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Carlos Eduardo Robledo Puch II
Posted by valeria in Asesinos y crimen on November 19, 2009

Carlos Eduardo Robledo Puch, en la actualidad
Es fácil imaginarse la excitación que habrá sentido el joven al asesinar a sus primeras víctimas, el placer, la excitación que emanaba de la adrenalina del momento. Cabe destacar que todas las víctimas de Robledo no representaban amenaza, porque no es que él intentó defenderse de alguna víctima que, naturalmente, trataba de repeler a su agresor. Robledo mató a casi todas sus víctimas mientras dormían. Muchos de ellos nunca supieron qué había pasado, porque nunca despertaron de su sueño.
Con 19 años, Robledo ya era un asesino consumado. Él y su socio Ibáñez robaban sin ningún empacho negocios, y supermercados, siempre asesinando a los serenos, u ocasionales cuidadores de los lugares. El modus operandi era similar. Entraban por el techo, descolgándose con sogas o mangueras, y luego daban el atraco, con total tranquilidad.
El 24 de mayo de 1971 asesinaron al sereno de un supermercado en Olivos, para llevarse la recaudación del lugar. El dinero entraba fácilmente, pero también se iba fácil, especialmente con el gusto que tenía Ibáñez por las mujeres. Gastaban todo en la barra de bares y en mujeres, pero a Robledo las mujeres no le interesaban. Sin embargo, no tenía problemas en acompañar a Ibáñez en sus violaciones, y hasta le hacía el favor a su amigo de ejecutarlas una vez ultrajadas. Las violaciones eran efectuadas en la ruta, y los cadáveres eran abandonados allí mismo. A Ibáñez le gustaban los coches poderosos, por lo que se dedicaba a robar Torinos, su favorito.
El 5 de agosto se acabó el romance entre los socios. Para los registros, Ibáñez murió en un accidente de autos, del cual Robledo salió ileso. Se cree en realidad, que Robledo lo mató, y lo hizo pasar por un accidente. Robledo necesitaba un nuevo socio.
Héctor Somoza ocupó el lugar del fallecido Ibáñez. Pero Robledo no estaba muy feliz, decía que le traía mala suerte (en un par de atracos que realizaron, el botín había sido muy escaso).
Robledo va a comprar un auto a una concesionaria. Va acompañado por su madre. Compra el vehículo, y paga en efectivo. Aprovecha la oportunidad para estudiar la caja de seguridad que estaba empotrada en el lugar. Ese fue su próximo golpe, y el último de Somoza.
Los muchachos entraron al lugar. Por supuesto, mataron al sereno, y trabajaron por cinco horas con total tranquilidad, con un soplete, tratando de abrir el tesoro.
Mientras Somoza está ocupado en eso, Robledo le dispara de improviso. Somoza lo mira con horror, y para no dejarlo sufriendo, Robledo lo remata de un disparo en la cabeza. “Era mi amigo”, dijo más adelante. “No iba a dejarlo sufrir”.
Para cubrir sus rastros, le quema la cara y las manos con el soplete, para que no pudiera ser identificado, pero se olvida de su cédula de identidad en el bolsillo del pantalón de Somoza. Al otro día lo detiene la policía en la puerta de su casa.
Fue juzgado y condenado en 1980. Sus últimas palabras ante el tribunal de la Sala 1ra de la Cámara de Apelaciones de San Isidro fueron “Esto fue un circo romano. Algún día voy a salir y los voy a matar a todos”.
En el año 2000 ya podía gozar del beneficio de la libertad bajo palabra, beneficio que decide no aprovechar, argumentando que “no estaba listo” para ser liberado. Pero en 2008 le entran las ganas de ser libre. Para ello, solicita sea efectivo el beneficio. Pero el juez rue atiende su solicitud se la deniega por considerar que no se ha reformado de manera positiva en ningunos de los aspectos sociológicos necesarios para vivir en libertad, además de no poseer familiares directos que puedan contenerlo.
Robledo Puch sigue preso en un pabellón para homosexuales del penal de Sierra Chica.
Carlos Eduardo Robledo Puch
Posted by valeria in Asesinos y crimen on November 19, 2009

Carlos Eduardo Robledo Puch
“Un joven de 20 años no puede vivir sin plata y sin coche”. Ese había sido el justificativo que había esgrimido este ángel rubio para cometer los crímenes más atroces. Un caso emblemático para probar que para forjar un despiadado criminal no siempre es necesario un hogar roto, o padres violentos o alcohólicos, o haber sido víctima de violencia sexual.
Robledo Puch había nacido el 22 de enero de 1952 en un hogar acomodado en la zona norte del conurbano bonaerense, a pocos minutos de la ciudad de Buenos Aires. Su padre era un ejecutivo de la General Motors, por lo que la familia contaba con una buena posición.
Había ido a las mejores escuelas, y su padre abrigaba la esperanza de que se convirtiera en ingeniero, como él y como su abuelo. Para ello, lo anota en la escuela industrial. A Robledo Puch le gustaban las máquinas. También le gustaba leer. Saca muchos libros de la biblioteca, y los devuelve rápido.
Es en la escuela industrial donde conoce a su primer socio del crimen, Jorge Ibáñez. Ambos abandonan la escuela. Se encuentran con frecuencia a tomar café, y a filosofar sobre las cosas de la vida. No hay plata para más, por ahora. Jorge insiste que su padre es un tipo “macanudo”. Ya tiene varias armas en su casa, y lo invita a Robledo Puch a practicar tiro. Robledo acepta encantado.
Robledo cumple 19 años. Su madre dice que está cansada, decide irse a Europa a reponerse. Por ello, prefiere viajar en barco, por lo que estaría ausente un largo período de tiempo. Su padre viaja por negocios. La casa estaría vacía. El campo perfecto para que Robledo se inicie una trágica carrera criminal. Lo primero que hace es robarse una moto que le gustó. Anda por el barrio de manera enloquecida, hasta que la choca y la deja tirada. Con excitación, le comenta a Ibáñez de su hazaña.
Pero los muchachos estaban para algo más grande. El primer golpe es a una discoteca, “Enamour”. Entran y saquean la caja con total tranquilidad. En otra habitación duermen el dueño y el sereno del lugar, que no se habían despertado. Pero Robledo los ultima de varios disparos mientras dormían. Los muchachos se alzan con un botín importante.
Ibáñez es un tipo violento. Le gusta violar mujeres, a las que Robledo ultima generalmente a los tiros. a Robledo, las mujeres no le interesan. El 9 de mayo de 1971, a las cuatro de la mañana, Robledo Puch e Ibáñez ingresaron a un negocio de repuestos de automóviles Mercedes-Benz. Al entrar en una de las habitaciones, encontraron a una pareja y a su hijo recién nacido. Robledo no dudó, asesinó al hombre de varios disparos. También le asesta a la mujer un certero disparo en el pecho, pero no muere, queda gravemente herida. Para Ibáñez no es inconveniente. Igualmente la viola, y deja la escena del crimen bañado en sangre. Pero la mujer, a rastras, logra pedir ayuda. Sobrevive, y luego testificaría en el juicio. Antes de huir, Robledo Puch disparó a la cuna donde lloraba un bebé de pocos meses, erró por poco, por lo que la criatura salvó su vida.
El petiso orejudo
Posted by valeria in Asesinos y crimen on November 18, 2009

El Petiso Orejudo
Todos tratamos de pensar que hay algo de bueno, de bondad en todos los seres humanos. Creemos que algo ha llevado a delinquir a ciertos individuos, pero que de alguna manera aún conservan ciertos valores, que los hacen en definitiva miembros de la raza humana. Pero con Cayetano Santos Godino, también conocido como el Petiso Orejudo, nos damos cuenta de que existe un componente de maldad humana innato en algunas personas. Son personas –si es que se las puede considerar así- que no solo realizan actos llenos de maldad, sino que gozan con un placer enfermo de sus obras. El contemplar el abismo negro de estas almas causa un escalofrío que conmueve a cualquiera. Da miedo el solo pensar que en el mundo en que vivimos puedan existir seres humanos así. Sin embargo, están, y algunos de ellos caminan libremente por las calles.
Tal es el caso de Godino, uno de los delincuentes más terribles, no sólo en la historia penal de la Argentina, sino del mundo entero. Pocas veces se han documentado casos de tanta maldad y sadismo, y menos en personas tan jóvenes, un niño como era Godino cuando cometió sus atroces crímenes.
Su carrera criminal comienza a los siete años de edad. En ese momento, el 28 de septiembre de 1904 llevó a Miguel de Paoli, un niño de 21 meses de edad, a un terreno baldío donde lo golpeó hasta que fue detenido por un policía.
Al próximo año, llevó a Ana Neri, una beba de 18 meses, a un baldío donde comenzó a golpearle la cabeza con una piedra. Afortunadamente volvió a ser detenido, pero fue liberado esa misma noche.
En 1906, volvió a llevar a una niña a un baldío donde intentó estrangularla –uno de sus métodos preferidos de muerte y tortura- y luego la enterró viva. A los 10 años Cayetano se divertía torturando animales –una actividad común a muchos asesinos seriales, quienes comienzan su carrera criminal de esta manera-. Su padre mismo se dio cuenta de la bestialidad y maldad de su hijo, y lo entregó a la policía. Pero no sirvió de mucho, ya que sólo pasó dos meses detenido en una alcaldía, tras lo cual fue liberado.
A los 12 años, trató de ahogar a un bebé de 22 meses, pero fue detenido justo a tiempo. El 6 de diciembre los padres volvieron a llevarlo a la comisaría, pero esta vez permaneció encerrado tres años en la Colonia de Menores de Marcos Paz, pero a petición de sus padres fue liberado el 23 de diciembre de 1911.
Los crímenes, por supuesto, siguieron. El próximo fue Arturo Laurona, de 13 años, muerto por estrangulación. Luego, prendió fuego al vestido de una niña de sólo 5 años, Reyna Vainicoff, quien murió días después a causa de las terribles quemaduras.
A Cayetano también le gustaba el fuego. Según sus propias palabras: “Me gusta ver trabajar a los bomberos… es lindo ver como caen en el fuego”. Al poco tiempo, incendió una estación de tranvías, y un aserradero. Pero no dejaría de lado su hobbie preferido, matar.
El 8 de noviembre de 1912 intentó estrangular a Roberto Russo, un niño de dos años, pero fue detenido. Esta vez fue procesado por intento de homicidio, pero fue liberado por falta de méritos.
El 16 de noviembre golpeó a Carmen Ghittoni, de 3 años, quien sólo recibió heridas leves ya que Cayetano fue detenido por un policía. El 20 de noviembre raptó a una niña de 5 años, Catalina Neolener, quien comenzó a gritar y alertó a un vecino de la zona que la rescató. A finales de noviembre incendió dos galpones, que fueron rápidamente apagados.
Su último crimen, y también el más comentado, sucedió el 3 de diciembre de 1912. A esta altura, con 16 años, raptó a un niño do tan solo 3 años, Jesualdo Giordano. Primero quiso estrangularlo, con el cordel con el que se ataba sus pantalones. Pero el niño se resistía a morir, entonces decide atarlo de pies y manos. Como no estaba seguro si había muerto, le clavo un clavo en la cabeza, con una piedra que uso de martillo. No conforme con eso, asistió al velorio del niño, y acercándose al cajón tocó al cadáver, y preguntó donde estaba el clavo que tenía en la cabeza, dónde lo habían puesto.
Finalmente, al siguiente día fue detenido, esta vez para siempre.
Fue condenado en primera instancia a dos años en el hospicio de las mercedes, ya que se lo consideraba inimputable. Pero, en 1915, la Corte Suprema, decidió que en realidad era capaz, por lo que ordenó su traslado al penal de Ezeiza, en la provincia de Buenos Aires.
En 1923 es llevado al penal de Ushuaia, en la provincia de Tierra del Fuego, un terrible lugar.
Aun en la cárcel no dejaba de lado su mayor placer: matar y causar sufrimiento. En 1933 mató a dos gatos, a uno de ellos lo tiró dentro de una estufa encendida, causando la muerte del animal. Los presos le dieron una terrible paliza que lo dejó enfermo por mucho tiempo. Jamás recibió atención ni visitas. Finalmente en 1944 muere, y se especula que fue a causa de la paliza que le habían propinado hacía ya 12 años.
Cayetano Santos Godino
Posted by anion0x in Asesinos y crimen on July 19, 2008
La ciudad porteña de Buenos Aires (Argentina) vio nacer, el 31 de octubre de 1896, al hijo de los inmigrantes calabreses Fiore Gordino y Lucía Ruffo. Este niño quién llevaría el nombre de Cayetano Santos Godino horrorizaría a la Argentina algunos años más tarde bajo el apelativo de
“el Petiso Orejudo”.
Fue un asesino en serie con sólo 16 años. A principios del siglo XX fue responsable por la muerte de cuatro niños, siete intentos de asesinato y el incendio de siete edificios.
El 4 de diciembre de 1912 fue detenido por la policía, confesando todos sus crímenes. El 4 de enero de 1913 ingresó preventivamente al Hospicio de las Mercedes, donde intentó asesinar a varios internos.
Debido a los informes médicos que lo declaraban un alienado mental, el juez Oro lo sobreseyó por considerarlo irresponsable de sus actos, y ordenó que permaneciera en el Hospicio.
El 28 de marzo de 1923 Godino fue finalmente trasladado al penal de Ushuaia. A comienzos de 1933 estuvo un tiempo en el hospital del penal por la paliza que le dieron los presos luego de matar a dos gatos que eran las mascotas del penal. A partir de 1935 estuvo constantemente enfermo y sin recibir visitas, hasta que murió el 15 de noviembre de 1944 en condiciones poco claras.
Fuente: El Petiso orejudo
La dama del subte

Una historia que circula en torno a los subterráneos de la ciudad de Buenos Aires – Argentina, acerca de la línea A, inaugurada en 1913, sobre el fantasma de una extraña mujer en traje de novia.
Cuentan los dichos que se trata del fantasma de una joven que se estaba por casar en una iglesia cercana a la boca del subte , y al parecer el prometido (novio) no apareció en la misma. Entonces , ella desesperada y apenada, corrió hacia el anden y al llegar el tren subterráneo a la estación, se arrojó a las vías. Siendo de esta manera arrollada, falleciendo en el momento.
Otra versión dice que la ceremonia del casamiento se realizó pero al tratarse de una unión concertada (arreglada) por los padres de los novios, la muchacha prefirió suicidarse al salir de la iglesia antes de contrariar su propia voluntad.
Fuente: La dama del subte