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Las Brujas de Salem
La apacible aldea de Salem, hoy estado de Massachussets, Estados Unidos, recibe curiosamente más de 800 000 visitantes por año. Y es que en el pequeño pueblo aún resuenan los ecos de uno de los episodios más curiosos y sangrientos en la historia de la intolerancia humana.
A principios de 1692, los actuales Estados Unidos, por entonces todavía una colonia británica, vivían un período de mucha agitación. En la aldea de Salem, la efervescencia era aún mayor, ya que a las luchas por el poder entre familias rivales se sumaba la creciente influencia de los puritanos extremos, que en la práctica gobernaban la colonia, sobre la vida personal de sus habitantes. La tensión era enorme y podía estallar en cualquier momento. Lo haría de la manera más terrible.
A mediados de 1692, Betty Parrish y Abigail Williams, de 9 y 11 años, hija y sobrina respectivamente del reverendo de la comunidad, comenzaron a comportarse de manera extraña. Según testigos, se echaban a llorar sin motivo y se arrastraban por el suelo, o caminaban en cuatro patas, ladrando como perros. Las sospechas pronto recayeron en Tituba, la esclava antillana de la familia, quien tenía fama de poder leer el futuro. Por aquel entonces, la brujería era considerada delito contra el estado y se penaba con la horca, pero quienes admitían sus prácticas demoníacas eran indultados. Fue así como Tituba confesó ser bruja y salvó su vida. Pero apremiada por los jueces, declaró también que había muchas otras brujas en el pueblo, y un hombre alto y misterioso que las comandaba a todas. El fanatismo religioso y los odios solapados hicieron el resto: fue el comienzo de una cruenta cacería. Apoyándose apenas en los delirantes testimonios de Abigail y Betty, que aseguraban ser atacadas por fuerzas demoníacas, el tribunal de Salem ahorcó en sólo 7 meses a 20 personas y detuvo a otras 200, condenando a la mayoría a la pena de prisión perpetua. Otras 200 personas fueron también sospechadas de hechicería. El manejo de los juicios por parte de los puritanos desató críticas desde un primer momento, pero no fue hasta 1697 que los jurados pidieron disculpas públicas por los aberrantes procesos y los detenidos que permanecían en prisión fueron indultados. Para los ejecutados en la horca sólo quedó una rehabilitación tardía e inútil. Y un lugar en una de las páginas más vergonzosas de la historia de la crueldad humana.
El Gauchito Gil
Antonio Mamerto Gil Nuñez era el nombre “mortal” de este Santo Argentino. En realidad, no es un santo del santoral cristiano, pero es objeto de fuerte devoción, en un principio en la provincia de Corrientes, pero con el correr del tiempo, la fama de los milagros del Gacuchito se han extendido desde Ushuaia a la Quiaca.
No se sabe muy a ciencia cierta en qué momento exacto ocurrió todo, se estima que en algún momento entre 1840 y 1890. La fecha de su muerte, el 8 de enero, es tomada como el día del Gauchito Gil. Este año más de 250.000 personas se reunieron en torno al oratorio del Santo Correntino, para pedir trabajo, agradecer, y pedir por cuestiones de salud.
En la época del Gauchito Gil, la república Argentina estaba sumida en una sangrienta guerra intestina, entre unitarios (quienes deseaban centralizar el poder en la Capital Federal, la ciudad de Buenos Aires), y los federales (deseosos de construir una Argentina donde las provincias tuvieran tanta o más supremacía que el puerto de Buenos Aires). El Gauchito era oriundo de la ciudad de Mercedes, en Corrientes. El Coronel Zalazar, el caudillo local, lo había tomado prisionero injustamente al muchacho, acusándolo de cobarde y desertor. La idea era llevarlo a Mercedes y de ahí a Goya, donde supuestamente sería juzgado. Pero, era vox pópuli lo que sucedía con los que eran enviados a Goya: todos, inevitablemente, habían querido escapar en el camino, se producía una persecución y un tiroteo, y el reo, moría. Ninguno llegaba a Goya.
Los vecinos y amigos del Gauchito juntaron firmas, y elevaron una propuesta a Zalazar, para que le otorgara el perdón, cosa que sucedió. Pero en el camino, el soldado que lo llevaba, se dispuso a finalizar con la vida del Gauchito, como sucedía con todos los desertores. Cuando pararon en el camino, el Gauchito le dijo: “No me mates porque la orden de perdón viene en camino”. El soldado, inmutable respondió: “De esta no te salvas”. El Gauchito le advirtió que cuando volviera a Mercedes, le iban a decir que su único hijo estaba terriblemente enfermo y que moriría. Y le ofreció, que como su sangre inocente iba a ser derramada, que orara que él intercedería ante Dios para salvar a su hijo. El soldado le hizo burla, y de todos modos lo ejecutó.
Efectivamente, al volver a su casa, se encuentra con que el médico ya había desahuciado a su hijo. También le informan del perdón al Gauchito, por lo que el soldado recuerda las palabras del Gauchito. Entonces, decide orar a Dios, para salvar la vida de su niño, y le pide al Gauchito que haga el milagro de no llevárselo. Al llegar el nuevo día, el milagro se había consumado, y el niño no murió.
Como agradecimiento y pedido de perdón de sus pecados, el soldado construyó con sus propias manos una cruz con ramas de ñandubay, la cargó sobre sus hombres y la llevó al lugar donde había matado al gauchito. Colocó la cruz, pidió perdón y agradeció.
La cruz dio el nombre al cruce de caminos y, con el transcurso del tiempo, se convirtió en un lugar de peregrinación.
El bebé del Corán
Ali Yakubov, tal es el nombre de la criatura, un bebé de tan solo 9 meses. Desde hace unas semanas, el minúsculo pueblo de Dagestán, al sudoeste de Rusia y de mayoría musulmana, se encuentra revolucionado por los milagros de los que son testigos. En la piel de las piernitas del bebé aparecen citas enteras del Corán, el libro sagrado de los musulmanes, con una regularidad asombrosa, cada lunes y viernes aparecen y permanecen legibles durante tres días. Después desaparecen tan misteriosamente como aparecieron.
Lo que se ha podido leer hasta ahora son máximas como:
“Dios que Alá”
“Sé agradecido con Alá”
“Alá es creador de todo lo existente”
Nadie ha podido comprender cómo es que se pueden ver con claridad las máximas extraídas del texto musulmán sagrado en claras letras árabes, estampadas como marcas de nacimiento en la piel del bebé.
Los padres del niño no se consideraban como personas “muy religiosas”, pero, según ellos, los prodigios de los que son testigos, los han hecho replantear su la profundidad de su fe.
Ya se organizan peregrinaciones de miles de personas a la casa de la familia de creyentes, que albergan la esperanza de poder llevarse algún objeto del niño, como un botón o una prenda de ropa, ya que dicho ítem tendría poderes milagrosos.
Los padres del bebé y las autoridades musulmanas locales creen a pies juntillas en que las marcas son verdaderos mensajes de Alá, enviados para todos los hombres. Tal es la opinión de Ismail Berdyev, vocero de la iglesia musulmana del Cáucaso.
Sin embargo, lógicamente, se han levantado voces en contra, como la de Lyudmila Luss, del instituto ruso de Inmunología, quien afirma que es posible realizar las frases de manera química. Muchos defensores de los derechos de los niños temen que los padres estén aplicando algún elemento sobre la piel de la criaturita que pueda causar los visibles estigmas, tales como la sal, o la pimienta.
Por su parte, los padres se han negado a hacer los estudios que se les requirió sobre la piel de bebé, a fin de determinar cuál es la verdadera causa de tan extrañas reacciones.
Bernadette Soubirous y Nuestra Señora de Lourdes

Santa Bernardette
Nacida en 1844 en Lourdes, Bernardette era la mayor de varios hermanos. La vida en la Francia rural del siglo XIX era dura por demás. Toda la familia vivía en el sótano de un viejo molino, un lugar húmedo e insalubre que no contribuía en nada a la salud de la pequeña.
Siendo muy niña, siempre mostró una salud muy frágil. En su infancia sufrió cólera, lo que la debilitó bastante, condición que la afectaría toda su vida. A poco de sanar, desarrolló una persistente asma, que finalmente marcaría una de las causas de su deceso, con sólo 35 años.
Su padre rara vez tenía empleo, era molinero, y la actividad en esta área era muy escasa. Su madre realizaba ocasionales trabajos de costura, con lo que ayudaba al sustento familiar. Era una mujer piadosa, que sufría por sus niños, y trataba de cuidarlos de la mejor manera posible con las severas limitaciones materiales que atravesaban.
Pero hacia los 14 años, se hizo claro el propósito de la existencia de Bernardette en este mundo. En sus caminatas y juegos infantiles, la llevaron a una gruta de la localidad de Massabielle, al oeste de Lourdes. Allí, sucedió el milagro. La Virgen María se le apareció en 18 ocasiones, y le dio a Bernardette importantes mensajes e instrucciones para sus hermanos. Inmediatamente, se dudó de Bernardette, al ser una niña prácticamente analfabeta y sin instrucción.
En la tercera aparición, la Madre se dirigió a la niña, y le pidió que viniera durante quince días seguidos a la gruta. También la Madre le prometió a Bernardette que la haría inmensamente feliz, pero no en esta vida, sino en la otra. Bernardette accedió, y su destino como Santa de la Iglesia Católica estaba sellado.
¿Cuál era el mensaje que la Virgen María quería transmitirle a Bernardette, y a través de ella a todos los hombres de buena voluntad? María invitaba a todos a la penitencia y a la oración por los pecadores. También nos enseñaba que deberíamos vivir en una una pobreza más evangélica. El 2 de marzo de 1858, la Madre se expresó diciendo que quería que se construyera allí un templo para su adoración. En este templo se han producido más de 2500 curaciones inexplicables (milagrosas) por el poder del agua bendita del manantial, y de la fe cristiana. La Madre estaba dispuesta a saciar la sed, no solo de fe, de todos. Por ello, se manifestó el 25 de febrero a Bernadette, quien excavó en la roca y descubrió la fuente de agua que hasta el día de hoy es meta de peregrinaciones por parte de tantos católicos y que ha sido testigo de estos milagros.
En 1868 Bernardette pronuncia sus votos, y se convierte en monja en la Comunidad de Hijas de la Caridad de Nevers. Su vida en el convento fue dura. Siempre aquejada por una salud delicada, el desarrollar una dolorosa tuberculosis ósea, esto no la detuvo en la realización de sus tareas, se dedicó a ser enfermera y sacristana durante nueve años, hasta que no pudo más por los agudos ataques de asma y la grave enfermedad que padecía.
Poco antes de morir, un obispo que iba camino a Roma llega al convento. Bernardette aprovecha la oportunidad para enviarle al Santo Padre un mensaje donde solicitaba su bendición. Al regresar de la Santa Sede, el obispo le trajo a Bernadette una especial bendición del Papa y un crucifijo de plata que le enviaba de regalo. Era el 15 de abril de 1879. Al día siguiente, el 16 de abril de 1879, con apenas 35 años, murió.
Pero los milagros de Bernardette no terminan allí. Su cadáver fue exhumado tres veces. En 1909, por primera vez, y luego en 1925 con motivo de su beatificación. En ambas oportunidades, si bien el crucifijo y el rosario que llevaba en sus manos se habían oxidado, el cuerpo estaba perfecto. Luego el cuerpo fue trasladado a la capilla de Sainte Bernadette en el convento de Nevers y depositado en un ataúd de cristal, donde es objeto de visitas y peregrinaciones.
El Santo Sudario II

El Santo Sudario
Ríos de tinta han sido escritos por años y años acerca de la veracidad de este objeto considerado sagrado por muchos. Asimismo numerosos estudios han sido realizados en un intento de determinar el origen de la pieza. Los estudios que más prensa han tenido han sido los de carbono 14. El mismo consiste en el estudio de un isótopo (variedad atómica de un elemento) del carbono, que permite establecer (con grandes márgenes de duda) la antigüedad de un objeto. Como las cosas eliminan carbono, cuanto menos carbono se les detecta al realizar la prueba, más viejas son.
Grandes dudas ha generado este estudio de carbono 14 en particular, dado que la muestra extraída del sudario era del perímetro del mismo, factor que hace que se encuentre particularmente contaminada por los sucesivos manoseos que el sudario ha sufrido a lo largo de su vida. Esta prueba dio como resultado que el sudario databa del Siglo XIV, en plena Edad Media.
También se ha analizado los granos de polen contenidos en la tela. Este estudio fue llevado a cabo por investigadores de la Universidad Hebrea de Jerusalén. Los granos de polen se han identificado como pertenecientes a especies primaverales de Palestina, lo que apoya la teoría de la veracidad del sudario. Asimismo, se pueden ver contornos de flores grabados en la tela, que corresponderían a especies nativas de zonas próximas a Jerusalén. De todos modos, este tipo de tests, apoyan pero no dan nada por sentado ni probado cien por ciento.
El más reciente estudio que data del 2008 fue uno de micro fotografía, desarrollado a pedido de la BBC por la empresa HAL9000, experta en fotografía de alta resolución. Se le tomaron al sudario más de 1300 fotografías, las que luego se componen en una sola gran pieza que permite ver detalles de la misma manera que si se examinara el sudario en un microscopio.
El Vaticano se opone a la realización de más pruebas, porque argumentan que la naturaleza destructiva de las mismas puede causar daños a la tela. Se cree que no cambiarán de opinión en un futuro próximo.
El Santo Sudario

Imagen del Rostro del Santo Sudario
El Santo Sudario es una tela de lino y algodón, de 4,40 metros de largo por 1,10 metros de ancho. Se cree que es la tela con la que se envolvió el cuerpo de nuestro Señor Jesucristo, al momento de ser retirado de la cruz, luego de la crucifixión.
En la tela se puede ver el contorno de un hombre crucificado, por delante y por detrás, teniendo el medio del paño como eje de ambas impresiones. Asimismo, es notable el detalle de los clavos de las manos, que en rigor de verdad no estarían atravesando las palmas, sino las muñecas. Era común que se atravesara la carne a la altura de las muñecas, o en muchos casos entre cúbito y radio, para que pudiera soportar el peso de la víctima.
La tela del sudario es de lino y se condice con las técnicas de elaboración del tejido en el siglo I de nuestra era.
Por muchos años se desconocía el paradero del sudario. Durante diez siglos, el paño estuvo oculto. En 944 se cree que fue transladado a Constantinopla, al menos así lo menciona un sermón de Gregorio Refendario, diácono principal de la Hagia Sophia, la iglesia de Santa Sofía en Estambul. El texto del sermón apareció luego de haber estado muchos años perdido en la biblioteca del Vaticano.
Otros testimonios dan cuenta del paradero de la tela en el siglo XIII. En 1203, Robert de Clari, un cruzado, asegura haber visto la tela en Constantinopla: «Donde estaba el sudario en el que nuestro Señor fue envuelto, y que cada viernes se alzaba bien alto para que uno pudiera ver en él la figura de nuestro Señor».
En 1206 Constantinopla fue saqueado por los cruzados, quienes se repartieron sus tesoros. A partir de aquí se pierde nuevamente el rastro del sudario, y se estima que fue cuidado por los Templarios hasta su disolución en 1312.
En 1357 reaparece la tela, a manos de la viuda de Jean de Charney, nieto del caballero templario Geoffroy de Charney, compañero del Gran Maestre Jacques de Molay, último Gran Maestre de la Orden.
En 1418, la sábana, todavía en poder de esta familia, es traslada a Francia, para mantenerla alejada de los saqueadores. La sábana así comienza una historia bien documentada por diversos países de Europa, principalmente para ser exhibida.
En 1532, el sudario resultó dañado en un incendio en la capilla donde se guardaba. Una gota de plata fundida del relicario le dejó una marca dispuesta simétricamente entre las diversas capas de la tela doblada. El daño fue tratado de reparar por medio de parches que las monjas clarisas le aplicaron, sólo empeorando así el estado de conservación de la tela. El agua que se empleó para apagar el incendio también la dañó. En 1578 fue llevada nuevamente a Turín, lugar donde permanece hasta ahora.
Las gárgolas

Las Gárgolas
Las gárgolas nacieron en la Edad Media, como un “subproducto” de la edad oscura. Se suponía que las gárgolas formaban parte de lo que se llamaba “Bestiario”, un conjunto de bestias que castigaban el pecado y se encargaban de atormentar a las pobres almas en pena que caían en el Purgatorio.
El Bestiario era un conjunto de bestias mitológicas, originadas en la mitología grecorromana, de las cuales se “apropió” la Iglesia Católica durante los años oscuros, para educar en la fe cristiana, básicamente amenazando a los feligreses que si eran presa del pecado serían atormentados eternamente por estos animales, como las gárgolas, los grifos, los dragones y los basiliscos.
Cuenta el mito que en una época antigua, alrededor del en el año 600, una villa rural de Francia, que aún no había abrazado la fe cristiana, era azotada sistemáticamente por la presencia de una furiosa gárgola. El nombre se origina en la palabra “gárgara” o “gorgoteo”, porque ese el ruido que hacían las gárgolas, un gorgoteo que les salía de la garganta.
Los locales de la villa no sabían cómo enfrentar a esta terrible criatura, que con su aliento de fuego causaba estragos en la villa, y muchos muertos. Entonces, el sacerdote cristiano Romanus llegó a la villa dispuesto a pactar con el dragón si los ciudadanos de esta localidad aceptaban ser bautizados y construían una iglesia dedicada al culto católico.
Romanus se hizo de coraje, y simplemente munido con los elementos necesarios para realizar un exorcismo –una cruz, una campana, la Biblia y unas velas- logró dominar a la feroz bestia. De un momento a otro, el animal se convirtió en una dócil criatura, a tal punto que Romanus entró en la villa con paso triunfante, llevando a la gárgola atada con una simple soga, como si fuera un manso perrito faldero.
Los aldeanos hicieron lo que habían prometido, se convirtieron al cristianismo y recibieron la evangelización de mano de Romanus. Luego, quemaron a la temible bestia en una hoguera. Como la gárgola escupía fuego, su cabeza y sus labios eran resistentes al calor extremo, en consecuencia no se quemaron con el fuego de la hoguera. Entonces, los aldeanos decidieron colocar estas partes en la pared del ayuntamiento, para recordarles a todos por mucho tiempo los tormentos que habían atravesado.
Nuestra Señora de Covadonga, el colegio encantado de Turón (Segunda Parte)

La construcción del edificio de Nuestra Señora de Covadonga terminó en 1917, pero recién en 1939 fue utilizado como el colegio al que concurrían los hijos de los mineros.
Durante la revolución obrera que ocurriera en 1934, los maestros que pertenecían a la orden de los hermanos de La Salle, fueron detenidos y más tarde ejecutados en un cementerio que se encuentra próximo al colegio. Por este acontecimiento tan lamentable el Papa los nombró Santos y Mártires de Turón en el año 2000.
Toda la historia que guarda este lugar puede ser reconstruida a través de testigos del lugar, que relataron que durante la Guerra Civil el pueblo fue acusado por su participación en la revolución, lo que generó venganzas por sus tendencias.
Como en el lugar no existía un cuartel el colegio fue tomado para esos menesteres en forma provisional en el año 1937.
Los acusados de rebeldes eran llevados a la boca de una mina cercana que hacía de fosa común.
Para evitar escándalos en el pueblo, todos eran ejecutados en el patio del colegio y según muchos relatan los restos aún deben estar bajo el concreto y el asfalto del lugar.
Algunos testigos dijeron que sólo tres aulas era utilizadas para impartir clases y el resto eran utilizadas como cárcel.
En cuanto a la historia de los educadores asesinados allí, es una historia que aterra y conmuve a la vez.
En el año 1934 ocho Hermanos trabajaban en el colegio, seis de ellos tenían sólo un año en el lugar, llegaron allí cuando la Ley de Congregaciones Religiosas prohibió el dar clases a religiosos, fue entonces que ellos cambiaron su vestimenta para poder continuar con su tarea.
Su trabajo era muy importante dedicándose con esmero a su tarea de educadores.
En la madrugada del día 5 de octubre, comenzaron a ser detenidos por orden del Comité local todas las personas señaladas como revolucionarios, los sacerdotes entre ellos.
A pesar que los Hermanos fueron avisados para que pudieran huir o esconderse no lo hiceron y cuando se hallaban en el ofertorio de la misa, soldados invadieron el lugar declarando detenidos a los religiosos y por la calle central de la ciudad fueron llevados a la prisión tanto los hermanos como el Capellán.
Los carceleros obligaron a todos a quitarse el hábito que llevaban.
Cuatro días permanecerían allí los Hermanos con resignación y tranquilidad, lo que fue de gran ayuda para el resto de detenidos que luego recordarían esto con emoción.
En la víspera de la muerte los Hermanos fueron interrogados y por el tono de la conversación se dieron cuenta del peligro y como preparación decidieron confesarse. Su ejemplo alentó a otros detenidos que también lo hicieron.
La última noche antes de la ejecución, en otra escuela cercana al lugar donde los hermanos seguían presos, se reunian quienes iba a ejecutarlos, que por temor a las reacciones violentas de los pobladores habían hecho un plan que sería llevado adelante con astucia, disimulo y en la oscuridad de la noche.
A la una de la mañana del día 9 de octubre se abrió la puerta de la sala donde se hallaban detenidos los hermanos, y les dieron la orden de sacarse los abrigos y entregar todo aquello que llevaran encima.
Les dijeron que pensaban llevarles al frente, para servir de parapeto ante los soldados.
Se les preguntó:
- “¿Qué armas saben Vds, manejar?”
Todos respondieron que ninguna.
- “¿Es que no han hecho el servicio militar.?”
Unos dijeron que sí, pero como religiosos y enseñando en los cuarteles.
Otros no lo habían hecho por ser muy jóvenes aún.
Les preguntaron- “¿Saben Vds. a dónde van?”
Respondieron negativamente, aunque intuían que les llevaban para terminar con sus vidas.
- “Pues van Vds. al frente, a la línea de fuego, para que, al verles, nuestros enemigos dejen de disparar “.
Con el disimulo y engaño que habían usado hasta entonces, se dirigieron a los que estaban apartados y les ordenaron:
- «Salgan de aquí los curas de la Parroquia».
Obedecieron los dos, pues el capellán, D. Tomás Martínez, ya no se encontraba entre ellos, debido a su enfermedad. Les hicieron algunas preguntas y les mandaron quedarse.
A los demás, se les indicó salir del lugar.
En ese instante, las diestras de los dos sacerdotes que se quedarían, se alzaron con el signo de la absolución, pues estaban convencidos de que les llevaban a la muerte.
Lo relatado hasta aquí es rigurosamente cierto, tiene como base un documento redactado, por los sacerdotes que quedaron vivos, días después de los hechos.
La ejecución de los hermanos fue reconstruida por medio de testimonios de algunos de los que intervinieron en ella.
Mientras los llevaban para el lugar donde serían ejecutados nuevamente se les pregunto:
- «¿Saben Vds. a dónde van?»
El Hermano . Augusto respondió en nombre de los demás:
- «A donde Vds. quieran. Estamos dispuestos a todo, pues ya nada nos importa» la respuesta a esto sentenció:
- «Pues van Vds. a morir por rebeldes».
Las víctimas no se inmutaron. Obedecieron la orden, los carabineros iban al frente y el último era el Padre Inocencio.
Les llevó de 8 a 10 minutos llegar al cementerio, una vez allí aún tuvieron que esperar al enterrador que no había acudido todavía.
Se les dio la orden avanzar hasta el centro del cementerio, allí los colocaron frente una zanja de unos ocho metros y ante sus ojos se alzaba el Colegio iluminada que fue lo último que los mártires contemplaron antes de morir.
Se dio la orden de fuego y con dos descargas quedaron acribillados, algunos que habían quedado con vida recibieron un remate de pistola.
Mientras, tanto el grupo de asesinos se volvía hacia sus puntos de origen. Seguro que lo hacían desconcertados por la serenidad de las víctimas, que no habían proferido ni una queja ni una protesta.
Días después, fue detenido el capitan Castaños quien llevó adelante los fusilamientos y dijo que tanto el padre como los hermanos escucharon con tranquilidad la sentencia y con paso firme y sereno fueron al cementerio, tanto que -”yo, dijo el capitán , que soy hombre de temple, me emocioné por su actitud…”
“Me pareció que por el camino, y cuando estaban esperando ante la puerta, rezaban en voz baja …”
Todo este relato nos sirve para pensar, si es posible que desde otra dimensión estos mártires trataron de comunicarse y lograr que se descubriera la verdad de los hechos para poder así tener el descanso eterno de sus almas que clamaban justicia.
El Apocalipsis

El Apocalipsis
“Todo concluye al fin, nada puede escapar”, reza una popular canción argentina. Y es completamente cierto. De forma dramática, o de manera imperceptible, todo va cambiando día a día, por lo que ningún objeto permanece hoy exactamente igual a como era ayer, ni desde un punto de vista físico ni filosófico. Todo cambia, se producen ciclos de nacimiento, crecimiento y muerte. Y el mundo tal cual lo conocemos llegará a su fin también. Es una ley del Universo.
El Apocalipsis es la descripción bíblica de cómo será este fin del mundo. Es decir, para la doctrina cristiana, el fin de los tiempos se producirá de la manera en que se describe en este apartado bíblico. El mismo fue dictado a Juan, el profeta, y constituye el último libro del Nuevo Testamento.
Es muy difícil extraer significados de este escrito, por el extenso carácter simbólico del contenido. Podemos, entonces, dedicarnos a leerlo y tomarlo literalmente, o ir un paso más allá y tratar de descifrar esta riquísima simbología.
El texto en si es un misterio. Las cartas originales están escritas en griego y hebreo en su mayor parte. Hay palabras que no se pueden traducir a la par por que tienen varios y diferentes significados. Es decir que estos textos ya han pasado por varias manos (editores y traductores). Pero lo importante es tomar el mensaje en su totalidad y qué es lo que Dios quiere transmitir a sus hijos.
Son tres las escuelas existentes para interpretar el Apocalipsis. La primera manera, lo toma como historia contemporánea del autor pero relatada de manera apocalíptica. Así, el relato carecería del valor profético, y por ende no tendría gran significación para el creyente. La segunda teoría, o de recapitulación, busca en el libro de San Juan las distintas etapas de la historia de la Iglesia, pasadas y futuras, o por lo menos de la historia primera de la Iglesia hasta los siglos IV y V, sin excluir el final de los tiempos. Finalmente, la tercera manera de interpretarlo ve en el Apocalipsis exclusivamente un libro profético escatológico, como lo hicieron sus primeros comentadores e intérpretes, es decir San Ireneo, San Hipólito, San Victorino y San Gregorio Magno.
Cualquiera sea la manera que nos aproximemos a este texto, su fuerza visual y su impacto en el lector es enorme, y no importa de qué manera lo tomemos, ya sea de manera profética o no, las metáforas y riquezas de este escrito subyugan desde la primera línea.
Los zombies

Los Zombies
Este mito tiene su origen en la religión Vudú, que se practica en grandes regiones de África occidental, y, a partir del tráfico de esclavos llevado a cabo hacia el nuevo mundo, su práctica se extiende a De aquí surgiría el vudú haitiano y un gran número de cultos derivados: la Regla de Ocha o Santería en Cuba, la Santería en República Dominicana, el Candomblé, la Umbanda y Kimbanda en Brasil, así como las manifestaciones africanistas en Puerto Rico y los demás países del área del Caribe. Finalmente le vudú llegaría a Haití, donde tuvo gran acogida por parte de la población local.
Para los practicantes del vudú, los zombies son muertos, que han sido traídos de nuevo a la vida por un hechicero, para convertirlo en su esclavo. El houngan o bokor es el hechicero vudú, que mediante rituales y pócimas mágicas es capaz de traer de nuevo a la vida a los muertos. Pero estos no resucitan de la misma manera en que eran en vida. El resucitado queda sometido en su voluntad a lo que el brujo quiera. Esta vivo, pero sin alma.
Un caso de zombies de la realidad, más allá de las películas de Hollywood, fue el de Felicia Felix-Mentor. Felicia había muerto en Haití en 1907. Sin embargo, los lugareños aseguraban seguir viéndola en el lugar, treinta años después de su muerte. El caso fue estudiado en 1937 por la antropóloga Zora Neale Hurston, aunque no pudo llegar a ninguna conclusión.
Según estudios posteriores, llevados a cabo hacia 1982 por el antropólogo canadiense Wade Davies, lo que llevaría a un ser humano a convertirse en un zombie es una pócima a base de polvos, la coup de poudre, que haría que la persona entre en un estado de muerte aparente. El principio activo de estos polvos es la toxina del pez globo, la tetrodotoxina (TTX). Según la creencia de la gente, comer sal liberaría a la víctima del embrujo.
El bokor tiene, según la creencia popular, la habilidad no solo de resucitar los muertos, sino de provocar la muerte en quien el quisiera, a la distancia, y de manera dramática. Por ello, granjearse la enemistad de un bokor, es una sentencia a muerte segura.
Haiti, país donde la religión vudú es la predominante, es el país más pobre de América. En 1804, la rebelión de los esclavos acabó con el colonialismo de Francia convirtiendo a Haiti el primer pais que abolió la esclavitud. Sin embargo, semejante privilegio de privilegio de poco le ha servido, ya que nunca ha logrado progresar económicamente. La leyenda dice que los esclavos hicieron un pacto con el Diablo para conseguir su independencia y de este modo Haiti se convirtió en el primer país consagrado al Diablo. La creencia en la magia en Haití es tal que existen párrafos en su legislación que hablan de las penas que se deberán imponer a las personas que conviertan a un conciudadano en zombie.


