
El colegio de Nuestra Señora de Covadonga, se encuentra en el valle asturiano de Turón, es un edificio abandonado que encierra un gran misterio.
En la época de la Guerra civil española fue una cárcel y el lugar donde se realizaban las ejecuciones.
Desde entonces, los vecinos del lugar aseguran que pueden verse sombras y luces extrañas en sus pasillos y también escucharse gritos de dolor.
El Valle de Turón se encuentra en pleno corazón de Asturias y atravesando la avenida principal de su pueblo está el edificio del colegio de Nuestra Señora de Covadonga, también conocido como de La Salle.
En el interior de este edificio abandonado se esconde un misterio, pues allí tuvo lugar una historia que por su carácter trágico cambió la vida de muchas familias de esta ciudad.
Este colegio fue inaugurado en el año 1917 y permaneció abierto hasta el 2005, desde entonces, está abandonado y esto ha causado deterioros graves en las instalaciones.
Pero, hagamos un poco de historia para saber que aconteció allí. El 5 de octubre de 1934 tropas revolucionarias capturaron a nueve profesores religiosos en el interior del colegio, y luego de mantenerlos en cautiverio durante 4 días los llevaron al cementerio y los asesinaron.
Este colegio también se utilizó como cárcel donde se ejecutaron antepasados de algunos habitantes de esta población.
La historia espeluznante que van a leer fue sacada a la luz por Representantes de la Plataforma Juvenil de Turón, del Ayuntamiento de Mieres.
Integrantes de este grupo se pusieron en contacto con investigadores de lo oculto llamado Gaipo, quienes fueron los encargados de verificar y estudiar la leyenda que rodea este lugar, ya que los vecinos aseguran que se pueden ver sombras y luces de colores verde y blanco y que también se escuchan voces.
Los investigadores comenzaron las primeras pesquisas haciendo una vistoría del inmueble y mientras tanto también comenzaban a hacer una reconstrucción documental sobre todas las personas que fueron testigos de los acontecimientos que ocurrieron allí.
Se utilizaron, para hacer la investigación, la tecnología más avanzada y así tener la posibilidad de registrar cualquier tipo de fenómeno paranormal y luego de analizado guardarlo como prueba.
Todas las pruebas, se hacían siempre después que se ocultaba el sol, desde medianoche hasta el amanecer.
Lo primero que estudiaron fue el edificio de tres plantas y 40 dependencias, haciendo también planos para tratar de determinar algunos puntos donde poder realizar la experiencias.
Terminados estos planos, lo fotógrafos hicieron tomas de todos los puntos señalados como importantes, tratando de captar algún tipo de anomalía.
Una imagen impactante fue la tomada en el primer piso del colegio, en ella aparecía una luz verde que cruzaba en dirección al fotógrafo. Cabe destacar, que este suceso fue tomado cerca del aula en donde habían sido presos los religiosos ejecutados.
También se pretendía hacer un registro de audio y obtener psicofonías, las cuales mostraron mensajes de dolor, y éstos fueron cotejados contra los testimonios conseguidos y la historia que existía en algunos lugares del colegio donde fueron recogidas, como por ejemplo el sótano y otra pequeña habitación del piso más alto que estaba quemada.
En el sótano se pudo gravar un grito estremecedor, como si alguna persona estuviera siendo torturada, otros mensajes que pudieron obtenerse también eran de mucho sufrimiento como:
“ayudadme”, “maltrato”, “afuera, encontrad”, “llámame” y “cobardes”. Muchas de estas voces, eran acompañadas de ruidos, golpes e incluso puertas que se cerraban sin explicación.
Los miembros de Gaipo, hicieron sesiones de espiritismo en el sótano y los datos en un principio parecían incoherentes, se tornaron entendibles gracias a los testimonios.
Se encontró suficiente información con respecto a los sacerdotes, pero muy poca sobre de las muertes de otros presos políticos, ya que todo fue quemado en 1936, así que se utilizaron otro tipo de medios de prueba como por ejemplo artículos de diarios, y algunos testigos como el enterrador.
Ortega de 95 años fue uno de los que vivió lo acontecido en el lugar, pues su mujer fue asesinada estando embarazada de siete meses. “Los muros de esta escuela sirvieron de cárcel en la toma de 1937. Muchos vecinos fueron hechos prisioneros en sus sótanos para luego ser ejecutados. Entre ellos, mi esposa Consuelo”. “Ella fue acusada, perseguida y apresada para sonsacarle mi paradero. Mi mujer sufrió torturas dentro del colegio: fue maltratada, mancillada y, finalmente, asesinada”.
También, en los años cincuenta del siglo pasado, unos niños llamados los hueseros, encontraron en el patio enterrados numerosos huesos, hecho que concuerda con lo atestiguado por Hermesindo Andrade, que dijo que él y otros alumnos fueron obligados a enterrar huesos en un antiguo huerto. Éstos fueron hallados y algunos cráneos tenían agujeros como de balas.
Desde ese momento la prensa local se hizo eco de las investigaciones y medios nacionales mostraron interés en el tema del descubrimiento de una fosa común.
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