
Jimmy Hoffa
Tal vez uno de los casos de desapariciones de personas más emblemáticos es el del sindicalista americano Jimmy Hoffa. Hoffa era el líder del sindicato de camioneros de los Estados Unidos, los “Teamsters”, la unión más poderosa del momento. Corría el año 1975, en pleno auge de la lucha sindical por obtener más beneficios para los trabajadores. Grandes intereses rodeaban a la actividad del sindicato más poderoso del país, por lo que se ha especulado desde siempre sobre la vinculación de la unión de camioneros y la Mafia Italiana.
El 30 de Julio de 1975 Hoffa se despidió de su esposa. Tenía una reunión muy importante. Salió como de costumbre por la puerta de su casa, hacia el mediodía. Nunca más se supo de él.
Dos testigos aseguraron en su momento haberlo visto en un restaurant de Bloomsfield, Michigan, el Machus Red. A partir de ahí se perderá todo rastro de Hoffa para siempre.
Supuestamente tenía que encontrarse con alguien, a las 3.30 de la tarde de ese fatídico día. Ese “alguien” era Sam Giancana, jefe de la mafia en Tampa. Aparentemente, la Mafia italiana quería desprenderse de Hoffa, su socio en el negocio del gremio de los camioneros, por el enorme peso que Hoffa había adquirido por sí mismo.
Siendo muy joven, Hoffa había organizado la primera huelga de “swampers”, los estibadores de carga y descarga de los camiones. A partir de aquí, armado con su retórica sin igual y su carisma, logró reunir a los muchos pequeños gremios de camioneros en un solo, enorme sindicato, de gran poder. Por sí solo podía paralizar al país, sólo bastaba su palabra. De esta forma, comenzó a ser respetado y temido –sus métodos muchas veces llevaban al enfrentamiento armado- y a acumular un gigantesco poder. Ni el presidente de los Estados Unidos podría paralizar al país como lo lograba Hoffa, sólo con ordenarlo.
El gobierno de los Estados Unidos busca maneras alternativas de detenerlo, y envía al FBI a investigarlo, para tratar de detener su avance. Pero la guerra estaba declarada. Hoffa contrata dos detectives privados, Fred Otash y John Danoff, para grabar las reuniones de alcoba del entonces presidente Kennedy con Marilyn Monroe, su amante, de esta manera tratando de poner en jaque la credibilidad del presidente. En 1959 el gobierno logra “desactivar” a Hoffa por un tiempo, al condenarlo a quince años de cárcel, por soborno, lo cual supuestamente pondría fin a su carrera sindicalista. Pero Nixon lo indulta en 1971, cuando ya había cumplido 4 años de encarcelamiento. Así, un Hoffa renovado sale de prisión, dispuesto a armar nuevamente su sindicato y a retomar las riendas del poder. Hoffa preparaba una acción legal que le levantara la prohibición de volver a estar a cargo del sindicado, condición que debió acatar para poder acceder a la libertad bajo palabra. Justo cuando iba a lograr su cometido, de volver a estar al frente del gremio, desaparece de la faz de la tierra.
¿Fue la Mafia, o el gobierno de los Estados Unidos, cansados de un enemigo tan tenaz y poderoso? Nunca podremos saberlo.
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