Eran las 7.30 de la mañana, de ese martes , ya todos los alumnos y profesores se encontraban en la escuela, la nro. 202 Islas Malvinas, en pleno centro de Cármen de Patagones, ciudad del interior de la provincia de Buenos Aires.
Ya era la hora de izar la bandera, terminado el acto todos ingresaron a las aulas. En breve llegaría el profesor a dar su primera clase del día.

Federico Ponce, uno de los alumnos le entrega a su compañero y mejor amigo Nicolás Leonardi un cd que le había gravado la noche anterior.
Todo transcurría normal, como cualquier día de clase en cualquier colegio del país.
Junior también estaba allí, sentado junto a Dante su compañero de banco. En un momento dado se pone de pie y camina hasta el frente del aula, comienza a mirar a sus compañeros, luego vuelve la vista hacia el pizarrón, nuevamente a sus compañero y vuelve a su lugar.
De pronto, nadie puede recordar muy bien de donde, Junior saca un arma, una Browning negra que era de su padre, apuntó y disparó el primer tiro.
Muchos se rieron pensando que se trataba de una broma, pero no lo era. Junior se aproxima al pizarrón y desde allí comienza a disparar sin detenerse.
El ruido de los disparos se confundía con los gritos aterrorizados de los chicos.
Cuando el primer cargador con 13 balas se acabó, Junior sacó del bolsillo de su abrigo un segundo cargador y con él volvió a cargar el arma gatillando dos veces más. Recién entonces se detuvo, salió del aula, caminó unos pasos y cayó de rodillas al piso. Su amigo Dante se acercó a él y le dijo algo al oído.
Según los dichos de algunos chicos, Junior jamás le apuntó a Dante, sin embargo éste lo desmiente y afirma haber pegado en la mano a Junior para que soltara el arma.
Todos los alumnos corrían desesperados, dentro del aula sin embargo, quedaban cuatro chicos: Federico Ponce, Pablo Saldías, Evangelina Miranda y Sandra Núñez. Había mucha sangre en el suelo y los balazos podían verse en las paredes.
Cuatro alumnos que estaban heridos pudieron salir por sus propios medios, uno de ellos tenía un tiro en el pulmón y otro le había perforado el estómago y el intestino.
Cuando el preceptor Juan Pablo González entró al aula, se encontró con los cuatro cuerpos, las dos chicas estaban muertas, al igual que Federico Ponce, pero cuando el preceptor tomó la muñeca de Pablo Saldías, se dio cuenta que estaba con vida. De inmediato fue llevado al hospital y por milagro salvó su vida, a pesar de haber perdido un vaso, un riñón y parte de los pulmones. Estuvo 5 días en coma luchando por su vida.
Los crímenes de Cármen de Patagones dejaron como triste saldo 3 muertos y 5 heridos. Después de haber disparado Junior fue detenido por la policía dentro del colegio, y llevado a Bahía Blanca una ciudad próxima, en donde pasaría los próximos 3 meses en la base de la Prefectura de Ingeniro White.
Estaba sólo, sin ningún medio de comunicación a su alcance. Fue examinado por pisólogos y psiquiatras, pero jamás se dieron a conocer los resultados.
Hoy, la causa de Junior fue archivada porque en la época de los asesinatos él era menor, por lo tanto inimputable. Su familia se mudó de la ciudad de Cármen de Patagones. Las familias que perdieron sus hijos siguen clamando justicia.
Se dice que Junior fue trasladado a un instituto psiquiátrico, con identidad nueva, y puede que algún día vuelva a caminar libremente por las calles.
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