En septiembre de 1957, el doctor Olavo Fontes, prestigioso gastroenterólogo, aceptó convertirse en el representante para Brasil de APRO, entidad norteamericana que estudia el fenómeno OVNI. Hombre de rigurosa formación científica, el Dr. Fontes se propuso aplicarla también a la investigación de este tema polémico. Muy pronto tuvo trabajo: el 14 de septiembre de 1957, el periodista Ibrahim Sued, del periódico O Globo, recibió una carta anónima. En ella, un lector relataba una curiosa experiencia vivida en la playa de Ubatuba, en San Pablo.
Narraba que, encontrándose allí con un grupo de amigos para pescar, avistó un platillo volador que avanzaba hacia el agua a enorme velocidad. Justo antes de estrellarse, el platillo había detenido su marcha para elevarse de nuevo y, finalmente, estallar en mil pedazos. Los atónitos pescadores habían visto entonces una lluvia de fragmentos plateados cayendo sobre el mar. Algunos, relataba el anónimo testigo, habían llegado hasta ellos, que los habían guardado. A continuación, los ofrecía al periodista. Ibrahim Sued aceptó y pronto estuvo en posesión de 3 fragmentos del supuesto OVNI, que entregó al Dr. Fontes para que los investigara.
Fontes envió 2 de las muestras a Estados Unidos, y mandó analizar la tercera en el prestigioso Laboratorio de Producción Mineral del Ministerio de Agricultura de Brasil.
Los estudios realizados en ambos países arrojaron resultados sorprendentes. Según los especialistas, el principal componente de los 3 fragmentos metálicos, livianos como el papel, era el magnesio. Pero un magnesio de una pureza inédita, más puro aún que el estándar de medición. Y aunque esto no probaba que el material no perteneciese a este planeta, lo cierto era que no se conocía ningún procedimiento comercial que produjese ese tipo de fundición de magnesio.
Para el doctor Fontes no hubo dudas: se trataba de un material extraterrestre.
Pocos meses más tarde, el Dr. Fontes recibió una advertencia inesperada. Oficiales de los ejércitos brasileño y norteamericano lo visitaron para revelarle una información confidencial: 6 ovnis se habían estrellado alrededor del mundo durante la Segunda Guerra Mundial. 3 en Estados Unidos, 1 en Inglaterra, 1 en el desierto de Sahara y otro en la Península Escandinava. En todos ellos se habían encontrado tripulantes, fallecidos a causa del impacto. Y en todos los casos se trataba de pequeños seres humanoides.
Pero que definitivamente, no eran humanos.
Los militares advirtieron entonces a Fontes que no siguiera investigando el tema OVNI.
Pero sólo lograron avivar la curiosidad del médico.
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