
Harold Frederick “Fred” Shipman nacido en Nottingham (Inglaterra) el 14 de enero de 1946, conocido como el médico asesino, durante muchos años ejerció su profesión y fue un médico respetado, hasta que se descubrió que había asesinado a muchos de sus pacientes por una razón aún hoy inexplicable esta es su historia:
En 1963, vio como su madre, una mujer de 43 años moría consumida por un cáncer de pulmón y como los médicos le daban diariamente morfina para calmar su sufrimiento, esta droga quedaría por siempre fijada en su memoria y estaría presente en su extraña vida.
Dos años después de la desaparición de su madre comenzó a estudiar medicina y se casó con Pimrose Oxtoby, la hija de un granjero.
Shipman terminó su carrera en 1970 y poco después comenzó a trabajar como médico residente en el Pontefract General Infirmary de West Yorkshire, época en la que se encontraba agobiado tanto por las presiones de su trabajo como por la falta de dinero para mantener a su familia.
No tenía muchos amigos y era un hombre muy introvertido, que muchas veces se volvía agresivo ante cualquier cosa por más pequeña e insignificante que ésta fuera.
Sin embargo, en su trabajo era una persona amable con sus pacientes, sobre todo con los ancianos.
El 4 de marzo de 1970 comenzaría su viaje por el oscuro mundo de los asesinatos, cuando le aplicó una sobredosis de morfina a un anciano que padecía cáncer.
Sus compañeros de trabajo lo veían como un médico confiable que se entregaba al cuidado de sus pacientes, siempre dispuesto, competente y muy trabajador, aunque para algunos médicos era un arrogante sobre todo con sus superiores.
Por un tiempo estuvo trabajando en el área de Ginecología y Obstetricia, pero además de no gustarle era muy brusco con las pacientes. Fue en esa época en que comenzó a consumir morfina, droga que era usada para aliviar el dolor en los partos y en ésa área era sencillo conseguirla.
En 1971, acabó su periodo de residencia y se recibió, pero siguió trabajando en el mismo hospital y para 1974 trabajaba como médico de familia asociado en Todmorden, Lancashire, fue en esa época que le aplicaron una multa de 600 libras esterlinas por haber recetado morfina a nombre de sus pacientes y usarla para su propio consumo. En ese mismo año conseguía su primer trabajo estable en Halifax, West Yorkshire.
En 1975 fue arrestado por falsificar documentos para conseguir drogas para su propio uso y fue enviado a un hospital de rehabilitación, pasado el tratamiento fue dado de alta, pasó por varios hospitales en breves trabajos y llegó al Hospital Donneybrook House, donde estuvo hasta 1977.
En 1992 puso su propio consultorio como médico de familia en Hyde, donde atendió a más de 3,000 pacientes, fue allí que comenzó a matar de forma sistemática. Sus victimas era siempre pacientes que tenían enfermedades leves pero que no le caían bien.
Durante cinco años, Shipman, mató a docenas de personas cuando las visitaba en sus casas, dándoles altas dosis de morfina, luego hacía el certificado de defunción donde colocaba que su paciente había muerto de causa natural. La mayoría de sus víctimas eran mujeres que vivían solas y superaban los 75 años.
“Mi madre tenía fe total en él y eso es lo más doloroso para mí: puedo verla sonriéndole mientras él le ponía aquella inyección letal; ella creía que era para curarla”, declararía Chris Bird, directivo del Manchester City. Su madre, Violet Bird, murió en 1993 por una sobredosis de morfina que Shipman le suministró. En 1997 ya había asesinado a 37 personas, según un informe oficial.
En el año 1998, la doctora Linda Reynolds de la Brooke Surgery en Hyde, que no gustaba de Shipman ni de la forma en que ejercía su profesión, fue a visitar a John Pollard, el Jefe de Medicina Legal del distrito de South Manchester. Su preocupación era el alto índice de mortalidad de los pacientes de Shipman, las extrañas cremaciones de todos ellos y el hecho que la mayoría fuesen ancianos, ella pensaba que Shipman, mataba a sus pacientes, pero no sabía si era por negligencia o intencionalmente.
Esta denuncia alertó a la policía, pero no tenían pruebas suficientes para arrestarlo y luego de un tiempo la investigación fue abandonada.
Shipman certificó las muertes de 521 personas, en 25 años de profesión (300 veces más que el médico que más certificados había expedido en el Reino Unido). Estos estremecedores datos, sin embargo, no hicieron que nadie sospechara, En algunas oportunidades Shipman pidió a los familiares que le regalaran algún objeto personal del fallecido como un mueble o una máquina de coser.
Su última víctima fue una anciana de Hyde llamada Kathleen Gruñid.
El 24 de junio de 1998 murió en su casa. La última persona que la vio con vida fue el doctor Shipman, quien luego firmó su certificado de defunción. La hija de Grundy, la hija de la anciana Angela Woodruff, quedó perpleja cuando el abogado de su madre, Brian Burguess, le informó que la última voluntad de su madre había sido desheredarla de las 386.000 libras esterlinas que tenía para darle y que se las había dejado a Harold Shipman.
Woodruff, denunció el hecho a la policía el cuerpo de Grundy fue exhumado y al hacer los análisis encontraron de morfina. Con estas pruebas, Shipman fue arrestado el 7 de septiembre de 1998, además encontraron en su casa una máquina de escribir que el había usado para redactar el documento de herencia.
Pocas horas después de ser detenido, Shipman expresó que tenía “voluntad de control sobre la vida y la muerte”. Llegó a confiarle a un policía: “Yo puedo curar o puedo matar. Soy un médico y en mis manos está el poder de la vida y la muerte. No soy un instrumento de Dios; cuando estoy con un paciente, yo soy Dios. Soy un ser superior”.
Luego de estas declaraciones, la policía comenzó a examinar otros muertes vinculadas con Shipman y pudo hacer una lista de quince muertes que deberían investigar, descubriendo en todos los casos la sobredosis de morfina
El juicio de Shipman, comenzó el 5 de octubre de 1999, el médico fue procesado por las muertes de Marie West, Irene Turner, Lizzie Adams, Jean Lilley, Ivy Lomas, Jermaine Ankrah, Muriel Grimshaw, Marie Quinn, Kathleen Wagstaff, Bianka Pomfret, Naomi Nuttall, Pamela Hillier, Maureen Ward, Winifred Mellor, Joan Melia y Kathleen Grundy, ocurridas entre 1995 y 1998.
El jurado deliberó por 6 días y lo encontraron culpable siendo condenado el 31 de enero de 2000, por la muerte de 15 pacientes, a quienes les inyectó dosis letales de morfina.
“Usted ha cometido horrendos crímenes. Asesinó a cada una de sus pacientes con una calculada y helada perversión de su capacidad médica. Usted era, antes que nada, el médico de estas personas”, le dijo el juez Forbes a Shipman cuando éste recibió la condena del jurado. El médico escuchó la condena con una sonrisa, sin perder la calma; estaba acompañado por su mujer y sus cuatro hijos.
En febrero de 2002, Harold Shipman fue expulsado del Registro Nacional de Médicos británicos.
Las posteriores investigaciones contra Shipman concluyeron que “El Médico Asesino”, como lo bautizaron los medios, había matado a 215 pacientes y probablemente a muchos más, 171 mujeres y 44 hombres, de entre 41 y 93 años, a los que inyectó morfina.
Datos posteriores revelaron que asesinó a más de 300 personas que eran el 10 % de sus pacientes : el diez por ciento de sus pacientes. La cifra convirtió a Harold Shipman en el asesino serial más prolífico de la historia contemporánea.
“Mataba, y después se comportaba de muy variadas formas y ofrecía múltiples explicaciones de lo que había pasado. La manera de matar de Shipman, incluso ante los familiares, y cómo salía sin sospechas sería calificado de invención si apareciera en una obra de ficción”, explicó la investigadora principal.
El 13 de enero de 2004, Shipman fue encontrado ahorcado en su celda de la prisión de Wakefield. En la época tenía 57 años, aparentemente, se había colgado de los barrotes de su celda con las sábanas de la cama. Hasta el final, nunca reconoció sus crímenes ni mostró arrepentimiento o remordimiento.
Tras su muerte, su viuda recibió 100.000 libras esterlinas (unos 150.000 euros), libres de impuestos, y una pensión vitalicia de 10.000 libras esterlinas (unos 15.000 euros) al año. Si Shipman hubiera muerto tras cumplir sesenta años, su esposa sólo habría recibido 5.000 libras (unos 7.500 euros) anuales.
Esto provocó un escándalo ya que las familias de las víctimas no podían creer que la mujer del homicida recibiera tanto dinero como compensación por la muerte de Shipman, dinero que salía de los impuestos que ellos pagaban. Pero el gobierno británico ni siquiera mencionó el asunto y la mujer de Shipman se quedó con el dinero.
Nadie entiende por qué un amable médico de familia, con un matrimonio feliz y con cuatro hijos, mató a centenares de pacientes. Janet Smith, autora del informe oficial sobre los asesinatos, señaló que posiblemente Shipman era “adicto a matar”. Smith añadió que “hay evidencias de que tenía una personalidad adictiva, y es posible que matar fuera una forma de adicción”. Shipman en realidad, no ganaba nada con los asesinatos, más bien perdía clientela: hasta siete víctimas vivían en la misma manzana. La investigación calificó esa impunidad de “horrible e inexplicable”.
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