Juana I de Castilla llamada “La Loca”, nació en Toledo el 6 de noviembre de 1479, hija de los Reyes Católicos Fernando e Isabel. No fue educada para el trono ya que tenía dos hermanos mayores, Juan e Isabel. Desde pequeña parecía destinada a casarse con algún príncipe encumbrado en una alianza provechosa para el reino, y para ello se la preparó. El candidato ideal no tardó en aparecer: Felipe I de Habsburgo, “El Hermoso”, hijo del Emperador del Sacro Imperio Romano Germánico. Juana partió entonces a la lejana Flandes, sin haber visto jamás a su novio. Pero aunque el matrimonio había sido arreglado por sus padres, los jóvenes se enamoraron locamente apenas se conocieron, en agosto de 1496. Juana había encontrado el amor de su vida, pero para Felipe, lamentablemente, sólo sería un entusiasmo pasajero. Y el comienzo de un terrible camino de amor y locura.
Angustiada por el desinterés de su esposo, Juana comenzó a celarlo en forma patológica. Llegó incluso a parir a su hijo Carlos en los baños del castillo de Gante, con tal de no permitir que Felipe concurriera sin ella a la fiesta que se daba allí esa noche. En 1504, a la muerte de la reina Isabel, Juana es nombrada reina de Castilla por su padre, ya que sus hermanos mayores habían muerto. El rey Fernando se autoproclama regente, pero Felipe, el esposo de Juana, reclama el trono y consigue, con el apoyo de los nobles, ser coronado rey de Castilla. Pero poco después, el 25 de septiembre de 1506, Felipe muere, se sospecha que envenenado. Embarazada por sexta vez y trastornada por el dolor, Juana se embarca en una insólita travesía para cumplir la última voluntad de su esposo, que había pedido ser enterrado en la distante Granada. Durante ocho meses, arrastrando a los nobles de la corte consigo, y sin despegarse jamás del féretro, Juana viaja a Granada siempre de noche, y acrecienta su fama de loca en cada poblado que atraviesa. Se rumorea incluso que en los altos del camino mantiene relaciones íntimas con el cadáver. Cumplida su misión, Juana continúa sumida en una profunda tristeza y se niega a comer o lavarse. Su padre la recluye entonces en un palacio en Tordesillas. Nunca más saldrá de allí. Los opositores a su hijo Carlos, que asumió el trono dada la incapacidad de su madre, sostenían que la reina en realidad estaba cuerda y que Carlos la mantenía prisionera para usurpar la corona. Pero lo cierto es que durante el alzamiento comunero en contra del rey, Juana se negó a firmar los documentos que hubieran impedido a su hijo seguir reinando en su lugar.
Murió el 12 de abril de 1555, a los 75 años. Llevaba más de 46 encerrada en el palacio de Tordesillas. Y muchos más, encerrada en su locura de amor.
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