La familia Pomar. Desenlace


El fatíco viaje de los Pomar

El fatíco viaje de los Pomar

Ya lo había dicho Sherlock Holmes, el inmortal personaje detectivesco: “Una vez que se descarta lo imposible, lo que queda es la verdad por improbable que parezca”, y en el caso de la familia Pomar, este dicho nunca cobró mayor relevancia.

El 24 de Noviembre dábamos cuenta en un artículo de la aparente desaparición de esta familia, que había salido con su auto, desde la localidad de Pergamino hacia José Mármol, en la provincia de Buenos Aires. Era un viaje corto, de unos 300 kilómetros. Un par de tomas de los peajes, un mensaje de texto -“Llegamos a las 10 a Pergamino”- y nada más. Ni rastros de Luis Pomar, de 40 años; su esposa, Gabriela Viagrán, de 36, y sus dos hijas de 3 y 6 años. Parecía que se los había tragado la tierra.

Pero el 8 de diciembre, las peores sospechas fueron confirmadas. Sin haberse desviado ni un metro del camino que se suponía que iban a recorrer, fueron encontrados a la vera del camino, el auto volcado y los cuatro integrantes de la familia, muertos.

Inmediatamente, los interrogantes que surgen son miles. Para encontrarlos, supuestamente, se rastrillaron kilómetros y kilómetros de rutas. Se dragaron lagunas a mucha distancia de donde se suponía que habrían pasado con su vehículo. La teoría que predominaba era que Luis, supuestamente en un ataque de furia, había matado a su familia, y se habría arrojado a una laguna con el auto. Pero nada de esto era verdad. La realidad era mucho más simple, shoqueante, casi obscena. El auto simplemente se había salido de control, y la familia había muerto en su totalidad en un accidente vial.

Pero, ¿por qué no los habían encontrado antes? Increíblemente a los pocos días de su desaparición, un pasajero de un micro de larga distancia, de doble piso, había visto el auto volcado a la vera del camino, y había llamado a emergencias, para dar parte. Pero no lo tomaron en serio. Y no llamó una, sino dos veces. En otro viaje, dos semanas después, se volvió a fijar y el vehículo seguía en la misma posición. Nuevamente llama, pero no le creen.

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