La Difunta Correa


Esta es la historia de un milagro de amor sucedida hace más de un siglo en San Juan, Argentina.

En los tiempos en que los países América luchaban por insertarse en el mundo como soberanos de su destino, luchas internas por formas de gobierno, ideales a cumplir, guerras que sufrir, hacían que muchas almas dejaran su vida por un ideal y una obligación patriótica.
En Argentina, por esos tiempos, se vivía una fractura entre los Unitarios y los Federales, dos bandos de argentinos que querían dos formas de gobierno muy diferentes. Fue una guerra civil.

Durante esas luchas internas vivió Deolinda Correa. Ella ayudaba a los soldados curando heridas, alimentando a los más desposeídos.

Su esposo, Baudilio Bustos, fue reclutado para luchar a las órdenes de Facundo Quiroga, caudillo de la provincia de La Rioja, en el año 1835. Fue llevado forzadamente allí dejando a su esposa y pequeño hijo en San Juan (una de las 23 provincias de Argentina). Correa tomó la desición de ir a La Rioja a reunirse con su esposo, a costa aún de tener que emprender un largo viaje. Se fue caminando.

En su enorme travesía debería cruzar una enorme zona árida, donde no crece nada, salvo alguna planta del desierto.

Caminó 62 kilómetros, con su valija a cuestas, su pequeño hijo, con sed, hambre y soportando el viento helado de las montañas. Caminó hasta que no pudo seguir y cayó sin fuerzas. Días después, unos gauchos pasaban por aquellos parajes y viendo que sobre una loma revoloteaban un grupo de buitres al compás del llanto de un bebé, se acercaron y descubrieron una triste e inolvidable escena. Una mujer muerta desde hacía varios días, aún amamantando a su hijo.

Los hombres recogieron al pequeño y sepultaron a la mujer construyendo con ramas gruesas una cruz escribiendo el nombre de Difunta Correa, porque en su cuello llevaba una medalla con ese apellido. Se fueron al pueblo más cercano y allí dieron a conocer la historia que causó tanta pena, aflicción y asombro entre los pobladores.

La historia del milagro se esparció velozmente y poco a poco se fue convirtiendo aquel paraje en lugar de peregrinación de todos aquellos que vieron en ese hecho la mano de Dios.

La Difunta Correa, es todo un símbolo para el pueblo argentino y sus países hermanos de América, no nos debemos olvidar que no todo está perdido, aún en los peores momentos, cuando el dolor y la separación hagan estragos en el alma, cuando todo sea oscuridad, frío y depresión, una luz de esperanza y vida trae el consuelo cuando uno no se olvida de Dios.

Son innumerables los relatos de favores y milagros ocurridos en San Juan por intercesión de Deolinda Correa. Símbolo ejemplar de esposa y madre.

Fuente: La Difunta Correa

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