Las Brujas de Salem


Las Brujas de Salem

Las Brujas de Salem

La apacible aldea de Salem, hoy estado de Massachussets, Estados Unidos, recibe curiosamente más de 800 000 visitantes por año. Y es que en el pequeño pueblo aún resuenan los ecos de uno de los episodios más curiosos y sangrientos en la historia de la intolerancia humana.

A principios de 1692, los actuales Estados Unidos, por entonces todavía una colonia británica, vivían un período de mucha agitación. En la aldea de Salem, la efervescencia era aún mayor, ya que a las luchas por el poder entre familias rivales se sumaba la creciente influencia de los puritanos extremos, que en la práctica gobernaban la colonia, sobre la vida personal de sus habitantes. La tensión era enorme y podía estallar en cualquier momento. Lo haría de la manera más terrible.

A mediados de 1692, Betty Parrish y Abigail Williams, de 9 y 11 años, hija y sobrina respectivamente del reverendo de la comunidad, comenzaron a comportarse de manera extraña. Según testigos, se echaban a llorar sin motivo y se arrastraban por el suelo, o caminaban en cuatro patas, ladrando como perros. Las sospechas pronto recayeron en Tituba, la esclava antillana de la familia, quien tenía fama de poder leer el futuro. Por aquel entonces, la brujería era considerada delito contra el estado y se penaba con la horca, pero quienes admitían sus prácticas demoníacas eran indultados. Fue así como Tituba confesó ser bruja y salvó su vida. Pero apremiada por los jueces, declaró también que había muchas otras brujas en el pueblo, y un hombre alto y misterioso que las comandaba a todas. El fanatismo religioso y los odios solapados hicieron el resto: fue el comienzo de una cruenta cacería. Apoyándose apenas en los delirantes testimonios de Abigail y Betty, que aseguraban ser atacadas por fuerzas demoníacas,  el tribunal de Salem ahorcó en sólo 7 meses a 20 personas y detuvo a otras 200, condenando a la mayoría a la pena de prisión perpetua. Otras 200 personas fueron también sospechadas de hechicería. El manejo de los juicios por parte de los puritanos desató críticas desde un primer momento, pero no fue hasta 1697 que los jurados pidieron disculpas públicas por los aberrantes procesos y los detenidos que permanecían en prisión fueron indultados. Para los ejecutados en la horca sólo quedó una rehabilitación tardía e inútil. Y un lugar en una de las páginas más vergonzosas de la historia de la crueldad humana.

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