El Can Cerbero

 EL Can Cerbero

EL Can Cerbero

En la mitología griega, Cerbero era el monstruoso perro que custodiaba la entrada del Hades, el reino de los muertos. Tenía tres cabezas (en algunos mitos cincuenta o cien) y una serpiente en lugar de cola. Miles de serpientes más brotaban de su lomo.

Feroz, Cerbero impedía a los muertos regresar a la tierra y a los vivos entrar al Hades. Sin embargo, varias veces resultó derrotado. Orfeo, por ejemplo, se valió de su maravilloso canto y de la dulce música de su lira para calmarlo y adormecerlo. Así pudo entrar al Hades para rescatar a su amada Eurídice.

El dios Hermes también logró dormirlo dándole a beber agua del Leteo, uno de los ríos del Hades que tenía fama de borrar la memoria de quien bebiese de él. Menos poética, la mitología romana refiere que tanto Eneas como Psique lograron ingresar al Hades tras dormir a Cerbero con tortas de miel que contenían drogas.

Heracles (o Hércules), en cambio, no sólo logró burlar la vigilancia de Cerbero: también consiguió capturarlo. Se había encomendado al héroe la misión de apresarlo como último de sus célebres doce trabajos. Según algunas versiones, a Heracles sólo se le dificultó entrar al Hades, ya que una vez allí, el dios que lo regía, del mismo nombre, accedió a entregarle a su perro siempre que prometiese no hacer daño al animal.

Según otras, en cambio, Heracles debe luchar con Hades para llevarse a Cerbero, y lo derrota traspasándolo con una flecha. Sobre lo que pasó después, también hay versiones distintas. Algunas dicen que Heracles peleó fieramente con Cerbero para sacarlo a la superficie, y que debió arrastrarlo a través de toda Aquerusia, la cueva que atravesaba el Hades. Otras versiones señalan que Heracles trató con cariño al animal por vez primera y que Cerbero, entonces, lo acompañó dócilmente.

Cerbero era, como todos los monstruos de la mitología griega, hijo de Tifón y Equidna. Tifón, el dios huracán que lanzaba llamas por la boca, y Equidna, la bella mujer de cuerpo de serpiente, tenían además, otro hijo perro: Ortro, un can de dos cabezas que fue muerto por Heracles.

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Thor, el dios del trueno

Thor

Thor

Thor es un dios compartido por las mitologías nórdica y germánica. Habitualmente se lo presenta como el dios del trueno, pero también tenía influencia sobre la protección de las cosechas, la suerte de las batallas y los viajes, la justicia y el clima.

Para las tribus germánicas era el dios principal y más venerado, y son numerosas las leyendas que narran sus hazañas. En las Eddas, recopilaciones medievales de los mitos nórdicos, Thor cumple habitualmente el papel de protector del Midgard, el mundo de los hombres.

Su arma era el martillo arrojadizo, y era habitual que sus adoradores realizaran pequeñas réplicas que les sirvieran como amuleto protector. Durante el proceso de cristianización de la península escandinava, estos amuletos adquirieron un nuevo significado al convertirse en símbolos de la rebeldía y resistencia paganas.

Thor es el hijo del dios mayor Odín, y su madre es la personificación de la tierra. Tiene una hija y un hijastro de su esposa, Sif, otro hijo de la gigante Járnsaxa y un hijo, personificación de la ira, de madre desconocida.

Considerado el patrón de la ley, se lo suele relacionar  con las runas y las ceremonias de consagración y muchos poemas exaltan sus habilidades mágicas y su gran sabiduría. Se canta que es capaz de cambiar de tamaño y forma y que los truenos y relámpagos que envía durante las tormentas hacen madurar los cultivos.  Habitualmente se lo representa como un gran guerrero capaz de derrotar un ejército de gigantes con la sola ayuda de Mjolnir, el martillo que jamás falla su blanco.

Sin embargo, Thor no representa la búsqueda de gloria en el campo de batalla, sino que cumple allí una función eminentemente protectora. De allí que fuera adorado principalmente por artesanos y campesinos.

Thor vive en el Asgard, la morada de los dioses, en Bilskirnir, el palacio más grande de todos. Allí, en las 540 habitaciones que comparte con su esposa Sif y sus hijos, recibe a los esclavos y campesinos muertos. El dios viaja en un carro tirado por dos machos cabríos a los que puede cocinar y luego revivir a voluntad con un toque de su martillo. El carro resquebraja las montañas y arrasa las tierras por las que pasa.

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El mito de Leto

Leto

Leto

En la mitología griega Leto, hija de los titanes Febe y Ceo, es venerada junto a su hermana Asteria como diosa de la noche. Pero Leto es también célebre por haber dado a Zeus dos hijos, nada menos que los mellizos Apolo y Artemisa. Y también por los terribles sufrimientos que su aventura con el padre de los dioses le ocasionó.

Cuentan que Zeus se había interesado primero por Asteria, hermana de Leto. Ante el rechazo de la muchacha, comenzó a perseguirla hasta que ella, desesperada, se convirtió en codorniz para escapar de él y se arrojó al mar, donde se transformó en la isla flotante de Ortigia. Zeus se interesó entonces por Leto, quien le entregó su amor y engendró así a los mellizos Artemisa y Apolo. Pero Hera, la esposa de Zeus, loca de celos, prohibió que se le diera refugio para el parto, por lo que la pobre Leto vagó desesperada hasta ser acogida por Ortigia, la isla que fuera su hermana.

Pero Hera va fue allá y pidió a su hija Llitía, diosa de los nacimientos, que impidiera el parto. Leto sufrió entonces durante nueve horribles días hasta que finalmente los otros dioses, conmovidos por su suplicio, hicieron que Artemisa naciera y alcanzara rápidamente la edad adulta para ayudar a su madre en el alumbramiento de su hermano Apolo. Artemisa quedó tan impresionada por el sufrimiento de su madre que decidió permanecer virgen por siempre.

Pero el calvario de Leto no finalizó tras el parto. La rencorosa Hera, furiosa, envió a la serpiente Pitón a la isla para acabar con la pequeña familia. Los dioses, sin embargo, los protegieron nuevamente, haciendo que Apolo alcanzara la madurez en sólo cuatro días y pudiese matar a la serpiente.

Convertidos ambos en adultos, Apolo y Artemisa se transformaron en los protectores de su madre, que no sólo nunca dejó de  sufrir la persecución de Hera, sino que fue atacada por el gigante Ticio, que intentaba violarla. Apolo y Artemisa mataron al gigante y también a trece de los catorce hijos de la desdichada Níobe, que se había burlado de Leto por su escasa descendencia.

La isla errante de Ortigia, en premio por haber acogido a Leto durante el parto, fue fijada al fondo del mar por cuatro columnas blancas y convertida en la isla de Delos, morada del principal templo en honor a Apolo.

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La Salamanca

La Salamanca

La Salamanca

Se dice que en la ciudad de Salamanca, en España, hay una cueva donde el diablo mismo da lecciones de hechicería. Ya Cervantes habla de ella en su comedia La Cueva de Salamanca.  Con la Conquista, la leyenda de la cueva llegó a Sudamérica y se instaló en el sur de Brasil, en Chile y en el norte de Argentina. Pero fue allí, más precisamente en la provincia de Santiago del Estero, donde adquirió mayor riqueza y fantasía.

Para los santiagueños, la Salamanca es la cueva donde Supay, el diablo, vive con su corte de brujas, duendes y demonios. Está ubicada en lo más espeso del monte, y su entrada es vigilada por animales feroces. Cuentan que quien llega allí pierde por completo el sentido de la orientación. Si es valiente, puede elegir enfrentarse a las pruebas que Supay le prepara, y si las supera, quedarse en la cueva hasta dominar las artes oscuras. Allí podrá aprender, si lo desea, a curar y a comprender el lenguaje de los animales. O a convocar a las fuerzas del mal en terribles hechizos capaces de hacer mucho daño.

Desde el anochecer hasta que llega el alba hay fiesta, baile, risas y música en la Salamanca, pero la alegría es sólo para los de adentro: si algún caminante tiene la desdicha de pasar cerca y oír la música que de allí sale, queda condenado a una vida de sufrimiento.  Quien pasa por allí durante el día, debe llevar un rosario a mano, para conjurar la tentación de entrar y perderse para siempre. Los que han bajado a la cueva se reconocen porque no proyectan sombra.

Supay abandona muy pocas veces la Salamanca. Para hacerlo, toma la forma de un gaucho joven y apuesto, vestido lujosamente, y montado en un imponente caballo negro. Esta apariencia atractiva le sirve para perder almas inocentes. Sobre todo, de hermosas muchachas.

Cuentan en Santiago que Supay gusta de los músicos. Y que muchos de los artistas más famosos de esa tierra han hecho un pacto con él para obtener talento, éxito y riquezas. Supay les concede todo lo que piden. Quienes han estado en la Salamanca, dicen, se destacan por su talento para el baile, el canto y la música, y aunque no duerman, jamás se los verá cansados.

Pero el precio, claro, siempre resulta demasiado alto.

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El ovni de Arroyo Leyes

Marca del Ovni

Marca del Ovni

Arroyo Leyes es una pequeña localidad de quintas en la provincia argentina de Santa Fe. Apenas si tiene dos mil habitantes. Nunca pasa nada en Arroyo Leyes. Pero a fines de enero del año 2009, el tranquilo pueblito acaparó toda la atención de la prensa. La razón: un ovni.

Cuentan Néstor Rivoira y su esposa, Sara Fernández, que la madrugada del 14 de enero de 2009 los despertó un fuerte estruendo. Según Néstor, similar al que haría un lanzallamas. Asustados, intentaron levantarse de la cama, pero algo los retenía, allí, sin poder moverse. Dicen que oyeron ladrar en el patio a sus 8 perros, pero que extrañamente, ninguno se animó a saltar la reja e internarse en el campo, como suelen hacer ante la presencia de algún animal salvaje. Y que los estruendos se sucedieron uno tras otro hasta que, finalmente, se calmaron.

Rivoira y Fernández no notaron nada extraño en la casa al levantarse a la mañana siguiente. Pero el viernes 16, dos días más tarde, encontraron en su campo, a la orilla del río, dos extrañas huellas que han atraído a numerosos investigadores del fenómeno ovni. Se trata de 2 círculos perfectos de 3 metros de diámetro, y 3 centímetros de profundidad. En esta profundidad se aprecia una total ausencia de vegetación. No hay pastos aplastados, sólo tierra totalmente reseca y muerta.

Néstor Rivoira y Sara Fernández pensaron inmediatamente en un ovni, ya que la ausencia de vegetación descartaba la posibilidad de que se tratase de huellas de los cuatriciclos comunes en la zona. Pero sólo lo comentaron con sus amigos más cercanos, temiendo que los trataran de locos. Sin embargo, los vecinos estuvieron de acuerdo en la teoría de la visita extraterrestre, y pronto el pueblo entero estaba al tanto.

Durante la última semana de enero de 2009, Rivoira y Fernández aparecieron en la mayoría de los diarios del país posando sonrientes en el centro de los misteriosos círculos. Su aspecto de sencillos ancianos de campo pareció aportar mayor credibilidad a su historia.

Según los investigadores que han inspeccionado las huellas de este supuesto aterrizaje intergaláctico, las mismas parecen corresponder a una nave extraterrestre de exploración, las visitantes más frecuentes del planeta Tierra.

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La leyenda de Deirdre y Naois

Deirdre

Deirdre

Cuentan que hace ya muchísimos años, el rey Connacher y sus Caballeros de la Rama Roja trajeron la paz a las tierras de Irlanda. Pero una noche, mientras la corte en pleno celebraba una gran fiesta, un terrible grito paralizó a los presentes. Nadie sabía de dónde había venido. El druida Cathbad, entonces, abandonó su contemplación de las estrellas y avanzando hasta el centro del salón puso su mano sobre el vientre de Elva, la embarazada esposa del buen Malcom, arpista del rey. Luego, dijo:

- Es esta niña la que ha gritado. Su nombre es Deirdre y su belleza será extraordinaria. Todos querrán desposarla. Por ella se desatará la guerra en Irlanda y se separarán los caballeros de la Rama Roja.

Un profundo silencio cayó sobre el salón. Todos sabían que las profecías de Cathbad siempre se cumplían. Pronto, todos pedían al rey la muerte de la niña, para evitar males mayores.

Pero Connacher sintió pena por los afligidos padres. Y un enorme deseo de conocer a esa belleza fascinante. Por eso, dijo:

-La niña no morirá. Apenas nazca será llevada a lo profundo del bosque, donde será criada hasta que cumpla los dieciséis años. Entonces, yo me casaré con ella, y así impediré que la profecía se cumpla.

Deirdre nació poco después. La crió en una oculta cabaña en el bosque Levarcham, la narradora de historias. Y Deirdre creció bellísima, bondadosa y feliz. La muchacha sabía que debía casarse con el rey apenas cumpliera los dieciséis años, pero no lograba conformarse. Ella aguardaba al joven alto y de cabello negro que la había cautivado en sueños.

Una tarde, Deirdre se cruzó en el bosque con tres cazadores. Se trataba de los hermanos Naois, Allen y Arden, tres de los mejores guerreros del rey. Naois, el mayor, era el joven que Deirdre había visto en sueños. El flechazo entre los jóvenes fue inmediato.

Temiendo la ira del rey Connacher, Deirdre y los tres hermanos se refugiaron en Escocia. Pero el rey mandó decirles que los perdonaba y los esperaba de vuelta en el castillo. Naois, que añoraba su patria, decidió emprender el regreso, pese a la desconfianza de Deirdre. En cuanto supo que los cuatro jóvenes se encontraban en una posada cercana, Connacher envió a cien de sus mejores hombres a matar a los hermanos y capturar a la muchacha. Naois, Allen y Arden los enfrentaron con nobleza y valentía, y murieron peleando. La profecía se había cumplido.

Deirdre fue llevada prisionera al castillo. Allí pidió un arpa y cantó durante toda la noche dulces melodías para su amor perdido. Por la mañana, cuando el rey quiso verla, la muchacha estaba muerta.

Connacher mandó enterrarla en el bosque donde había pasado su infancia, pero los aldeanos, conmovidos, la llevaron durante la noche hasta el sitio donde yacía Naois, y la enterraron a su lado.

Cuentan que de cada tumba creció un árbol, y que estos árboles entrelazaron sus copas y sus ramas. Y hasta hoy, son uno solo.

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Los fantasmas de la Torre de Londres

Fantasma

Fantasma

El pueblo inglés cree en fantasmas. Y si se han reportado apariciones de espectros en calles, palacios y hasta estaciones de tren, qué mejor lugar para cobijar una gran cantidad de ellos que la Torre de Londres, testigo durante años de la ejecución de las condenas a muerte.

Uno de los fantasmas que, se dice, se pasea por la torre es la del pequeño y desdichado Eduardo V. El muchacho fue proclamado rey con sólo 12 años, a la muerte de su padre, por lo que se designó como regente a su tío, el duque de Gloucester, hasta que Eduardo alcanzara la mayoría de edad. Pero el duque, hambriento de poder, declaró ilegítimo a Eduardo y a su hermano menor, de 9 años, por ser hijos de un segundo matrimonio de su padre, y los encerró en la Torre de Londres. Nunca más se supo nada de los niños. Algunos sostienen que su tío mandó asfixiarlos. Otros, que los mantuvo encerrados de por vida. Muchos, que han visto el fantasma de Eduardo V vagar por los corredores de la torre que fue su prisión.

Otro de los fantasmas célebres de la Torre de Londres es el de la reina Ana Bolena, ejecutada por orden de su esposo Enrique VIII por sospechas de adulterio. De creer en los numerosos testimonios al respecto, también gustan pasearse por allí una misteriosa dama de luto que no tiene rostro y Sir Walter Raleigh, político, pirata y amante de la reina Isabel I, decapitado en 1618 tras una denuncia de conspiración contra el rey Jacobo I.

Pero tal vez el fantasma más curioso de los que habitan la torre sea el de Lady Jane Grey, la reina olvidada. Considerada una de las mujeres más cultas de la corte inglesa, Lady Jane subió al trono de Inglaterra el 10 de julio de 1553, en una maniobra forzada por los protestantes, que querían evitar que el rey Eduardo VI fuese sucedido por la legítima heredera, su hermana María, que era católica. Pero María era mucho más popular que Jane, y pronto consiguió el apoyo necesario para derrocarla. Lady Jane Grey fue ejecutada en la Torre de Londres el 12 de febrero de 1554. Había sido reina de Inglaterra por 9 días. Apenas tenía 16 años.

Desde entonces, aseguran, su fantasma ronda los pasillos de la torre. Tal vez, para evitar que la olviden.

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La leyenda de Píramo y Tisbe

Píramo y Tisbe

Píramo y Tisbe

Píramo y Tisbe eran dos jóvenes babilonios que vivieron, según se cuenta, durante el reinado de Semiramis. Vivían en casa contiguas y estaban perdidamente enamorados. Pero sus familias, ferozmente enfrentadas,  les habían prohibido verse. Píramo y Tisbe se encontraban en secreto, entonces, a través de una grieta en la pared que separaba sus casas. Y cuando nadie los veía, alimentaban su amor con dulces palabras, aunque apenas podían verse ni tocarse a través de la estrecha hendidura.

Un día, los jóvenes decidieron terminar con ese suplicio y fugarse juntos. Convinieron en encontrarse esa noche a la orilla del río, junto a un árbol de moras. Tisbe llegó temprano, pero al ver a una leona acercarse al río para beber, huyó del lugar, asustada, dejando caer su velo. La leona, manchada de sangre de su reciente cacería, se puso entonces a jugar con el velo. Al llegar Píramo, y ver a la leona desgarrando el velo de Tisbe, manchado de sangre, creyó que su amada había muerto. Desesperado, el pobre muchacho se suicidó atravesándose con su espada. Su sangre bañó las moras, que desde entonces son de color púrpura.

Al ver alejarse a la leona, Tisbe salió de su escondite y volvió a la orilla del río, donde encontró a su novio agonizando rodeado de extrañas moras violáceas. Tisbe no dudó: atravesándose ella también con la espada, se acostó junto a Píramo y se abrazó a él. Poco después los amantes, tal como se lo habían propuesto, partían juntos para siempre.

Según otra versión tal vez aún más antigua, los hechos ocurrieron en la región de Cilicia y Tisbe se suicidó al saberse embarazada, por temor a las represalias de su familia.  Píramo, al encontrarla sin vida, la siguió, metamorfoseándose la joven Tisbe en una fuente, y el muchacho en un río. El río Píramo, que conserva su nombre hasta el día de hoy.

Esta trágica leyenda ha inspirado innumerables historias de amor a lo largo de los siglos. Entre ellas, la inmortal Romeo y Julieta, de William Shakespeare.

Dentro de la tradición latina, la morera es conocida como Árbol de Píramo, en honor al joven babilonio y su sacrificio de amor.

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La Telesita

La Telesita

La Telesita

Por Santiago del Estero, en Argentina, deambula el alma de la Telesita. Pero el de Telésfora Castillo, nacida en la región del Salado a mediados del siglo XIX, es un espíritu tan bondadoso y amigable como lo fuera también en vida.

Cuenta la leyenda que Telesita, como la llamaban, era una muchacha de extraordinaria belleza a la que un retraso mental mantenía en una niñez eterna. Muy pobre, pasaba el día vagando por el monte, vestía siempre de harapos y vivía de la caridad de los lugareños, que habían aprendido a quererla por su sencillez y bondad. Dicen que Telesita no se perdía ninguna fiesta: bailar era lo que más amaba.

Todos sabían que apenas los músicos empezaran a tocar, la muchacha aparecería con su mirada, en general ausente, llena de vida, y danzaría hasta mucho después de que todos los demás cayesen rendidos. Por eso supieron que algo muy malo sucedía cuando una fiesta terminó sin que nadie la hubiese visto. Los vecinos se internaron en el monte, buscándola, y así encontraron su cadáver carbonizado.

Algunos dicen que, en su inocencia, confundió un incendio con las luces de una fiesta, y se acercó demasiado. Otros, que se aproximó demasiado a un fogón porque tenía frío, o que en el frenesí de su danza no notó que una chispa saltaba del fuego a su humilde vestidito. Pero todos coinciden en que, desde entonces, su espíritu continúa paseándose por el monte. Y que es bueno y generoso con los viajeros o los peones que la reconocen y le recitan una copla a la que ella adora responder:

- Qué andás haciendo, Telesita.

- Aquí ando, pues.

- A ver, bailámelo, Telesita.

- Bueno, te lo bailaré.

Dicen también en Santiago que si alguien pierde un objeto de valor, o faltan animales de su corral, debe ofrecerle una Telesiada y podrá entonces recuperarlos al instante. Se trata de un baile que comienza con el promesante y su mujer bailando siete chacareras seguidas, sirviéndose un vaso de caña entre danza y danza. Luego, se incorporan  al baile las demás parejas. Se permite beber, pero no cambiar de pareja ni detenerse hasta que cada cual cae al suelo, rendido. Una ceremonia  en la que, seguramente, la Telesita participaría encantada.

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Los Onis

onis

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Los Onis son los ogros del folklore japonés, demoníacas criaturas de frecuente aparición en las leyendas, la literatura y el teatro de su país.

Según se desprende de las narraciones, los Onis son gigantescos. La mayoría de ellos posee forma humanoide, aunque siempre con alguna característica no natural, como muchos dedos o una gran cantidad de ojos. También se los representa frecuentemente con dos largos cuernos surgiendo de sus cabezas, garras muy afiladas y el cabello revuelto.

La piel de los Onis siempre es de algún color sorprendente, como verde, azul, rojo, negro o rosado.

Estas temibles criaturas gustan de acentuar su aspecto feroz vistiendo pieles de tigre y portando un enorme garrote de hierro llamado kanabo.

En las leyendas japonesas, los Onis suelen representar el papel de villanos, aunque también pueden aparecer como ejemplo de fuerza e invencibilidad. Y algunos pocos parecen ser bondadosos y ayudar a los héroes de la historia a cumplir su misión. En realidad, se cree que los cuernos que llevan en la cabeza les producen un enorme dolor, y son los que los llevan a actuar con violencia. Pero que en realidad no son malos. Y que por esa razón, los Onis de un solo cuerno resultan más bondadosos, traviesos y amigables.

En ocasiones, algunos guerreros consiguen el poder de invocar a los Onis para que peleen por ellos en las batallas.

La cultura japonesa moderna también ha retomado la figura de los Onis para sus historias. Así, es habitual verlos aparecer como personajes de musicales, videojuegos o de mangas. Algunos, tan populares como Naruto.

Suika Ibuki es una de las Onis más populares. Diminuta pero de temperamento brutal, posee el poder de alterar la densidad de las cosas. Es así como puede, por ejemplo, transformarse en niebla, volverse gigantesca o multiplicarse infinitamente. Cuenta también con una fuerza increíble y descomunal, lo que la convierte en una enemiga temible. Ama beber sake.

Otra que siente pasión por el sake es la no menos feroz Yuugi Oshiguma. Esta Oni, a diferencia de Suika, habita el mundo subterráneo. Y aunque no puede cambiar de forma, tiene el poder de controlar los fenómenos naturales y emplearlos según su voluntad.

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