
Restos de la cabina del avión
Se acercaba la navidad de 1988. Los pasajeros que habían conseguido pasaje en esa fecha tan complicada desde Heathrow (Londres) al J.F.K de Nueva York estaban muy complacidos por poder llegar a sus hogares justo antes de las fiestas. La noche presentaba un clima muy malo. Tormenta y ráfagas de 100 nudos (190 kilómetros por hora) complicaban la noche. Pero los pilotos eran muy experimentados. El avión, un Boeing 747-121 era uno de los más seguros de la industria de la aviación. Todo debería salir perfectamente, en unas tres horas y media estarían en Nueva York.
El despegue salió perfectamente. Los pasajeros empezaban a relajarse, habiendo pasado más de media hora de viaje. Las azafatas iban y venían con las bandejas con tragos, y algunos pasajeros ya se acomodaban para dormir, aunque sea un rato. La gente reía, conversaba, o miraba la negrura de la noche de tormenta que se cortaba de tanto en tanto con un relámpago. Nada más hermoso que ver el cielo desde 10.000 metros de altura, aunque sea una noche de tormenta. Todo iba como se suponía. De golpe, el silencio.
Los restos del avión quedaron diseminados en un corredor de 130 kilómetros de largo, en casi 2.200 kilómetros cuadrados. Una bomba escondida en un reproductor de cassette, dentro de una valija Samsonite había marcado el fin de 259 personas a bordo del avión, y once habitantes del pueblo de Lockerbie, en Escocia.
Lockerbie es un pequeño pueblo, enclavado en las tierras bajas de Escocia con no más de 400 habitantes. El evento del día podría ser el nacimiento de una oveja, o que algún joven local se mudara a Glasgow, la ciudad más importante, a 120 kilómetros. Una noche, como cualquier noche, un bólido formado por la cola, y las alas repletas de combustible, se desplomaron sobre el corazón del poblado. Trescientos cuarenta gramos de explosivo plástico marcaron un antes y un después en la historia del terrorismo mundial.
Dos ciudadanos libios Abdelbaset Ali Mohmed Al Megrahi, y Al Amin Khalifa Fhimah, fueron acusados por el atentado. En el juicio llevado a cabo en el Reino Unido, Al Megrahi fue absuelto, pero Fhimah fue encontrado culpable, y condenado a cadena perpetua. Sirvió su tiempo en la prisión de Greenock, hasta que fue liberado por razones humanitarias (cáncer terminal de próstata) el 20 de agosto pasado.
Libia fue sancionada por el atentado a partir de 1992. En octubre de 2002, el gobierno de Libia ofreció una compensación de unos 10 millones de dólares estadounidenses por víctima y el 15 de agosto de 2003 aceptó formalmente la responsabilidad por el atentado. El 12 de septiembre de 2003, las Naciones Unidas levantaron las sanciones contra Libia que habían durado 15 años. Pero en la memoria de la humanidad todavía está fresco la tragedia que sacudió al mundo libre. Hasta el atentado de las torres Gemelas, había sido el acto terrorista que más víctimas se había cobrado en vidas americanas.
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