El duende sanjuanino


El duende sanjuanino

El duende sanjuanino

Hace unas semanas, el tranquilo poblado sanjuanino de Chimbas, en la república Argentina, se encuentra conmocionado por la aparición de un extraño duende.  La descripción que se hace del mismo es el de una pequeña criatura de unos treinta centímetros de altura, con orejas puntiagudas, que gruñe y pega alaridos, enloqueciendo a los perros del poblado, que inmediatamente se ponen a aullar en manada, ante los inusuales sonidos.

Hasta la policía local realizó allanamientos en viviendas donde se suponía que estaba el duende, con resultados infructuosos. Todo comenzó con el relato de un vecino local, Ariel Fernández, un hombre de 31 años, que dice que atrapó al duende, y lo tuvo en su casa en cautiverio, encerrado en una jaula, hasta que movido por la pena, lo dejó ir, no sin antes sacarle varias fotografías.

El vecino, mientras tuvo al duende cautivo, cobraba un pequeño arancel para que los demás pudieran verlo. Los testigos relatan que el duende gruñepega alaridos que pueden ser escuchados a una gran distancia. Fernández dice que se arrepiente de haber liberado al duende, ya que al otro día aparecieron personas de una universidad local con la intención de comprárselo.

Los relatos son estremecedores. Según una joven mujer de la localidad, ella relata que “Era impresionante. Verde, daba mucho miedo. Yo no lo quise mirar mucho”. El ser no hablaba, sólo realizaba sonidos guturales. En sus manos, en vez de cinco dedos tenía cuatro. Los que lo vieron dicen que parecía “un viejito deforme”. Sus orejas son puntiagudas y se desplaza caminando de costado.

Cualquiera sea la naturaleza del supuesto duende, surgen muchísimos interrogantes. En primer término, en caso de ser una persona que sufre de enanismo, es casi imposible que alguien con este trastorno genético llegue a medir tan poco, a penas treinta centímetros. Además la coloración de su piel era extrañamente verde. Durante su cautiverio, se negó a comer y a tomar. Lo único que comió durante esos días fueron unos cueros de pollo. Ariel Fernández había encontrado el extraño ser merodeando cerca del cementerio local.

Ariel se decidió a liberarlo porque el duende comenzó a tener los ojos rojos, y parecía muy triste o enojado. Realmente, pienso que en definitiva es una suerte que no hayan llegado a poder comprarlo los representantes de la universidad local, quienes seguramente lo hubieran hecho vivir momentos de gran sufrimiento en su afán de “estudiarlo”.

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