
Así se embalsamó el cuerpo de Evita
La abanderada de los pobres, la más bella de todas, había fallecido para desconsuelo de su pueblo que, en su gran mayoría, la adoraba, como se adora a una santa. A los 33 años, en la plenitud de su vida, un cáncer se había llevado inexorablemente a Eva Duarte de Perón. La tragedia sucedió el 26 de Julio de 1952.
El General Perón, por entonces presidente de la República Argentina, ordenó que el cuerpo fuera embalsamado. El proceso de embalsamamiento duró más de un año. El mismo estuvo a cargo de un experto, el patólogo español, el Dr. Pedro Ara. Parte del proceso consistió en reemplazar la sangre primero por alcohol y luego por glicerina, que mantiene el cuerpo intacto y otorga a la piel un aspecto casi transparente. Luego se le aplica una capa de cera al cuerpo, y al pelo también, el cual posteriormente es peinado con un peine fino, para dar un aspecto natural.
Dos millones de argentinos desfilaron por la capilla ardiente donde se realizaron las exequias de Santa Evita, como se le decía entonces.
Pero la suerte estaba a punto de cambiar para el general Perón. En 1955 se produce el golpe militar, y Perón debe huir al exilio en Madrid. Los militares habían tomado el poder.
Su misión fue sistemáticamente desarmar el aparato de poder de Perón, desacreditarlo, y minar el apego de la gente hacia su figura. Para eso, se apeló a violentas campañas de prensa, primero desacreditando al General, y luego, por ende, a Evita y a su matrimonio. Pero no fue suficiente.
El General Lonardi, el presidente de facto de ese momento, estaba desesperado. El cariño y el recuerdo de la gente no cesaban. Su idea era directamente destruir el cadáver de la ex Primera Dama. El mismo estaba en exhibición en la sala 63 del edificio de la Confederación General del Trabajo, en Buenos Aires.
Las cosas para Lonardi tampoco resultaron como él esperaba. El militar fue destituido por sus pares, víctima de una especie de golpe militar dentro del propio gobierno militar. Pedro Aramburu se convirtió en presidente. Corría el año 1955.
Aramburu también recibió “una papa caliente”, como era el recuerdo permanente de los pobladores por su extinta líder. Aramburu decidió tomar medidas extremas. Esa noche de Noviembre de 1955, el Dr. Ara, quien había embalsamado el cadáver, se encontraba sólo, como muchas veces en la sala donde estaba el cuerpo de Evita. De golpe, un grupo de militares irrumpe en el sitio, comandados por el coronel Carlos Mori-Koenig, jefe del servicio de inteligencia del Ejército. Lacónicamente explicó: “He venido a llevarme el cadáver”. Por más que el Dr. Ara protestó, nada se pudo hacer. Los soldados retiraron el cuerpo del fino ataúd de tapa de cristal donde se exhibía, lo colocaron en un ataúd modesto, corriente, como el de cualquier pobre mortal, y se lo llevaron. Por 16 años, su destino fue un misterio.