
El Edificio de Andresito
España, muy cerca de Bilbao. Un poblado llamado Gasteiz, sobre la calle Olaguíbel, una vieja propiedad se prepara para una demolición. Es una de esas vetustas ruinas que reflejaban el rico pasado histórico del país. La propiedad original había sido construida en las ruinas del convento de San Francisco del año 1200, más de 8 siglos atrás.
A medida que la nueva edificación progresaba, en la década del treinta, se podía registrar nuevas evidencias de actividad paranormal. Aparentemente, las almas que allí descansaban comenzaron a alborotarse. Todo fue tirado abajo, menos el arco de piedra de la parte trasera de la propiedad. Y así quedó erigido el nuevo palacio de Hacienda de la localidad. Pero no todas las deudas habían sido pagadas.
Quienes entraban a la nueva oficina municipal, funcionarios y personal de seguridad, y los vecinos de la zona decían con vehemencia que allí dentro se oían ruidos extraños, risas de un niño, correteos y el rebotar de una pelota. Todos estos fenómenos ponían los pelos de punta, al más pintado.
Los guardias de que hacían las rondas nocturnas comenzaron a ver apariciones terroríficas. Todos fueron testigos de sucesos paranormales. Sin embargo, se trató de mantener lo que habían visto en secreto, para que no cundiera el pánico en la población. Sólo uno de los guardias se animó a relatar lo sucedido.
Las puertas se abrían sin que nadie estuviera allí, ni hubiera corrientes de aire que pudieran explicar el movimiento. También las canillas de los lavabos se abrían, y el agua comenzaba a fluir sin explicación. Las luces se encendían al azar. Los muebles aparecían dados vuelta de su posición original, sin que nadie hubiera aparecido en la sala donde estaban.
Lo más terrorífico eran la figura de un anciano y un niño pequeño, quienes descendían las escaleras, tomados de la mano. También solían aparecer los antiguos corredores que ya habían sido tirados abajo muchos años atrás, como en una especie de alucinación. A la par se oían pasos de pies pequeños correteando por los desiertos pasillos, y el rebote constante de un balón que ponía los pelos de la nuca de punta.
Poco a poco, ningún guardia deseaba tomar el turno noche, y así se quedaron sin trabajadores. Por ese motivo se optó por poner un sistema de video vigilancia remoto, que filmaba prácticamente todos los rincones del palacio, sin que nadie –al menos nadie humano- estuviera allí.
También se registraron psicofonías grabadas (las voces de los muertos) en el segundo piso, que recogen risas y la algarabía típica de las horas de recreo. En las grabaciones en video se ve claramente la figura de un niño ataviado con una túnica.
El relato de una vecina es espeluznante: al levantarse por las mañanas, veía a un grupo de monjes recitando cánticos en su sala.
A partir de ese momento se pasó a denominar al edificio como el Edificio de Andresito, pues es como han decidido llamarle las gentes del lugar.
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