El oro de los incas


El oro de los Incas

El oro de los Incas

Se dice que la codicia es uno de los siete pecados capitales. Por ello tal vez sea una de las motivaciones más viles que pueden movilizar a una persona a cometer actos atroces. Tal es el caso de los españoles, y los innumerables crímenes cometidos, en busca del mítico oro de los incas.

Francisco Pizarro González era el hijo ilegítimo del hidalgo Gonzalo Pizarro Rodríguez de Aguilar, llamado “El Largo”. Nació en Trujillo, Extremadura, el 16 de marzo de 1476. Su madre era una manceba, campesina y doncella de la tía de Gonzalo, Beatriz Pizarro. En consecuencia, su infancia fue muy pobre, a tal punto que se había convertido en un joven iletrado, que criaba chanchos para ganarse la vida. A los 20 años se marcha hacia Sevilla, donde se enlista en los tercios españoles. Así comienza su carrera militar. Es de destacar que la primera vez que llega a América, lo hace con el menor de los rangos, lejos de ser el marqués en que se convertiría luego, a fuerza de traiciones, engaños y brutalidad.

En 1502, llegó a América en la expedición de Nicolás de Ovando, quien había viajado par asumir el cargo de gobernador en lo que se conocía como la Isla de Santo Domingo, que alberga los países de República Dominicana y Haití. En 1509 se une a una expedición para socorrer al gobernador de Cartagena de Indias (en ese momento se llamaba Nueva Andalucía), ya que los nativos del lugar eran muy belicosos y usaban armas venenosas. Ojeda, quien era el gobernador de Nueva Andalucía, había sido herido en una pierna por uno de estos dardos venenosos, y se retiró a Santo Domingo, dejando la fortificación a cargo nada menos que de Pizarro, quien no era más que un soldado en ese momento. A partir de este evento, Pizarro comenzará a reunir poder, títulos y riquezas, a costa de sus “expediciones” y “conquistas” que no eran otra cosa que  hostiles para tomar el territorio indígena.

En 1524, Pizarro se asocia con Diego de Almagro y Hernando de Luque, un hombre influyente, cura de Panamá, para conquistar “Birú” o “El Birú” (el Imperio Inca del Perú). Los rumores hablaban de una fortuna incalculable, el oro de los incas, sobre la cual los conquiestadores tenían aspiraciones.

Pero, no era un viaje fácil. A finales de 1526, dos años después, la expedición de Pizarro llegó devastada y extenuada a la isla del Gallo. Los hombres se revelaron, y Pizarro marcó una raya en el suelo, y dijo que los que quisieran seguirlo, la cruzaran. Trece hombres tomaron la decisión de continuar con él, conocidos como los “Trece de la Fama“, o los “Trece caballeros de la isla del Gallo”.

Cinco meses esperaron los 14 hombres refuerzos en la isla del Gallo, hasta que llegaron, y así comenzaron su marcha sobre el imperio Inca, movidos por el deseo de riquezas.

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