Huitzilopochtli


Huitzilopochtli

Huitzilopochtli

Huitzilopochtli, el principal dios mexica, señor del sol y de la guerra, tuvo 400 hermanos y una hermana que quisieron matarlo. Su madre, Coatlicue, la Madre Tierra, barría como penitencia el templo de la sierra de Tollan cuando una bola de plumas azules descendió flotando desde el cielo. Coatlicue, maravillada, la colocó en su regazo, donde desapareció de inmediato: Huitzilopochtli ya se gestaba en su vientre.

Al notar el embarazo de Coatlicue, sus 400 hijos mayores se sintieron deshonrados por ese niño sin padre y decidieron lavar la afrenta matando a su madre. Coyolxauhqui, la única hermana, los alentaba para que llevaran a cabo su plan cuanto antes.

Pero cuando los 401 hijos desalmados atacaron a su madre, Huitzilopochtli nació, ya adulto, vistió sus galas guerreras, tomó como hacha a la serpiente de fuego xiuhcoatl y enfrentó a sus hermanos. La mayoría pereció en el acto, víctima de su furia vengadora. Huitzilopochtli reservó un final especialmente cruento para su hermana Coyolxauhqui, principal instigadora del ataque.

El dios sol la descuartizó y esparció luego sus miembros por las laderas de las montañas, a excepción de la cabeza, que arrojó hacia el cielo. Y que se convirtió entonces en la luna, eterno satélite de su hermano, el sol.

Los mexicas ofrendaban en sacrificio a Huitzilopochtli exclusivamente cautivos de habla nahuátl. Fue para que nunca faltasen que se instituyeron las guerras floridas. El pueblo mexica medía las eras en períodos de 52 años. Y temía que, al completarse uno de estos períodos, el sol no volviese a salir si le faltaba el vigor proporcionado por la sangre de los sacrificados.

Por eso, le realizaban sacrificios humanos: para que les permitiese vivir al menos, una era más. Ser sacrificado a Huitzilopochtli constituía por lo tanto, un gran honor. Los sacrificados, se creía, volvían a la tierra transformados en mariposas.

Casi no se han encontrado representaciones de este dios, central para los mexicas. Sólo contadas ilustraciones en unos pocos códices aislados. La razón, de acuerdo a algunas fuentes, resulta por demás curiosa: parece ser que la imagen de Huitzilopochtli sólo podía ser representada con semillas de amaranto.

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