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Mutilaciones de ganado: ¿extraterrestres entre nosotros?
Desde hace más de 40 años, se tiene regularmente noticia de la muerte de ganado en circunstancias misteriosas. Cadáveres de animales, en su mayoría vacas, pero también ovejas, caballos y hasta perros, aparecen en el campo completamente desangrados y sin signos de lucha o de haber sido atacados. Generalmente, les faltan los órganos sexuales, la piel de la mandíbula y una de las orejas. Los cortes son siempre limpios, de precisión quirúrgica.
El primer caso del que se tiene noticia data de 1964 y ocurrió a un grupo de vacas en Villa Constitución, en la provincia argentina de Santa Fe. Los casos del caballo Snoopy y la yegua Lady, en Estados Unidos, aunque más difundidos, son posteriores. Desde entonces, científicos y aficionados han aventurado hipótesis diversas. Se habló de sectas, experimentos secretos del gobierno, plagas de ratones y hasta de un ser sobrenatural bautizado en Puerto Rico como chupacabras. Sin embargo, ninguna de estas posibles explicaciones consigue aclarar por qué alrededor de los animales muertos no se encuentran huellas ni signos de presencia alguna. ¿Será tal vez que la explicación no pertenece a este mundo?
Entre mayo y agosto de 2004, una nueva oleada de mutilaciones de ganado sacudió a varias provincias argentinas. En la mayoría de ellas, algún lugareño registró con su cámara la presencia de extrañas luces móviles en el cielo. Fabio Zerpa, ufólogo uruguayo residente en la Argentina y prestigioso a nivel mundial, expuso entonces la hipótesis en la que trabaja desde las mutilaciones del’64: según él, son provocadas por seres extraterrestres.
Zerpa explica que las naves extraterrestres atraen a los animales sin tocarlos, mediante sus potentes haces de luz, y así los introducen en la nave, donde los estudian y realizan las mutilaciones observadas en todos los cadáveres. Finalmente, terminado el estudio, los devuelven al lugar exacto de donde los abdujeron. Esto explicaría los avistamientos de luces, la ausencia de huellas en el lugar y el ángulo recto, casi geométrico, en que aparecen todos los animales muertos. Otro detalle que avalaría esta teoría es que los animales supervivientes no realizan la clásica danza en círculos en torno al cadáver, habitual en estas razas, sino que permanecen alejados, observándolo despavoridos. Asimismo, Zerpa observó que luego de las mutilaciones también suelen aparecer secos los tanques australianos, esos gigantescos depósitos usados en el campo para almacenar agua.
¿Mito? ¿Realidad? No lo sabemos. Pero lo cierto es que, si existe una explicación más terrenal, la ciencia aún no ha sido capaz de encontrarla.
El viejito de la cabra
El viejito de la cabra es una figura legendaria de la provincia argentina de Santiago del Estero. Según los testimonios, este anciano, siempre acompañado de una cabra flaca, se aparece cada 20 ó 25 años a quienes se internan en la espesa vegetación del monte. Nadie puede precisar si está vivo o se trata de un fantasma.
Una leyenda urbana atribuye la eterna juventud de la famosa actriz argentina Nacha Guevara a un encuentro con el viejo. Según esta historia, Nacha se encaminaba en auto a principios de los ‘80 a las Termas de Río Hondo, cuando el amigo que la acompañaba perdió el control del vehículo y chocó contra un árbol.
Golpeada y desorientada, Nacha salió del auto y, al ver a su amigo inconsciente, decidió buscar ayuda. Internándose en la espesura, caminó hasta encontrarse con el viejito de la cabra, que la guió hasta una cueva en la que brotaba un manantial. Con esa agua, el anciano lavó las heridas de la actriz hasta que ella, llena de paz, se quedó dormida. Al despertar se, encontró sola, pero como ya era de día, pudo salir de la cueva y encontrar fácilmente el auto. Su amigo se había recuperado del shock, y ambos caminaron juntos hasta la ruta, donde un camionero se ofreció a llevarlos al hospital más cercano.
Al día siguiente, Nacha volvió al lugar del accidente para agradecer al anciano, pero no lo encontró por ningún lado. Al consultar a los lugareños, ellos le dijeron que debía tratarse del misterioso viejito de la cabra, y le recomendaron no buscarlo más. Pero la actriz, terca, regresó al día siguiente y recorrió el monte hasta que el viejito se materializó, de la nada, frente a ella. El hombre la tomó de las manos y le dijo que las almas buenas, como la suya, merecían quedarse en la tierra dos y hasta tres veces más que el resto de la gente. Luego, desapareció.
Desde entonces, dicen, Nacha comenzó a notar que sus músculos se tonificaban, su piel se volvía radiante, lisa y luminosa, y su energía se multiplicaba.
No es mentira que, con casi 70 años, la actriz luce como una mujer de 40. Tal vez no sería mala idea buscar al viejito de la cabra.
El Ave Fénix
Cuenta un antiguo mito griego que el Fénix era un ave fuerte y poderosa, del tamaño de un águila. Vivía en medio oriente, entre la India y Egipto. Su deslumbrante plumaje era amarillo, azul y rojo y brillaba con el resplandor del fuego. Pero lo que lo convirtió en leyenda no fue su belleza sino su capacidad de renacer una y otra vez de sus cenizas. El Fénix era inmortal. Cada 500 años se consumía a través de una hoguera de la que emergía nuevamente, joven y fuerte. Se le atribuían también numerosos dones, como el de curar con sus lágrimas.
Aunque claro, nadie había visto jamás uno. Algunas crónicas citan que en tiempos del emperador Claudio se corrió el rumor de que un auténtico Fénix había sido capturado en Egipto. Muy pocos lo creyeron.
La tradición cristiana retoma este mito ubicándolo en el Paraíso Terrenal. Según esta versión, el ángel que expulsó a Adán y Eva del Edén lo hizo blandiendo una espada de la que brotaban chispas, y una de estas chispas prendió en el rosal donde anidaba el Fénix, consumiendo al ave y a su nido. Pero por haber sido el único animal que se había negado a probar la fruta prohibida, Dios lo recompensó concediéndole numerosos dones. Entre ellos, la capacidad de renacer de sus cenizas.
Según San Ambrosio, el Fénix se consume bajo la luz del sol, y no resurge con aspecto adulto sino como una larva que se refugia en un huevo hecho de ramas, incienso y mirra hasta que emerge para surcar los cielos con su majestuosa belleza. Esta interpretación está emparentada con la de algunos estudiosos griegos, como Heródoto, Epifanio o Plinio el Viejo. Estos autores explicaban que el cuerpo del Fénix, al descomponerse tras su muerte, generaba una larva que al crecer lo suficiente transportaba el cadáver de su padre hasta Heliópolis (antiguo Egipto) y lo depositaba en el altar del templo del sol. Según los registros del templo, el ritual se repetía con exactitud cada 500 años.
Pero más allá de sus diferentes versiones, algo es seguro: el mito del Fénix dice mucho sobre la trágica esperanza humana de creer que la inmortalidad, es posible.
La rosa azul-Leyenda China
Posted by valeria in leyendas, Mitos, Uncategorized on February 25, 2010
Cuentan que hace muchos años, gobernaba en China un emperador bondadoso que tenía una única hija. El emperador adoraba a la muchacha, pero sufría porque ella no quería casarse. Y es que la princesa, además de bella, era inteligente, y soñaba con estudiar, viajar y vivir muchas aventuras. No deseaba dedicarse sólo a tener hijos y pintar sobre seda, lo único que una esposa podía hacer por esa época. Pero su padre no podía permitir que se quedase soltera, y le ordenó que pusiera una condición para quienes aspirasen a su mano. Podía hacerla tan difícil como quisiera, le dijo, pero estaba obligada a casarse con el primero que la cumpliera. La princesa, astutamente, replicó: me casaré con quien me traiga una rosa azul.
La mayoría de los pretendientes se retiraron, desalentados, pero un encumbrado militar se presentó en palacio y ofreció a la princesa un exquisito zafiro tallado en forma de rosa. La perfección de la joya quitaba el aliento, pero la princesa sacudió la cabeza y dijo: yo no quiero una joya, quiero una rosa azul. Otro pretendiente le ofreció un espléndido vaso de porcelana con una rosa azul pintada, pero la princesa dijo: yo no quiero una rosa pintada, quiero una verdadera rosa azul. Tiempo después, un rico noble pidió audiencia y ofrendó a la muchacha una rosa azul que no parecía estar pintada. El Emperador ordenó que comenzaran los festejos del compromiso pero la princesa, que observaba fijamente la flor a través de sus lágrimas, vio que una mariposa posada en ella caía muerta, y se lo hizo notar a su padre. Los botánicos de palacio estudiaron la rosa y descubrieron que había sido irrigada con tinta estando en la planta. La princesa estaba a salvo.
Su astucia, sin embargo, pronto se volvería en su contra. Poco después, la princesa se hizo pasar por una de sus damas para asistir a una fiesta popular. Allí conoció a un apuesto músico ambulante. Se enamoraron perdidamente, pero al empezar a planear su boda, la muchacha, espantada, recordó su treta: su padre exigiría al muchacho la rosa azul. Muchos días lloró la princesa en brazos de su amado, hasta que una tarde, de repente, secó sus lágrimas: había tenido una idea.
La corte entera esperaba, curiosa, al nuevo pretendiente ¿traería finalmente la rosa azul?
El joven avanzó decidido y ante la sorpresa de todos, entregó a la princesa una rosa blanca. La muchacha la aceptó encantada. Hija, dijo el Emperador, esa rosa no es azul. Pero es la rosa azul que yo estaba esperando, replicó ella. El Emperador iba a echar al muchacho cuando comprendió que su hija lo amaba y finalmente deseaba casarse, y no vio motivos para impedir su felicidad. Ordenó entonces que comenzaran los festejos del compromiso, y los enamorados y la corte entera bailaron y se divirtieron hasta muy tarde, mientras en el centro del salón reinaba la humilde rosa blanca, convertida en azul por la magia del amor.
La piedra movediza de Tandil
Tandil era una oscura localidad del sudeste de la provincia de Buenos Aires, en la República Argentina. Condenada a una existencia sin sobresaltos, matizada por las cosechas abundantes de la Pampa Húmeda, nunca parecía pasar nada, salvo algo increíble que sucedía allí desde tiempos inmemoriales, un fenómeno que desafiaba toda lógica y ley de la física.
Los vecinos del lugar daban cuenta de una enorme piedra, de forma triangular de más de trescientas toneladas de peso, que oscilaba suavemente el borde de un risco, en una posición que parecía imposible para toda concepción humana. Los turistas acudían incrédulos a raudales para observar el fenómeno. Parecía que la monumental mole estaba suspendida por alguna fuerza misteriosa, porque el equilibrio en esa posición era inverosímil.
El equilibrio duró hasta el 29 de Febrero de 1912. Se cree que vándalos, o las vibraciones producidas por las explosiones ocurridas en una cantera cercana la derribaron de su lugar de privilegio. Hoy yace al fondo del acantilado partida en tres pedazos.
La leyenda de su origen, acuñada por los indígenas de la zona, es muy hermosa. El Sol y la Luna eran marido y mujer. El Sol era el amo absoluto de la vida y la muerte; con su calor, reinaba sobre la Tierra. La Luna lo embelesaba con su belleza y blancura.
La Luna traía sobre la humanidad sabiduría y paz, ante ella, todo se volvía más calmo, en reposo, un tiempo ideal para la meditación.
Un buen día, los dioses se cansaron de su soledad, y decidieron poblar la tierra con cuanta criatura viviente existe en ella, en los montes, las selvas y los mares. Los dioses crearon a los hombres, para que cuidaran a esas preciosas criaturas que ellos habían creado. Una vez que vieron que su obra estaba terminada, decidieron partir de nuevo a su reino celeste. Los hombres se pusieron muy tristes que sus dioses los dejaran solos. Pero el Dios Sol les contestó
-No teman, de día los vigilaré yo con mi calor, y de noche, la madre Luna estará con ustedes.
Los hombres se quedaron felices, cantando y alabando a su padre y a su madre, que estaban en los cielos. Pero un día la felicidad parecía llegar a su fin.
Ese fatídico día, el Sol no brillaba tan fuerte como siempre. Al mirar hacia el cielo, vieron un terrible puma negro alado que acosaba a su Dios.
En vano dispararon sus flechas al cielo, sin poder alcanzar a la fiera. Pero uno de los guerreros de la tribu, finalmente, acertó el tiro, y le metió un flechazo al puma, que le entró por el pecho y le salía por el lomo.
Por fin el puma cayó herido. La Luna, en su infinita sabiduría, se compadeció del puma herido, y decidió terminar con su sufrimiento, arrojándole enormes piedras desde arriba, que hicieron una gran montaña donde el puma yacía. Esas enormes piedras formaron las Sierras de Tandil. Pero la última flecha que le arrojó quedó clavada en la punta de la flecha que mató al puma. Y esa es la piedra movediza de Tandil.
Cuando el Sol asomaba al cielo, miraba con recelo al animal que una vez lo había atacado, y su furia era lo que hacía oscilar la piedra. Parecía que la furia del Sol sería eterna, hasta que ese fatídico 29 de Febrero de 1912 la magia se terminó para siempre.
La olla de oro
El mito de la olla de oro proviene de la cultura irlandesa. Según la leyenda, existe en Irlanda una clase de duendes, llamados Leprechaun. Los Leprechaun son de naturaleza dual, es decir, tanto materiales como espirituales, lo que les confiere poderes especiales. Son muy traviesos, por lo que les gusta adoptar la forma de viejos hombrecillos pequeños, que disfrutan particularmente haciendo maldades y poniendo a los humanos a prueba, especialmente haciendo relucir el punto débil de casi todos los hombres: su codicia. Tradicionalmente, su oficio es ser zapateros. Dicen que mientras se mantenga la vista fija en el Leprechaun, éste no puede desaparecer, pero en el segundo que se saca la vista de ellos, se desvanecen.
Los Leprechaun son poseedores de una inmensa fortuna, la cual custodian con dedicación, debido a los esfuerzos de muchos hombres inescrupulosos por tratar de apoderarse de ella.
Otro truco que los Leprechaun usan para engañar a los humanos es, si son descubiertos, ofrecer grandes riquezas para poder escapar. En el momento en que la persona está distraída contando su oro, el leprechaun desaparece, e, instantáneamente, el oro se convierte en cenizas, quedando así la persona como al principio: sin nada.
Cuenta la leyenda que una vez un pobre granjero irlandés escuchó el sonido de un martillo, mientras trabajaba en su pobre granja. Movido por la curiosidad, fue a ver detrás de unos arbustos, desde donde provenía el ruido. Cuando se asomó, no pudo creer lo que vio: un Leprechaun forjando monedas de oro con su martillito. Rápido el granjero, atrapó al duende. Se disponía a llevárselo a la casa, para luego proceder a llevarse el oro que había encontrado. Para poder distinguir el arbusto debajo del cual estaba enterrada la olla con oro, donde estaba el duende fabricando nuevas monedas, le ató uno de sus calcetines rojos a una de las ramas.
El duende lloró y rogó, para que lo soltara. El hombre, conmovido, le hizo prometer que no haría nada si lo soltaba, y que, en retribución a su buena fe, lo dejaría quedarse con el oro. El duende prometió que dejaría el oro donde estaba, y que sería del granjero, cuando lo encontrara…
El granjero va presuroso a buscar su pala, para proceder a desenterrar la preciosa olla. Cuando va a ver… cientos de arbustos tenían atadas medias rojas, como la de él.
Ese es también el origen de la tradición navideña de poner calcetines rojos, para recibir regalos durante la navidad.
Las gárgolas

Las Gárgolas
Las gárgolas nacieron en la Edad Media, como un “subproducto” de la edad oscura. Se suponía que las gárgolas formaban parte de lo que se llamaba “Bestiario”, un conjunto de bestias que castigaban el pecado y se encargaban de atormentar a las pobres almas en pena que caían en el Purgatorio.
El Bestiario era un conjunto de bestias mitológicas, originadas en la mitología grecorromana, de las cuales se “apropió” la Iglesia Católica durante los años oscuros, para educar en la fe cristiana, básicamente amenazando a los feligreses que si eran presa del pecado serían atormentados eternamente por estos animales, como las gárgolas, los grifos, los dragones y los basiliscos.
Cuenta el mito que en una época antigua, alrededor del en el año 600, una villa rural de Francia, que aún no había abrazado la fe cristiana, era azotada sistemáticamente por la presencia de una furiosa gárgola. El nombre se origina en la palabra “gárgara” o “gorgoteo”, porque ese el ruido que hacían las gárgolas, un gorgoteo que les salía de la garganta.
Los locales de la villa no sabían cómo enfrentar a esta terrible criatura, que con su aliento de fuego causaba estragos en la villa, y muchos muertos. Entonces, el sacerdote cristiano Romanus llegó a la villa dispuesto a pactar con el dragón si los ciudadanos de esta localidad aceptaban ser bautizados y construían una iglesia dedicada al culto católico.
Romanus se hizo de coraje, y simplemente munido con los elementos necesarios para realizar un exorcismo –una cruz, una campana, la Biblia y unas velas- logró dominar a la feroz bestia. De un momento a otro, el animal se convirtió en una dócil criatura, a tal punto que Romanus entró en la villa con paso triunfante, llevando a la gárgola atada con una simple soga, como si fuera un manso perrito faldero.
Los aldeanos hicieron lo que habían prometido, se convirtieron al cristianismo y recibieron la evangelización de mano de Romanus. Luego, quemaron a la temible bestia en una hoguera. Como la gárgola escupía fuego, su cabeza y sus labios eran resistentes al calor extremo, en consecuencia no se quemaron con el fuego de la hoguera. Entonces, los aldeanos decidieron colocar estas partes en la pared del ayuntamiento, para recordarles a todos por mucho tiempo los tormentos que habían atravesado.
La piedra filosofal

La Piedra Filosofal
La piedra filosofal es una sustancia en la que creen los alquimistas, que tendría extraordinarias propiedades. Su existencia se basa en el sistema de creencias de los alquimistas, quienes postulan que los elementos deben ser analizados como lo proponía Aristóteles, separándolos en cuatro categorías principales: el fuego, la tierra, el agua y el aire.
Los alquimistas creían en la transmutación de la materia, es decir, en el cambio de una sustancia hacia otra de características totalmente distintas. De esta forma, una de las características de la piedra filosofal es la transmutación del plomo y el mercurio en oro. El procedimiento era el siguiente: sobre un caldero de mercurio o plomo en ebullición se echaba una pizca de este polvo maravilloso, e instantáneamente, estos metales se convertían en oro.
En rigor de verdad, la piedra filosofal no era una piedra en sí, sino un polvo, cuyo color oscilaba entre el blanco y el rojo, siendo este el color que esta sustancia adquiere cuánto más pura es.
Durante muchos siglos, las llamadas “ciencias duras” se burlaban de los alquimistas, llegando a considerarse este término como sinónimo de mentiroso y charlatán, pero el tiempo les ha dado la razón a los alquimistas. La ciencia moderna permite lograr lo que tantas veces se había teorizado, la transmutación de la materia. De hecho, mediante el uso de enormes máquinas aceleradoras de protones, bombardeando la materia con partículas subatómicas, se logra obtener oro, aunque los altos costos de estas operaciones hacen que esto sea improductivo a nivel económico. Pero se ha logrado, quedando así la teoría de los alquimistas demostrada en la realidad.
La piedra filosofal era considerada una sustancia prístina, que tenía otras cualidades notables. Se dice que curaba todas las enfermedades conocidas, mediante una profunda purificación de la sangre, que se llevaría a cabo una vez ingerido.
También se creía que aplicando este polvo sobre las plantas las hacía madurar en unas pocas horas, y hasta dar frutos.
Nunca se ha podido lograr la elaboración de la piedra filosofal, porque los alquimistas han tomado la precaución de hace su fórmula extremadamente difícil de comprender, a fin de hacer su replicación imposible por personas que alberguen malos fines. La elaboración de la piedra es un proceso arriesgado que requiere de tiempo y dinero, además de una proverbial paciencia. Es arriesgado porque en uno de los libros donde se explica su elaboración (magisterio) hay compuestos presentes como la pólvora y dicen que más de un alquimista ha muerto por la explosión, si es que se aplica calor de forma inadecuada. Se somete al fuego la materia prima durante años porque los alquimistas purifican la materia con fuego y probablemente también sea desde una perspectiva más científica una forma de hacer ceder a la materia y mostrar propiedades desconocidas para muchos.
Las Cábalas

Las Cábalas
Las cábalas son esas acciones o actitudes que tomamos todos ante determinadas circunstancias que consideramos de mal augurio. Es una manera que tenemos los seres humanos de evitar las desgracias, y atraer la buena suerte. Hay muchas cábalas, de la más variada naturaleza. Y casi todas de ellas tienen su origen en las más antiguas creencias.
Cruzar los dedos. Es un gesto que emula la creación de una cruz con los dedos, un símbolo evidentemente cristiano. Se cree que semejante actitud conjura la mala suerte y aleja las influencias maléficas.
La pata de conejo para la suerte. Los celtas tenían una religión –la druida- que veneraba los animales del bosque y los elementos de la naturaleza. De hecho, evitaban ingerir conejos a los que les atribuían un carácter mágico. Además, se creía durante la época de la caza de brujas, que las mismas se transformaban en conejos para evitar ser atrapadas. De allí nace la creencia que la pata del conejo tiene propiedades mágicas, y que de hecho cura algunas enfermedades como la gota.
Poner la mano delante de la boca al bostezar. Se creía en la antigüedad que era necesario tapar la boca al bostezar para evitar que el diablo se introdujera en el cuerpo. Por ello, las madres cerraban la boca del bebé o hacían la señal de la cruz delante de ella cuando lo veían bostezar.
Levantarse con el pie derecho. La izquierda en general como sinónimo de la mala suerte tiene su origen en la creencia de que Judas el Iscariote se sentó a la izquierda de Cristo durante la última cena. Por esta causa, los pescadores jamás subirían a su bote por el costado izquierdo del mismo, es decir estribor. También en el pasado se perseguía a los naturalmente zurdos, y se los castigaba y obligaba a escribir con la mano derecha, ya que lo zurdo, el lado izquierdo, se asocia con lo siniestro.
Tocar madera. Tiene que ver con la costumbre bíblica de construir los templos dedicados a Dios en maderas especiales, como el templo de la Alianza, que contenía las tablas de Moisés, enteramente construido en madera.
Abrir el paraguas en la casa. Tiene que ver con la asociación entre el paraguas y el uso que se le daba a los mismos por parte de los curas durante los oficios religiosos. Así, surgió una asociación entre el paraguas y la muerte.
Romper un espejo. La creencia que romper un espejo trae mala suerte se basa en la creencia de los antiguos hombres que suponían que al ver el reflejo de una persona era como una copia de su alma, y que al romper el espejo, o la superficie que reflejaba a la persona, se dañaba también a la misma persona, fuente del reflejo. El tema de los siete años de mala suerte, es porque se pensaba que siete años es el ciclo natural que tarda el organismo en renovarse naturalmente.
Los dragones

Terror en el Medioevo
La mañana es hermosa en la campiña inglesa. Los campesinos realizan las labores diarias, preocupados por el resultado de la cosecha, o por otras cuestiones terrenales. De pronto, una gran mancha negra oscurece el horizonte. Todos comienzan a correr como hormigas luego de que alguien patea el hormiguero. Un enorme dragón bate sus alas, y escupe grandes lenguas de fuego sobre la desprevenida población. En solo segundos, devastación y muerte quedan instalados donde solía haber una próspera villa.
Los dragones son criaturas místicas que están en casi todas las mitologías del mundo: persas, aztecas, chinos, japoneses, celtas, nórdicos, romanos, todas las culturas recogen el mito de los dragones de igual manera. Una hermosa combinación entre un reptil y un pájaro, dueño de los cielos que asemeja a lo que luego sabríamos que fueron los gigantes reptiles voladores de la prehistoria.
El dragón simboliza la lucha. Hay matices entre lo que significa el dragón en las diversas culturas. Para los orientales, el dragón es bueno, un protector de los reyes, un enviado de los dioses para cuidar a los hombres. Para los europeos, se trata de un animal terrorífico, que azota las poblaciones y causa estragos. Probablemente este signo maléfico esté dado por la historia de Drácula, sinónimo por el que se conoce a Vlad Tepes, el tirano rumano que azotó a su pueblo por muchas décadas. Drácula se traduce como “Dragón”.
Los chinos conocen al dragón por el nombre de Long. De hecho, cada especie de dinosaurio que se descubre en ese territorio lleva el sufijo long, como es en castellano “saurio”. En estas culturas, el dragón es reverenciado como símbolo de poder y sabiduría. En las leyendas chinas, los dragones traen la lluvia y custodian los cielos, los ríos y los arroyos.
Por su parte, en la mitología germana, el dragón es conocido como Nidhug, y es de carácter terrorífico, característica que toman los dragones celtas también. Beowulf, el poema épico germano más antiguo que se conoce, es acerca de un dragón. El héroe, Beowulf, libera a su pueblo de un monstruo mitad hombre y mitad diablo. Es convertido en rey, y luego lucha contra un dragón, pelea en la que ambos mueren.
Para los celtas, el dragón era una divinidad de los bosques. Era el símbolo de los nobles de Britania, antes de 1066, año en que sucede la batalla de Hastings, e Inglaterra es conquistada por los normandos.
Para los cristianos, el dragón es la criatura del Apocalipsis, que traerá la destrucción total de la tierra. El dragón simboliza el pecado, como queda evidenciado por la leyenda de San Jorge y el dragón, en la que el santo lucha a mano limpia contra uno de estos animales, y lo mata con su lanza.




