Treinta de Julio de 1908. Todavía faltaban algunos años para que se registren los sucesos de la revolución bolchevique, que alteraría la habitual tranquilidad de la Siberia Rusa. Hasta ese momento todo estaba en calma, en el poblado de Tunguska, cerca del río Podkamennaya. Pero a las 7 y 17 de la mañana, algo tremendo pasó, algo que nadie ha podido explicar fehacientemente hasta el día de hoy.
Literalmente, el cielo se abrió en dos. Una terrible explosión sacudió la tranquilidad del pueblo. En un área de casi tres kilómetros cuadrados, nada quedaba en pie. Afortunadamente, no había sido en el centro del pueblo, que sin duda se hubiera borrado de la faz de la tierra. El “evento” –tal es la categoría que se le da hasta hoy, pues nadie sabe muy bien de qué se trató en definitiva- partió en dos como si fueran mondadientes añejos árboles de decenas de metros de altura y troncos de más de dos metros de ancho. Todo se quemó en la zona impactada. Los animales y las plantas murieron calcinados en un instante.
En el poblado, ningún vidrio quedó sano. La onda expansiva tiró a las personas como si fueran muñecos.
Este es el relato del que da cuenta un sobreviviente, tal como consta en la Tunguska Home Page de la Universidad de Bolonia:
“A la hora del desayuno, yo estaba sentado cerca del puesto comercial de Vanavara, mirando al norte. De repente, vi que, directamente al norte, sobre la ruta Onkoul de Tunguska, el cielo se abrió en dos partes y apareció fuego, muy alto y muy ancho, sobre todo el bosque. La grieta en el cielo se hizo más grande, y toda la parte norte se cubrió de fuego. De golpe sentí tanto calor que se me hizo insoportable, como si mi camisa me quemara: del lado norte, donde estaba el fuego, vino una fuerte ola de calor. Me quise quitar la camisa y tirarla lejos, pero entonces los cielos se cerraron y se escuchó una fuerte explosión. Fui arrojado a varios metros de distancia. Perdí el sentido por unos instantes, pero entonces mi mujer salió y me llevó a la casa. Luego de eso se oyó un ruido, tal como si grandes rocas rodaran unas contra otras o como de un fuego de artillería. La tierra tembló, y cuando caí al piso, apreté mi cabeza contra la tierra, porque temía que me cayeran piedras encima y me golpearan. Cuando el cielo se abrió, un viento ardiente pasó entre las casas, como el que sale de la boca de los cañones, dejando surcos en el suelo y destruyendo los sembrados. Luego vimos que todas las ventanas se habían roto, y, en el granero, el pestillo de hierro de la cerradura se había partido en dos”.
Las causas que explicarían tal fenómeno son varias. Desde una bomba de hidrógeno, cosa muy improbable, porque la tecnología del momento no lo permitiría, hasta un choque de antimateria del espacio, que hubiera alcanzado la tierra en cantidades significativas como para producir la explosión. Los astrofísicos consideran tal posibilidad improbable, puesto que las cantidades de antimateria que se detectan son siempre minúsculas, y de ninguna manera alcanzarían para causar semejante explosión.
La teoría más aceptada es la de un meteorito de hielo, que al chocar con la tierra se hubiera sublimado (pasaje del estado de hielo al gaseoso directamente), causando tal cambio de estado una liberación de energía capaz de provocar los efectos mencionados.
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