
Con la mirada triste Martina veía por el cristal mientras el carro donde iba se alejaba rápidamente de aquel lugar el cual había sido su hogar durante toda su vida, dejaba recuerdos, amigos pero lo más importante de todo a su padre. Ya hacia tres meses que la catástrofe se veía venir, tras constantes peleas y disgustos lo mas temido por ella sucedió. Hoy ella y su madre partían hacia su nuevo hogar en Veracruz, de donde era originaria.
Al llegar al pueblo, mientras pasaban en el taxi, Martina veía con desaire a los niños en las calles que jugaban a la cuerda o con la pelota y se preguntaba así misma si algún día llegaría a tener amigos en aquel lugar, de pronto volvió a la realidad ante los ya exasperados llamados de su madre.
Presurosa bajo del Taxi y contemplo su nuevo hogar. La casa se veía bastante grande, y bonita, sin embargo había algo que hacia que Martina se sintiera rara en ese lugar, como si una presencia extraña inundara su ser.
Después de algunos días de mudanzas y arreglos, la casa quedo bastante bonita, y Martina se quedaba con su mama hasta que su habitación quedara completamente terminada. Todavía eran vacaciones y era temporada de lluvia, así que Martina no había tenido oportunidad de salir para hacer nuevos amigos y sinceramente no le interesaba.
Cuando por fin su habitación estaba terminada, Martina se fue a ella para empezar a acostumbrarse, se recostó en la cama por un momento y cerro los ojos, escucho que alguien a quien no le reconocía la voz susurraba su nombre, al abrir los ojos, observo frente a ella una niña de unos 9 años que la miraba con algo de intriga, Martina grito asustada y se levanto rápido, su mama que había oído sus gritos corrió hacia la habitación.
¿Qué pasa? –Pregunto.
Martina con la boca seca y visiblemente nerviosa le dijo lo que había visto.
Fue una pesadilla –dijo su mama.
No, solo había cerrado mis ojos tantito, argumento Martina.
No mi cielo, te quedaste dormida, mira ya son las 6.
Efectivamente Martina se había quedado dormida. Aliviada y ya más calmada se dejo caer en el colchón convencida de que todo había sido un sueño.
Después de cenar Martina se quedo largo rato frente a la ventana viendo las gotas de lluvia caer y como el frió de la noche empañaba los cristales.
Sintiéndose cansada y viendo que ya eran casi las 10 de la noche se fue a dormir, se puso su pijama y se acostó.