Leyenda de los 5 soles (II)


Cinco Soles

Cinco Soles

Tras la caída del sol Quetzalcoátl, su lugar fue ocupado por Tláloc, el Señor de la Lluvia. La tierra vuelve a poblarse, y los hombres se alimentan de maíz de agua. Pero pronto, los seres humanos comienzan a corromperse y a descuidar sus obligaciones para con los dioses. En poco tiempo caen en una profunda decadencia moral, y la tierra se convierte en un páramo. Quetzalcoátl, apenado, ordena a Xiuhtecuhtli, el Señor del Fuego, que destruya a la humanidad. Xiuhtecuhtli desata entonces una incesante lluvia de fuego, y todos los seres humanos se convierten en pájaros.

Este tercer sol fue llamado por los nahuas Xiuhtonatiuh.

El siguiente sol fue creado por Huitzilopochtli, el Tezcatlipoca Azul. Fue él quien ordenó a la Señora de las Faldas de Esmeralda, Chalchuiuhcueye. Pero en la eterna lucha cósmica de los opuestos, Chalchuiuhcueye fue obligada a destruir un nuevo ciclo de la humanidad. Fue así que comenzó a llover intensamente sobre la tierra, y llovió tanto y durante tantos días que todos los hombres se transformaron en peces. Cuentan que, de tanto llover y llover, los cielos perdieron el equilibrio y se desplomaron sobre la tierra.

Los nahuas llamaban a este cuarto sol Atonatiuh.

Tras este nuevo desastre, los dioses se reunieron en Teotihuacan. Apenados por sus errores del pasado, se dispusieron a enmendarlos. Para eso, crearon cuatro nuevos hombres, que emergieron uno de cada uno de los puntos cardinales, personificados en frondosos árboles. Sus nombres eran Atemoc, Tenoch, Itzamaliza e Itzacoatl. Entre los cuatro, volvieron a levantar los trece cielos y reconstruyeron los nueve estratos subterráneos del Mictlán, el Reino de los Muertos.

Para que la humanidad pudiera renacer, Quetzalcoátl, el Tezcatlipoca Blanco, viajó hasta el Mictlán y pidió a Mictlantecuhtli, el Señor de la Muerte, que le devolviera los huesos de los hombres muertos tras la debacle del sol anterior. Mictlantecuhtli exigió a Quetzalcoátl superar una serie de pruebas para poder llevarse las reliquias divinas.

El dios Blanco pudo cumplirlas gracias a la ayuda de los insectos y de su anual Xólotl y rescató las reliquias, a las que infundió vida. Después, Quetzalcoátl se convirtió en hormiga para poder encontrar  Tonacaltepetl, el Monte del Sustento. De allí trajo maíz y semillas en cantidad: los nuevos seres humanos ya tenían de qué alimentarse.

Finalmente, los dioses volvieron a reunirse en Teotihuacan para crear el quinto sol, el mismo que nos alumbra hasta hoy, ya que la tierra estaba a oscuras.

Pero esa es otra historia, narrada en la bella Leyenda del Sol y la Luna.


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