serie de incendios terribles, donde todo quedaba reducido a cenizas, todo menos los cuadros de Amadio, que quedaban extrañamente intactos, en medio de toda la desolación.
Incluso hubo testimonios de fenómenos extraños y sucesos inexplicables en torno a quienes los poseían.
Había testigos que narraban como se sentían atrapados, subyugados ante la triste mirada del niño, incapaces de apartar la mirada. Otros aseguraban que desde que eran poseedores de ellos, misteriosamente desaparecían objetos que no volvían a ser encontrados.
A partir de que Amadio hizo el pacto con el Diablo, los lugares en los que se encontraran alguno de estos cuadros serían escenario de males y desgracias, víctima de incendios que arrasaban con todo menos con el cuadro, que siempre quedaría intacto. Esta maldición la llevarían consigo tanto los cuadros como sus reproducciones.
Si se mira con detenimiento los cuadros (por ejemplo girándolos 90º) algunos ven al Demonio devorándose a los niños.
Amadio desapareció y nunca más se supo de él. Se cree que finalmente murió en 1981.








