
Un niño llorón
En algún momento entre 1890 y 1900 nace Bruno Amadio. Originario de Venecia, se forma en la pintura clásica, pero sus cuadros no tienen el éxito que el pintor espera. Son tiempos difíciles, la Europa de la postguerra había dejado muchos niños huérfanos, por lo que los orfanatos abundaban de criaturas desamparadas.
Amadio era un fascista extremo, al punto tal que colaboró grandemente con el partido, y con Mussolini, hasta que la Guerra termina y Europa comienza una época de transformaciones.
Amadio va a la guerra, y le toca estar en el frente de combate. Cuentan que esta experiencia traumática lo cambió para siempre. Había quedado terriblemente impresionado por los niños abandonados, luego que sus padres murieran en combate, o cuando sus casas eran tomadas por el ejército enemigo.
En 1945 Amadio se instala en Sevilla, España. Y a partir de aquí su vida se convierte en un verdadero misterio. Es este misterio el que contribuye a incrementar las especulaciones y las leyendas en torno a su persona y a los cuadros que pintaba.
Dicen que harto de no tener suerte con sus obras, Amadio hace un pacto con el Diablo. Amadio toma de modelo a niños de un orfanato. Crea así una serie de pinturas llamadas “Niños llorones”. Son 27 cuadros que han impresionado más a la sociedad que a los críticos de arte. El niño que fue el modelo de su primer cuadro de la serie era un niño internado en un orfanato. Amadio logró captar y reflejar todo el dolor y la tristeza que emanaban de él, un chiquillo abandonado sin familia que lo amparara
A partir de ese momento, sus cuadros comienzan a tener el éxito que Amadio tanto deseaba. Prácticamente no había casa en un momento que no tuviera uno de las reproducciones de los niños llorones de Amadio.
Pero, al poco tiempo, empezaron a correr historias que involucraban a los cuadros y las reproducciones de manera misteriosa. Los bomberos británicos comenzaron a ver una serie de incendios terribles, donde todo quedaba reducido a cenizas, todo menos los cuadros de Amadio, que quedaban extrañamente intactos, en medio de toda la desolación.
Incluso hubo testimonios de fenómenos extraños y sucesos inexplicables en torno a quienes los poseían.
Había testigos que narraban como se sentían atrapados, subyugados ante la triste mirada del niño, incapaces de apartar la mirada. Otros aseguraban que desde que eran poseedores de ellos, misteriosamente desaparecían objetos que no volvían a ser encontrados.
A partir de que Amadio hizo el pacto con el Diablo, los lugares en los que se encontraran alguno de estos cuadros serían escenario de males y desgracias, víctima de incendios que arrasaban con todo menos con el cuadro, que siempre quedaría intacto. Esta maldición la llevarían consigo tanto los cuadros como sus reproducciones.
Si se mira con detenimiento los cuadros (por ejemplo girándolos 90º) algunos ven al Demonio devorándose a los niños.
Amadio desapareció y nunca más se supo de él. Se cree que finalmente murió en 1981.
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