Lo ocurrido tuvo lugar en el verano de 1947, en esa época ya comenzaba a hablarse de los ovnis y los platillos voladores.
En ese año y en una casa de un pequeño pueblo de Murcia, llamado Jumilla en España, dos niñas Próspera de 7 años y Ana de 11, ven como un objeto se sitúa en las cercanías de una de las ventanas de la casa, a plena luz del día.
De ese objeto de forma redonda aparecen dos figuras de 1,40 y 1,20 metros de altura, de muy delgada, complexión débil y usando unos trajes blancos muy ajustados. Tenían ojos muy grandes y de forma alargada hacia los laterales. Entran en la casa y terminan entablando una conversación con las dos niñas.

La mayor de las niñas Ana, a partir de ese momento no recuerda prácticamente nada de lo ocurrido, por más que su hermana ha tratado que los recuerdos vuelvan a su memoria.
Sin embargo, Próspera si pudo rescatar esos recuerdos y cuenta que los visitantes pidieron un vaso de agua, el que nunca bebieron, se interesaron por las fases de la luna que aparecían retratadas en un almanaque y luego desaparecieron diciendo que pronto volverían por una de ellas.
Desde ese día extraños acontecimientos rodearon la vida de la familia Muñoz, por ejemplo la puerta de la alacena se bloqueaba y los alimentos se ponían en mal estado con suma rapidéz, luego de 4 días los seres retornaron y se llevaron consigo a Próspera.
Dentro de la nave le enseñan a la niña, en una pantalla similar a la de un cine, escenas de ella con su familia. Luego la colocan sobre una camilla, le hacen una revisión y le introducen una especie de microcápsula en el cuello.Posterior a estos acontecimiento pasan tres décadas de silencio.
Uno de los seres de la nave le había dicho a Próspera que no recordaría nada de los ocurrido hasta pasados 30 años, y así ocurrió.
Próspera comenzó recordando retazos de algunos hechos, pero al principio creyó que se trataba de alguna película que de niña había visto y ahora recordaba de forma confusa.
Su hermana, le ayudó en lo que pudo, ya que no recordaba demasiado, pero sí le confirmó la visita de esos seres a su casa, cuando eran niñas.
Esta experiencia, cambió radicalmente la vida de Próspera Muñoz, que no se sintió una niña normal y adquirió una visión de la realidad que una niña de su edad jamás podría tener.
Hoy, está convencida que lo único que pretenden estas entidades es que el ser humano evolucione por medio de su cretividad, no es su intención hacerle daño a los humanos, solo quieren estudiarlos para conocerlos mejor.
Hoy Próspera, se ha contactado con ufólogos y científicos que la ayudan a entender que le ha sucedido.
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