El oro de los incas II


Grabado de la época que muestra la ejecución de Atahualpa

Grabado de la época que muestra la ejecución de Atahualpa

Finalmente, en 1531 Francisco de Pizarro llega al Perú. La situación entre los Incas propiciaba la invasión por parte de los españoles. El emperador Inca Huayna Cápac, había muerto de viruela –una terrible enfermedad, inexistente hasta ese momento en América, que ingresó de la mano de los españoles, que se la contagiaban a propósito a los indígenas, dándoles ropas infectadas. Una vez que el emperador había muerto, se desató a su vez una guerra civil que enfrentó a los sucesores, Atahualpa y a su hermano, el Sapa Inca Huáscar.

Pizarro sólo contaba 180 soldados y 37 caballos, pero de todos modos avanzó sobre Cajamarca (ciudad del norte del Perú), donde toma prisionero a Atahualpa el 16 de noviembre de 1532.

Inmediatamente marcha sobe Cuzco, capital del Imperio Inca, siempre motivado por el fabuloso tesoro que se decía que tenían los Incas.

El Inca Atahualpa prometió pagar rescate, a fin de lograr su liberación, y ofreció llenar una vez de oro y dos veces de plata y piedras preciosas, y hasta donde alcanzara su mano, la gran estancia donde se lo mantenía prisionero. Los incas, así, para lograr la liberación de Atahualpa, se dispusieron a juntar plata y oro de todo Perú. Los metales preciosos fueron traídos a Cajamarca desde todas partes del imperio.

Los tesoros comenzaron a llegar a las manos de Pizarro, pero poco antes de completar el rescate, Pizarro decidió no devolverle la libertad a Atahualpa y quedarse con el rescate.

Movidos por la codicia, y en la búsqueda de más oro y plata, se decidió enjuiciar a Atahualpa, por cargos irrisorios, como idolatría, fratricidio, poligamia, usurpar el trono, incesto y no cumplir el rescate.

Atahualpa fue condenado a la muerte en la hoguera. Merced al vínculo que se había creado entre Pizarro y Atahualpa, Pizarro decidió conmutarle la brutal pena de morir en la hoguera por otra más “benigna”, morir por la de garrote, al abrazar la fe católica antes de ser ejecutado, el 26 de julio de 1533. Pizarro dejó testimonio de su afecto en su crónica, donde dice “yo vide llorar al Marqués. La noticia de su muerte dispersó a los pocos ejércitos indígenas que todavía se oponían a los españoles, y allanó el camino para la colonización de América del Sur, desde el norte del continente.

El hermano de Pizarro, Hernando, llevó lo que se había juntado hasta ese momento a España, a cambio de lo cual le fue otorgado el título de marqués a Francisco Pizarro.

Mientras se llevaba a cabo la pantomima de juicio, porque al decir verdad, la suerte de Atahualpa ya estaba echada, algunos vasallos del Inca creían que si juntaban el oro suficiente, mucho más que lo que ya se había entregado , los españoles se darían por satisfechos y soltarían a Atahualpa. Los fieles súbditos del Inca recorrieron las cuatro partes del Tahuantinsuyo, juntando todo el oro y las joyas que pudieron encontrar, y en interminable caravana se dirigieron a Cajamarca a hablar con los españoles. Pero antes de llegar recibieron la terrible noticia: Atahualpa ya había sido asesinado. Ya nada se podía hacer al respecto, por lo que abandonaron su camino.

Nunca se supo qué sucedió con aquel tesoro, si es que alguna vez existió realmente. Algunos especulan que fue enterrado bajo tierra, otros que en el fondo de una gruta sagrada a la que sólo algunos sacerdotes indígenas sabían llegar. La mayoría de los expertos creen se lo llevaron con ellos a una ciudad secreta en las montañas, la legendaria Paititi, último refugio y bastión inca que los españoles nunca encontraron y que muchos aún siguen buscando.

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  1. #1 by jomanu on March 15, 2010 - 10:12 am

    El oro de los incas es la Mina Yanacocha en Cajamarca

(will not be published)