El padrino de Matamoros


Adolfo de Jesús Constanzo

Adolfo de Jesús Constanzo

Adolfo de Jesús Constanzo era el nombre real de este temible asesino serial. Una de las características que muchos matadores seriales comparten es poseer una inspiración religiosa o mística para sus horribles matanzas. Esto responde mayormente a un tipo de mecanismo de defensa, que trata de proyectar en algo externo (Dios, las voces de mi cabeza, el Demonio, etc.) la responsabilidad por tales atroces actos. Y el caso de Constanzo no era excepción.

Nacido el 1º de noviembre de 1962 en Miami, de pequeño de mudó a San Juan de Puerto Rico. Su madre  era una inmigrante cubana- había enviudado, y había tenido tres hijos de tres padres diferentes. Constanzo fue bautizado como católico, pero ya de pequeño mamó la religión satanista Palo Mayombe. Este culto había sido desarrollado por esclavos africanos negros que se habían establecido en Cuba. Esta creencia veneraba a los espíritus y creía en la existencia de poderes sobrenaturales. Era común para sus practicantes practicar técnicas adivinatorias, para lo cual usan conchas o discos de varios materiales, frecuentemente cascaras duras de coco. Así, Constanzo se crió sumergido en estas creencias, que sin duda moldearían su carácter criminal.

En 1972 la familia regresa a Miami, pero no tiene una infancia muy normal. Tanto él como su madre son acusados en varias oportunidades de crímenes menores –pequeños robos y vandalismo. Si bien termina la escuela secundaria, luego es expulsado del colegio. Su madre estaba convencida de que Constanzo tenía poderes psíquicos.

Más adelante se hace sacerdote del rito Palo Mayombé. Pero en realidad su verdadera vocación era ser un estafador y narcotraficante, labores que desempeñaba con regularidad.

Constanzo visita la ciudad de México, y mientras tanto sobrevive tirando las cartas del tarot. Allí se granjea la lealtad de dos jóvenes, Martín Quintana Ramírez y Omar Orea Ochoa, quienes en realidad eran sus sirvientes, y sus esclavos sexuales. Todas las condiciones están dadas, como en el devenir de muchos otros asesinos seriales, para comenzar una carrera de masacres y sangre. El denominador común es rodearse de un séquito que los alabe y los adore sin condiciones.

Así, Constanzo crea un culto, asentado en la región de Matamoros, que recluta principalmente narcotraficantes, vendía drogas y realizaba rituales satánicos. Las primeras víctimas no tardarían en venir. La idea era usar a las víctimas como sacrificios humanos. Los rituales, mediante los cuales prometía a sus seguidores poderes sobrenaturales, como ser inmunes a las balas, o poder de invisibilidad, consistían en sacrificar víctimas, preferentemente de raza blanca, ya que se creía que el blanco era más permeable que otras razas, y hacer en un caldero una especie de sopa con la sangre, el cerebro y otras partes mutiladas de las víctimas. Entonces, todos tomaban un trago de eso.

Mark Kilroy, un americano de 21 años desaparecería en la zona de Matamoros, dejando a la policía local bastante perpleja, en cuanto a la causa de su desaparición. Este fue el principio del fin, para Constanzo. Las autoridades de Texas, de donde era oriundo Kilroy, presionaron, y la policía descubre la existencia de la secta, y pronto hacen los primeros arrestos.

Asediado por la policía, Constanzo ve que no tiene escapatoria. Es rodeado por efectivos policiales en un departamento de la ciudad de México. Cuando ve que no tiene escapatoria, le pide a uno de sus seguidores que le dispare, y luego este se suicida también.

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