La Pororoca


La Pororoca

La Pororoca

Todo se conjuga para que ese día sea especialmente catastrófico en el seno del correntoso río Amazonas. Miles de pequeñas poblaciones, villas, aldeas y casuchas precarias se asientan a su margen, con la esperanza de los pobladores de poder subsistir de la fauna y la flora que conforman ese complejo ecosistema amazónico. Pero todos saben que una vez por año, como el diezmo, gran parte de sus posesiones, y hasta sus vidas se pueden perder. Es un tributo que la naturaleza con férrea regularidad les impone. Son las reglas del juego: la selva es generosa, pero como te da te quita. Y ellos lo saben.

El fenómeno de la Pororoca se da también en el río Orinoco, pero en el Amazonas es mucho más notable, debido al enorme caudal de este río. El mismo es producido por la acción de las mareas al penetrar las aguas marinas sobre las aguas del río durante la pleamar o flujo. La pororoca se vuelve más poderosa cuando el ancho del río se hace menor, por lo que las aguas del océano Atlántico penetran más fácilmente y con mayor velocidad y fuerza en los cauces del delta de este río. Esto provoca una devastadora inundación que llena de agua salada muchas zonas ribereñas.

El estruendo es sobrecogedor. En el silencio de la jungla, cuando se siente ese rumor, primero como un murmullo de un motor distante, pero luego con una presencia mucho más palpables, todos saben lo que puede pasar. Enormes extensiones de tierra son arrancadas de cuajo de la rivera del río, así como árboles que pasan flotando como palillos, casas, y todo lo que esta descomunal ola encuentra.

El enorme caudal del Amazonas hace que este oleaje inusual tenga una duración extrema. El caudal del Amazonas es de más de 100.000 metros cúbicos por segundo. Esto hace que el caudal de agua, que en otros ríos más pequeños se marca como una contracorriente, a penas visible, se transforme en un oleaje que puede alcanzar hasta cuatro metros de altura.

Pero la Pororoca también tiene efectos benéficos. Los habitantes del lugar están acostumbrados, y saben que este oleaje puede tomar dimensiones gigantescas. Pero la pesca, con la mezcla del agua de mar y río, se intensifica. El fenómeno también tiene un costado turístico, ya que cientos de surfistas acuden cada año, para montarse en esas olas demenciales, sobre las que pueden surfear sin parar por más de una hora.


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