La familia Pomar. Las pistas falsas


La última foto de Luis Pomar con vida

La última foto de Luis Pomar con vida, saludando a la empleada del peaje

Durante los 24 días que esta familia estuvo desaparecida, miles de rumores, sospechas y teorías circularon. Y lo peor, es que la fuente de todas estas inexactitudes no fueron los medios amarillistas, sino la misma policía a cargo de la investigación y la fiscalía, que se suponía debía investigar certezas y pistas, fueron los encargados de diseminar mentiras y calumnias sobre los Pomar.

La policía especuló desde el comienzo que podrían hallarse fuera del país, en una suerte de desaparición voluntaria. Que las deudas de Luis, que era jugador, que debía dinero a las mafias de los juegos clandestinos, y muchos supuestos más. Pero todas estas ideas dejaron de tener sustento cuando vieron que las cuentas bancarias de los Pomar tenían saldo positivo, una cantidad de dinero considerable que provenía de la indemnización que Luis había cobrado cuando había sido despedido unos meses antes. Entonces, el dinero no era un tema acuciante.

Luis era técnico químico. Este hecho era prueba suficiente para las autoridades para sospechar que podría ser el “genio” detrás de un laboratorio clandestino de drogas ilícitas, como la metanfetamina (precursor del éxtasis). Tampoco era cierto.

Luis había visitado por trabajo la provincia de Neuquén unas semanas atrás. Se especulaba que se habían fugado hacia allá. O que podrían estar en Canadá, o en otro país. Nada más alejado de la verdad. Estaban a sólo 40 metros del camino. A tan corta distancia que desde el piso superior de un micro de dos pisos se podía ver el coche volcado perfectamente. ¿Qué clase de rastrillaje realizó la policía?

En el mes anterior a la tragedia de los Pomar, otro coche se había despistado en exactamente la misma curva, y sus integrantes se habían matado también. Ya sabían las autoridades que era un tramo peligroso. La ruta estaba en muy mal estado, sin señalización, y ellos venían de noche. Bastó con que Luis mordiera la banquina con su auto –a pesar de que venía a 100 km por hora, o menor velocidad- para que el auto saliera despedido como un bólido 40 metros.

Pero la ignominia mayor fue cuando comenzaron las sospechas acerca de la personalidad de Luis. Se decía que era abusador, que maltrataba a su esposa y a sus hijas. Que tenía un temperamento violento. Que había comprado un arma. Como no se encontraron registros de la supuesta compra, se dijo –como un hecho cierto- que la había adquirido en el mercado negro. Con esa arma había matado a toda su familia y se había suicidado. Era un hecho, sólo bastaba encontrar los cuerpos con las heridas de bala. Todas mentiras. Hasta se sospechaba de que Luis abusaba sexualmente de sus hijas. Se allanó la casa familiar –dos veces-. Se secuestró su computadora, para detectar supuesta pornografía infantil. Todas mentiras.

Cuando los errores son tan gruesos en una investigación, la pregunta obligada es ¿son a propósito? Se supone que son profesionales entrenados para estas situaciones. ¿Cómo es que no vieron el auto? Si por simples supuestos se allana la casa –hasta se secuestraron los dibujos de las nenas para que peritos psicólogos los analicen en busca de pruebas de abuso sexual-, ¿cómo es que alguien llama –dos veces- diciendo que vio el auto y no le creen?

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