Antonio Mamerto Gil Nuñez era el nombre “mortal” de este Santo Argentino. En realidad, no es un santo del santoral cristiano, pero es objeto de fuerte devoción, en un principio en la provincia de Corrientes, pero con el correr del tiempo, la fama de los milagros del Gacuchito se han extendido desde Ushuaia a la Quiaca.
No se sabe muy a ciencia cierta en qué momento exacto ocurrió todo, se estima que en algún momento entre 1840 y 1890. La fecha de su muerte, el 8 de enero, es tomada como el día del Gauchito Gil. Este año más de 250.000 personas se reunieron en torno al oratorio del Santo Correntino, para pedir trabajo, agradecer, y pedir por cuestiones de salud.
En la época del Gauchito Gil, la república Argentina estaba sumida en una sangrienta guerra intestina, entre unitarios (quienes deseaban centralizar el poder en la Capital Federal, la ciudad de Buenos Aires), y los federales (deseosos de construir una Argentina donde las provincias tuvieran tanta o más supremacía que el puerto de Buenos Aires). El Gauchito era oriundo de la ciudad de Mercedes, en Corrientes. El Coronel Zalazar, el caudillo local, lo había tomado prisionero injustamente al muchacho, acusándolo de cobarde y desertor. La idea era llevarlo a Mercedes y de ahí a Goya, donde supuestamente sería juzgado. Pero, era vox pópuli lo que sucedía con los que eran enviados a Goya: todos, inevitablemente, habían querido escapar en el camino, se producía una persecución y un tiroteo, y el reo, moría. Ninguno llegaba a Goya.
Los vecinos y amigos del Gauchito juntaron firmas, y elevaron una propuesta a Zalazar, para que le otorgara el perdón, cosa que sucedió. Pero en el camino, el soldado que lo llevaba, se dispuso a finalizar con la vida del Gauchito, como sucedía con todos los desertores. Cuando pararon en el camino, el Gauchito le dijo: “No me mates porque la orden de perdón viene en camino”. El soldado, inmutable respondió: “De esta no te salvas”. El Gauchito le advirtió que cuando volviera a Mercedes, le iban a decir que su único hijo estaba terriblemente enfermo y que moriría. Y le ofreció, que como su sangre inocente iba a ser derramada, que orara que él intercedería ante Dios para salvar a su hijo. El soldado le hizo burla, y de todos modos lo ejecutó.
Efectivamente, al volver a su casa, se encuentra con que el médico ya había desahuciado a su hijo. También le informan del perdón al Gauchito, por lo que el soldado recuerda las palabras del Gauchito. Entonces, decide orar a Dios, para salvar la vida de su niño, y le pide al Gauchito que haga el milagro de no llevárselo. Al llegar el nuevo día, el milagro se había consumado, y el niño no murió.
Como agradecimiento y pedido de perdón de sus pecados, el soldado construyó con sus propias manos una cruz con ramas de ñandubay, la cargó sobre sus hombres y la llevó al lugar donde había matado al gauchito. Colocó la cruz, pidió perdón y agradeció.
La cruz dio el nombre al cruce de caminos y, con el transcurso del tiempo, se convirtió en un lugar de peregrinación.
