
Cuando el Rey Tcheser estaba en su décimo octavo año de reinado, una sequía invadió Egipto y acabó con toda cosecha. Todos se debilitaron y hasta algunos murieron por la escasez de comida. Fue entonces cuando el Rey recordó cuando el dios I-em-etep salvó a su pueblo en una situación similar, pero el hijo de Ptath no acudió a sus rezos.
Sintiéndose desahuciado, Tcheser envió a un mensajero para que le pregunte a Mater, un gobernador del sur, dónde se originaba el Nilo y quién era el dios o la diosa que lo protegía. Mater le respondió hablándole de la maravillosa isla Elefantina, en la cuál se encontraba la primera ciudad jamás conocida, desde donde salía el Sol para dar vida a la humanidad. Le mandó a decir que allí había una cueva doble llamada Querti, que tenía la forma de dos pechos: de entre medio de ellos nacía la inundación del Nilo cuando el dios Khnemu encontraba la ocasión apropiada para abrirle la puerta una vez año.
Cuando el Tcheser supo quién era el dios del río comenzó a suplicarle y a celebrarle sacrificios en su templo. Finalmente Khnemu apareció ante la presencia del Rey y le prometió que el Nilo volvería a levantarse cada año para acabar con la sequía, con la condición de que las tierras a cada lado del Nilo protegieran su templo tan abandonado por esos años.
Es por eso que en cierto lugar de Egipto hay huellas de la antigua isla en donde existió la primera ciudad jamás conocida, que abrigaba el nacimiento del río. Podemos reconocerlo por su vegetación muy verde, sus flores de colores nunca vistos y por una pequeña colina sobre la que descansa una piedra tallada con un agradecimiento eterno a Knemu, el dios del Nilo.
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