
Gary Leon Ridgway
Por ese nombre, tal vez no lo recuerden. Pero si digo que es el Asesino del Río Verde, tal vez suene más familiar.
Nacido en 1949, en Salt Lake City, en 2001 fue arrestado por la policía. Y fue una cosa muy buena que esto sucediera, porque de esta manera se pudo poner fin a la carrera criminal de uno de los asesinos seriales más sanguinarios de los Estados Unidos.
A medida que pasaban los años, el número de casos en su contra fue creciendo de manera espeluznante. En un primer momento, se lo acusó y se lo condenó de 4 asesinatos. Las pruebas eran contundentes: la nueva estrella de la criminología, el ADN, había hecho su parte. Pero a poco de estar detenido confesó 71 asesinatos.
De apariencia amistosa y sencilla, usaba la foto de su propio hijo (se había casado tres veces, había engendrado un niño), para atraer a las incautas víctimas a su pick up.
Su infancia, como la de muchos asesinos seriales, fue dura. Era el segundo hijo de Mary Rita Steinman, una mujer estricta que no dudaba en apelar a la mano de hierro para con toda su familia, especialmente para con Gary. De hecho, los testigos afirman que su madre jamás lo quiso.
Ridgway era miembro de la iglesia Pentecostal, a la que asistía con devoción. Poco a poco, fue desarrollando una desviación sexual, y una obsesión con las prostitutas. Todos sus conocidos dijeron que era una persona amistosa, pero extraña.
Los cuerpos de sus víctimas, en especial mujeres, aunque no tenía una preferencia de raza, aparecían entre la maleza del río (de ahí su nombre) desnudas, y semi descuartizadas.
Ridgway había trabajado como pintor en una fábrica de camiones, por los últimos 30 años, y ahí mismo es donde fue atrapado, a la salida del trabajo.
Desde 1982 a 1984, se identificaron los cuerpos de 42 víctimas. Pero la policía no lograba dar con el terrible asesino. Todos los cadáveres aparecieron cerca de Portland, Oregon, donde Ridgway vivía.
Sus dichos son terribles: “He asesinado tantas mujeres que me cuesta acordarme de todas ellas”, dijo en la corte, mientras era acusado dehaber asesinado a las 48 mujeres en su casa o en su camión. También confesó: “El plan era: quería asesinar a tantas mujeres que yo consideraba prostitutas como pudiera”. Creía que porque eran prostitutas jamás lo atraparían.
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