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Ukamar Zupay
Ukamar Zupay significa “diablo de las peñas”. Y así fue bautizada por los Kollas, habitantes del norte argentino, una extraña criatura que nada tiene que envidiarle al célebre Yeti del Tíbet. Dicen que tiene figura de hombre, aunque cubierto de pelos, y que su cabeza es curiosamente puntiaguda. Diferentes versiones coinciden en que emite agudos chillidos. Aunque algunas veces es capaz de proferir gritos aterradoramente humanos.
En julio del año 1956, el geólogo polaco Claudio Level Spitch realizaba trabajos de campo en el cerro Macón, en la desolada región de Tolar Grande, en Salta. A 5700 metros de altura, Spitch descubrió las inquietantes huellas de un ser bípedo. Según el científico, estas huellas excedían toda posibilidad humana, ya que superaban los 40 centímetros de largo.
Días después de que Spitch hiciera público su relato a través del diario salteño El Tribuno, el arriero Ernesto Salitonlay tuvo un encuentro muy extraño. Según la denuncia presentada por el hombre en el destacamento policial de Quebrada de Agua Chuya, se había topado en una hondonada con un extraño ser cubierto, ágil como un mono y cubierto de espeso pelaje. La criatura, al verlo, comenzó a proferir gritos tan agudos que los animales del arriero comenzaron a desbandarse, aterrorizados. El hombre declaró entonces haberle disparado con su escopeta, poniéndolo en fuga, aunque la bala no consiguió alcanzarlo.
Poco después, en agosto de ese mismo año, una tormenta de nieve forzó al minero Benigno Hoyo a pasar la noche en una cueva de la zona de Quitillipi. Grande fue su sorpresa al descubrir el interior de la caverna ya ocupado por un robusto ser cubierto de abundante pelo. El minero disparó en la oscuridad y por los lamentos que oyó a continuación, creyó haber acertado. Sin embargo, nada más supo de la extraña aparición. Según Hoyo, la criatura tenía un tamaño similar al de un oso.
Pero no hay osos ni monos en Tolar Grande. Ni en toda la región andina. En la actualidad, Ukamar Zupay, que camina como un hombre pero corre como un oso, parece haber desaparecido. Nadie recuerda haberlo visto en años, y ya no aparecen en la zona pájaros malheridos, nidos saqueados ni cadáveres de cabras destrozadas.
Pero todavía hay quien dice oír algunas veces, cuando cae el sol, gritos que bajan de la puna desolada. Gritos aterradoramente humanos.
¿Quién era Jack en realidad?
Posted by valeria in Asesinos y crimen on December 16, 2009

¿Quién es Jack?
Nunca se pudo saber con exactitud quién era Jack, debido en parte a las burdas técnicas de investigación forense del momento, y también se especula que se quiso ocultar al verdadero autor, Alberto, Duque de Clarence, miembro de la familia real.
En la década del noventa, se encontró un pequeño reloj de oro, con la leyenda “Yo soy Jack” y las iniciales de las víctimas: MN, AC, ES, CE, MK. También fue hallado un diario donde se describía en detalle los crímenes. El nombre del autor: James Maybrick, un prominente comisionario algodonero de Liverpool. Se dijo en un primer momento que estos objetos eran un fraude. Pero análisis posteriores realizados con microscopio electrónico, y otros modernos métodos de investigación revelaron que el reloj podría haber sido de la época en que Jack azotaba la noche londinense.
Otro sospechoso que tiene muchos puntos a su favor es Montague John Druitt un abogado, tenista y maestro de escuela. Montague se suicidó inmediatamente luego del asesinato de la última víctima, y los crímenes cesaron. Su familia estaba convencida que de el bueno de Montague era Jack. Ya en la época era considerado un firme sospechoso, y aparece mencionado en el Memorados Macnaghten, un libro escrito en 1889, por Sir. Melville Macnaghten, quien estaba a cargo oficialmente de la investigación. El cuerpo de Montague apareció flotando en el río Támesis, en avanzado estado de descomposición. Si su familia estaba tan convencida de que era el asesino, cabe la pregunta ¿suicidio o asesinato, en un intento de terminar con esta carrera de muerte y horror? Ciertamente tuvo éxito, porque los asesinatos cesaron. Por otro lado, es improbable que un verdadero asesino serial se suicide, ya que se trata por lo general de una personalidad extremadamente narcisista y egocéntrica. El suicidio no es opción.
En 2006 se realizó un análisis de ADN a una de las supuestas cartas que Jack había enviado, y se llegó a la conclusión de que era una mujer. Se comenzó a hablar de Jill, la destripadora. Pero también podría haber escrito la carta con sus manos manchadas con sangre de una de sus víctimas. También se duda, porque no se corresponde con el perfil de los asesinos seriales el que sea una mujer. En definitiva, una información que no ayudó a esclarecer el caso.
Otro sospechoso fue Walter Richard Sickert (1860-1942), quien era un pintor de origen alemán. La acusación se basa en que hay gran número de evidencias que apuntan a Sickert. Patricia Cornwell, una investigadora lo declara el asesino sin discusión en un libro intitulado “Retrato de un asesino. Jack el Destripador: caso cerrado”. Pero, es extraño, o al menos inusual que un asesino serial de estas características pare porque sí. En general las ansias de matar van in crescendo, y nada, salvo la muerte o la cárcel, lo hacen detenerse.
Otra teoría seria le atribuye los asesinatos a Melville Macnaghten (1853-1921). Melville era investigador de Scotland Yard, y, se supone que cometió los asesinatos para obligar a su jefe a dimitir. Cuando Melville fue puesto a cargo de la investigación, los asesinatos misteriosamente cesaron. También se dice que la letra de Melville era igual a las de las misivas de Jack, especialmente cuando escribe “Querido Jefe”. Nuevamente, inusual actitud para un asesino serial.
La última teoría, desarrollada en 1997 por Trevor Marriott, ex investigador de Scotland Yard, apunta a que Jack era en realidad un marino, que había llegado a Londres en el barco “Sylph”, un carguero de 600 toneladas. El barco había tocado puerto en Londres procedente de las islas Barbados en julio de 1888, justo un mes antes del asesinato de la primera víctima, y había zarpado hacia Managua (Nicaragua) dos semanas después del asesinato de la última víctima.
En Managua, justamente, se produce una serie de homicidios brutales similares a los de Jack que dejaron perplejos a los investigadores. De hecho, se especulaba en los diarios de ese entonces, que en realidad fuera Jack.
Las coincidencias siguen: el 17 de julio de 1889, Alice McKenzie, otra prostituta, aparece muerta de igual forma en Londres. Más tarde, en octubre de ese mismo año, en Hamburgo, otro puerto muy frecuentado por marinos, es escenario de otro crimen similar.
En definitiva, los años han pasado. Las técnicas de investigación forense han mejorado de manera astronómica. Pero la verdadera identidad de Jack sigue siendo tan misteriosa como en 1888. Tal vez sea esta aura de misterio la que ha marcado a fuego los atroces crímenes de Jack en la memoria de la humanidad.
Jack el destripador
Posted by valeria in Asesinos y crimen on December 16, 2009

Carta de Jack el Destripador
Segunda mitad del año 1888. Plena sociedad victoriana en Londres. Todavía era una época en que se conserva cierta ingenuidad por parte del ciudadano común. De repente, los cadáveres descuartizados de pobres prostitutas empezaron a acumularse en el barrio bajo de Whitechappel, un suburbio frecuentado por las clases más bajas de la ciudad.
Las características comunes de los asesinatos eran las siguiente: mujeres, prostitutas, a veces ocasionales, que aparecían con la garganta degollada de izquierda a derecha, y todas mutiladas. La parte favorita de Jack era el abdomen, aunque no se privaba de otras partes del cuerpo. Lo primero que hacía era agarrarlas por detrás y con un certero corte de izquierda a derecha las silenciaba, para siempre. A partir de ese momento, estaban a su más completa merced, para que se “divirtiera” como él más quisiera. A muchas les sacaba el útero, y otros órganos internos. Pero la manera en que lo hacía era como la de alguien que tenía conocimientos y herramientas de un médico, o alguien avezado en anatomía humana. Las víctimas fueron Mary Ann Nichols (de 43 años), Annie Chapman (de 47), Elizabeth Stride (de 45), Catherine Eddowes (de 46), y Mary Jane Kelly (de 25, su víctima más joven).
El nombre Jack se lo dio el mismo, supuestamente, en una misiva que envió el 27 de septiembre de 1988, a la Agencia Estatal de Noticias. Como a muchos otros asesinos seriales, a Jack le gustaba la publicidad, y burlarse abiertamente de los policías que nunca pudieron detenerlo. En la misma podía leerse:
Querido Jefe, desde hace días oigo que la policía me ha capturado, pero en realidad todavía no me han encontrado. No soporto a cierto tipo de mujeres y no dejaré de destriparlas hasta que haya terminado con ellas. El último es un magnífico trabajo, a la dama en cuestión no le dio tiempo a gritar. Me gusta mi trabajo y estoy ansioso de empezar de nuevo, pronto tendrá noticias mías y de mi gracioso jueguecito…
Firmado: Jack el Destripador
La ironía, el sadismo y la diversión que este “jueguecito” le producía es el común denominador de los asesinos seriales. Es increíble cómo, con matices, el mismo comportamiento se repite a través de los siglos de la historia forense: Zodíaco, Charles Manson, Landrú.
Muchos investigadores, a lo largo de los años, se han abocado a descubrir la identidad de Jack, llegando a considerarse el tema prácticamente como un objeto de culto. La realidad es que Jack jugó su “gracioso jueguecito” hasta cuando tuvo ganas, y nunca nadie pudo impedírselo.
El pintor maldito

Un niño llorón
En algún momento entre 1890 y 1900 nace Bruno Amadio. Originario de Venecia, se forma en la pintura clásica, pero sus cuadros no tienen el éxito que el pintor espera. Son tiempos difíciles, la Europa de la postguerra había dejado muchos niños huérfanos, por lo que los orfanatos abundaban de criaturas desamparadas.
Amadio era un fascista extremo, al punto tal que colaboró grandemente con el partido, y con Mussolini, hasta que la Guerra termina y Europa comienza una época de transformaciones.
Amadio va a la guerra, y le toca estar en el frente de combate. Cuentan que esta experiencia traumática lo cambió para siempre. Había quedado terriblemente impresionado por los niños abandonados, luego que sus padres murieran en combate, o cuando sus casas eran tomadas por el ejército enemigo.
En 1945 Amadio se instala en Sevilla, España. Y a partir de aquí su vida se convierte en un verdadero misterio. Es este misterio el que contribuye a incrementar las especulaciones y las leyendas en torno a su persona y a los cuadros que pintaba.
Dicen que harto de no tener suerte con sus obras, Amadio hace un pacto con el Diablo. Amadio toma de modelo a niños de un orfanato. Crea así una serie de pinturas llamadas “Niños llorones”. Son 27 cuadros que han impresionado más a la sociedad que a los críticos de arte. El niño que fue el modelo de su primer cuadro de la serie era un niño internado en un orfanato. Amadio logró captar y reflejar todo el dolor y la tristeza que emanaban de él, un chiquillo abandonado sin familia que lo amparara
A partir de ese momento, sus cuadros comienzan a tener el éxito que Amadio tanto deseaba. Prácticamente no había casa en un momento que no tuviera uno de las reproducciones de los niños llorones de Amadio.
Pero, al poco tiempo, empezaron a correr historias que involucraban a los cuadros y las reproducciones de manera misteriosa. Los bomberos británicos comenzaron a ver una serie de incendios terribles, donde todo quedaba reducido a cenizas, todo menos los cuadros de Amadio, que quedaban extrañamente intactos, en medio de toda la desolación.
Incluso hubo testimonios de fenómenos extraños y sucesos inexplicables en torno a quienes los poseían.
Había testigos que narraban como se sentían atrapados, subyugados ante la triste mirada del niño, incapaces de apartar la mirada. Otros aseguraban que desde que eran poseedores de ellos, misteriosamente desaparecían objetos que no volvían a ser encontrados.
A partir de que Amadio hizo el pacto con el Diablo, los lugares en los que se encontraran alguno de estos cuadros serían escenario de males y desgracias, víctima de incendios que arrasaban con todo menos con el cuadro, que siempre quedaría intacto. Esta maldición la llevarían consigo tanto los cuadros como sus reproducciones.
Si se mira con detenimiento los cuadros (por ejemplo girándolos 90º) algunos ven al Demonio devorándose a los niños.
Amadio desapareció y nunca más se supo de él. Se cree que finalmente murió en 1981.
2012, el año en que vivimos en peligro
Posted by valeria in Misterios, Mitos y Leyendas de Mexico on November 12, 2009

El Calendario Maya
A partir del film holliwoodense homónimo (“2012”) se ha popularizado la existencia del calendario maya. Para esta civilización, el 2012 será el año en que, según este calendario, la humanidad tal cual la conocemos llegará a su fin. En la película, se habla de la existencia de una organización supersecreta, la IHC, (Institute for Human Continuity) que se encargará de que la raza humana pueda seguir existiendo. La IHC argumenta que los gobiernos del mundo lo han sabido por décadas, y que la teoría de la extinción de la raza humana está probada en un 98%. En consecuencia, se han encargado de seleccionar un reducido grupo de personas que lograrían salvarse merced a unas naves-barcos construidos en la cima del Himalaya, y que, teóricamente soportarían la hecatombe mundial.
¿Qué dice exactamente el calendario maya? Los mayas hablan de cambio o final. Pero no hablan de hecatombe ni de extinción, como Holliwood es tan adicto a pintar las cosas. El calendario maya termina ese año, pero luego vuelve a comenzar. Como un empleado que llega al fin de su contrato, y se pregunta si la empresa va a continuar pero con él en su fuerza de trabajo, inmediatamente surge la pregunta acerca de la continuidad de la raza humana en este nuevo calendario maya que se avecina.
El calendario maya consiste en dos diferentes cuentas de tiempo que transcurren simultáneamente: el Sagrado, Tzolkin o Bucxok de 260 días, y el Civil, Haab, de 365 días. Además, los mayas llevan registro del tiempo con otra contabilidad especial, llamada la Cuenta Larga. El calendario maya es cíclico, porque se repite cada 52 años mayas. En la cuenta larga, el tiempo de cómputo comienza el 0.0.0.0.0 4 ahau 8 cumkú, o 13 de agosto del 3114 a. C., y según las profecías mayas y particularmente la séptima, indica que la fecha 13.0.0.0.0 4 ahau 3 kankin, es decir, el 21 de diciembre de 2012, dará lugar a un ciclo nuevo. Simplemente eso.
Algunos Mayas marcan que el 21 de diciembre de 2012 sería el fin del quinto mundo (uno de los períodos por los que pasa la humanidad), ya que es el fin de su calendario; esto provocaría un gran cambio en la humanidad, tal como ocurre al final de cada mundo/período.
Pero este cambio, esta gran crisis puede querer significar que la humanidad va a entrar en un período más espiritual, donde se privilegiarán las cosas realmente importantes, como la vida humana, la hermandad entre los hombres y la conciencia ecológica, antes que los intereses creados. El 2012 entonces puede convertirse entonces en el punto de partida hacia un mundo mejor, donde la voz interior de cada ser humano se haga escuchar, y la paz finalmente reine en este planeta convulsionado. Dice la psicología que cada ser humano tiene en si mismo los elementos necesarios para alcanzar el pico de sus potencialidades, y que la causa principal por la que no se logra este objetivo, debe ser buscada en el mismo individuo. Con la humanidad toda pasa lo mismo. Nosotros mismos somos los causantes de tantas miserias humanas. Quizás el 2012 nos enseñe cómo comenzar de nuevo el camino de nuestra historia.
La maldición de Tutankamón
Posted by valeria in Misterios, Mitologia Egipcia, Uncategorized on November 9, 2009

Howard Carter descubre el sarcófago
El calor del desierto deformaba las imágenes como si estuvieran envueltas en halos de vapores desconocidos. El aire candente se colaba en los pulmones, causando en todos los presentes la extraña sensación de tener aire para respirar pero a la vez faltarles el aliento. La arena devolvía la brillantez del sol multiplicada infinitas veces, cegando a quien se atreviera a posar su mirada en ella. El inglés comandaba un ejército de peones y trabajadores que realizaban la remoción de piedra y arena, bajo su atenta mirada. Cada dos minutos se secaba su sudorosa frente, con un gesto de expectación y de impaciencia. De pronto alguien grita “¡Hemos llegado! ¡Rápido profesor Carter, venga a ver!”. La tumba de Tutankamón había dejado de ser uno de los grandes misterios de la ciencia moderna, sólo dar lugar a otro más grande y tenebroso.
Ese día en que todo cambiaría para estos ingleses, y para el mundo entero era el 4 de noviembre de 1922. Ese día se descubrieron los escalones que descendían hasta una puerta que aún mantenía los sellos originales. El 26 de noviembre, en presencia de la familia de Lord Carnarvon, -quinto conde de Carnarvon, mecenas financiero de la expedición- se hizo el famoso agujero en la parte superior de la puerta por el que Carter introdujo una vela y vio según sus palabras “cosas maravillosas”. Pero esas “cosas maravillosas serían de las últimas que este inglés y casi todos los que estaban presentes en ese momento verían de esta tierra.
Marzo de 1923. Lord Carnarvon era picado por un mosquito. Al afeitarse, se cortaba la picadura. Esa minúscula perforación de su piel marcaría su trágico final. Nada pudieron hacer los médicos ante una infección que se propago veloz y letalmente. Muere el 5 de Abril. El lugar donde lo picó el mosquito era el mismo lugar donde el cadáver de Tutankamon evidenciaba una herida.
A esta muerte, se le debe sumar la de su hermano Audrey Herbert, por causas desconocidas, sucedida ni bien retornó a Londres.
Como siguiendo una lista bien definida, el hombre que le dio el último golpe de cincel a la entrada al santuario, Arthur Mace, muere en El Cairo poco después, sin ninguna explicación médica.
Sigue en esta lista macabra Sir Douglas Reid, el radiólogo que tomó las placas de la momia de Tutankamon. Reid enfermó repentinamente y volvió a Suiza, país de donde era oriundo, para morir poco después.
Siguen en la fatídica lista la secretaria de Carter, de un certero ataque al corazón, a la que le sigue su padre cuando se entera de la muerte de su hija.
Mucho se ha especulado de esta cadena de muertes. Por más escéptico que se sea, son demasiadas muertes encadenadas como para pensar simplemente en la casualidad. Es en este punto donde las teorías razonables comienzan. Se decía que la tumba albergaba una espora venenosa, que había sido colocada allí para castigar a los ladrones de tumbas que por siglos asolaron las tumbas del Valle Real por siglos.
Pero la maldición no termina ahí. En los años 60 y 70 algunas piezas de la tumba fueron movidas del Museo de Egipcio del Cairo a diversos museos en Europa. Los directivos del museo que aprobaron los traslados, también murieron de manera extraña. ¿Casualidad o la Maldición del Faraón que no perdonó a aquellos que desgraciaron su última morada?
Las olas gigantes

Olas Gigantes
Las olas gigantes u olas monstruo son repentinas olas que acontecen en alta mar y que pueden llegar a tener la altura de un edificio de 12 pisos, con más de 30 metros de atura. Sin duda, acarrean una terrible amenaza, hasta para transatlánticos y barcos de gran porte, pudiendo hundirlos en cuestión de segundos. No son tsunamis, que se producen por terremotos submarinos, y que van ganando fuerza a medida que se acercan a la costa. Las olas monstruo se dan en alta mar y así como aparecen imprevistamente, suelen desaparecer, llevándose al fondo del mar a los infortunados navíos que se encuentran a su paso.
Tantos han sido los daños producidos por este fenómeno natural (se estima que en los últimos años unas doscientas embarcaciones se han hundido por este fenómeno) que la Comisión Europea ha puesto en marcha un proyecto científico para estudiarlas: el proyecto Max Wave.
Los radares de las plataformas petrolíferas también contribuyen al estudio del fenómeno. Se han detectado 466 olas gigantes en doce años.
En 1980, el Derbyshire, de 300 metros de largo se hundió, wal encontrarse en la periferia de un tifón, a causa de uno de estos monstruos. En 1994, la navegadora Isabelle Autissier naufragó en las costas de Nueva Zelanda al chocar con uno de estos monstruos, que según ella medía unos 35 metros. En 1995, la plataforma petrolera Draupner estacionada en la costa de Noruega, sufrió el embate de una ola de 18 metros, salida de la nada, en una zona sin corriente y con mar “normal”. Por suerte son poco frecuentes, pero también caprichosas, las olas monstruo pueden aparecer en aguas profundas, o cerca de las costas, ir solas o en grupos.
La tecnología empleada por Maxvave es de última generación y se basa en las observaciones realizadas por los satélites ERS («Earth Remote Sensing») de la Agencia Espacial Europea para confirmar la frecuencia y localización de olas gigantes y determinar sus causas. Los descubrimientos han sido sorprendentes. En 2003 Maxwave, entrecruzando información provista por la red de satélites ha podido individualizar más de diez olas en todo el globo terráqueo con más de veinticinco metros de altura. Estas gigantescas e imprevistas masas de agua se desplazan a velocidades similares a los 750 kilómetros por hora. Los barcos más veloces rara vez superan la velocidad de 30 kilómetros por hora.
Según los testimonios de los pocos sobrevivientes, la visión de la base de la ola, justo antes de que impacte en el barco, es lo más cercano al infierno. Los marinos les dicen “pozos negros en el océano”. En caso de impactar sobre el infortunado navío, la suerte está echada. Con presiones superiores a las cien toneladas por metro cuadrado, ningún navío está a salvo, siquiera los portentosos portaaviones, ya que hay reportes de uno de estos enormes barcos de la Marina de los Estados Unidos que casi fue partido en dos por una de estas olas durante la segunda guerra mundial.
Norwegian Dawn, un transatlántico de pasajeros sufrió el embate de tres olas seguidas, cerca de la costa de Georgia (Estados Unidos de América), el 16 de abril de 2005. Este es el testimonio de uno de sus marinos:
“El mar se hallaba totalmente en calma cuando una ola de 21 metros pareció salir del aire… Nuestro capitán, que lleva 20 años en este oficio, dijo que nunca había visto nada igual”
La viuda de Rodrigo

Rodrigo
Esto no es un relato de ficción, ni le sucedió a un extraño. Nos pasó a mi familia y a mi el pasado año. Nos mudamos hace un par de años a una nueva casa, un lugar de ensueño, cerca de la costa del mar. Es una casa con un gran jardín al frente, por lo que, si el portón está abierto, no es inusual que se metan perros extraños en la propiedad.
A poco de mudarnos, un enorme perro, totalmente negro comenzó a seguir por el barrio a mi hijo de 15 años. Al volver a casa, el perro quedó merodeando, pero al poco rato se metió al jardín. Todos lo mirábamos con desconfianza. Pero él no parecía para nada agresivo. Era un hermoso Labrador Retriever de pelo corto. Tímidamente le acercamos algo de comida, la cual se devoró en un instante. Rodrigo fue el nombre elegido, y a partir de ese momento, Rodrigo nos adoptó como su familia.
Rodrigo era un perro de una inteligencia superior. Comprendía todo lo que le decíamos, y nos seguía a donde quiera que íbamos. Solíamos pasar el verano en la playa. Atábamos a Rodrigo para que no nos siga, pues teníamos miedo de que pudiera haber problemas con otros perros, y porque la playa es un lugar público. Pero a poco rato, con su trotecito alegre, y su rabo movedizo, aparecía al lado de la sombrilla. Cabe destacar que el frente costero tiene más de 8 kilómetros de largo, pero él nos encontraba siempre. En una ocasión, al escapar derribó él solo una pequeña pared. Al volver a casa encontramos los escombros.
Rodrigo se convirtió en el alma de la familia. Acompañaba a los niños a la mañana a tomar el transporte para la escuela, y los cuidaba de extraños y de otros perros. Cuando algún peligro aparecía, él se interponía y mostraba sus dientes. Los cuidaba a todos, hasta a los gatos de la familia.
Pero un día vimos que Rodrigo no estaba bien. Algún vecino desaprensivo había desparramado alimentos con veneno por el barrio. Más de veinte mascotas murieron. Rodrigo agonizó por dos semanas, hasta que, finalmente consumido, murió. La familia quedó devastada.
Unos meses antes de morir, una vecina vino a casa y me dijo “Mira a tus nietos”. Me quedé paralizada, no entendía lo que me quería decir. Rodrigo había dejado embarazada a su perra, una hermosa Ovejera Alemana, y de esta unión habían nacido seis cachorritos: todos completamente negros como el padre, excepto por uno que había salido muy parecido a la madre.
Rodrigo y Abril –así se llamaba esta perra- estaban juntos todo el tiempo, jugando, corriendo a los pájaros y disfrutando de la vida.
Desde que Rodrigo murió, todas las noches a la media noche siento el portón del jardín. Es Abril, que se cuela. Sigilosamente va hasta la tumba de Rodrigo –lo enterramos en el jardín- y se queda un rato, recordándolo. Es increíble, si me lo contaran, tal vez no lo creería. Pero ahí está ella todas las noches, visitando la tumba de su “pareja”. Entra cabizbaja, y se dirige exactamente a ese lugar. Se queda un rato, y luego se va. Es la viuda de Rodrigo. Parece que “extrañar” no es un sentimiento desconocido para los perros.
La Curva de Torreseca

La autoestopista fantasma
Noche cerrada en la ruta. Paraje desértico, no hay otro auto a la redonda en varios kilómetros. El conductor hace un esfuerzo por mantener la atención en el monótono camino. La oscuridad circundante no ayuda, es noche sin luna, y, salvo por los faros del auto, es poco lo que se puede ver alrededor. De pronto, cuando el sueño está por vencerlo, ve caminando por la ruta a una mujer vestida de blanco. “¡Qué raro!”, piensa. Debe estar perdida. Clava los frenos, y retrocede buscándola. La encuentra. La joven mujer es muy extraña. Completamente de blanco, lleva un vestido de novia rasgado. La mujer le pide al conductor que la lleve. El hombre asiente, intrigado por lo que le podría haber pasado. No parece haber personas vivas en muchos kilómetros a la redonda, mucho menos un casamiento.
A poco de arrancar, se da cuenta de que por suerte que había parado a buscar a la mujer, porque adelante se aproximaba una peligrosa curva, que seguramente él no hubiera visto, con la monotonía del camino, y lo hubiera tomado totalmente desprevenido.
La novia finalmente se sube al vehículo. El hombre razona que la extraña mujer podría ser una loca inofensiva. Ella no responde a sus preguntas, y si lo hace, es con evasivas. El hombre, cansado de preguntarle y no obtener respuesta deja de intentarlo. El silencio reina en el interior del vehículo, por largo rato.
El conductor fija su atención en el camino. De repente, vuelve para mirar a la mujer, que permanecía en completo silencio. Él creyó que se había dormido, finalmente. Pero para su horror y espanto, la mujer ha desaparecido misteriosamente. Otro caso de la autoestopista fantasma.
Dice la leyenda que la autoestopista fantasma es una novia que murió junto con su esposo en la noche de bodas, justamente en esa fatídica curva del camino. Su misión es volver de entre los muertos para alertar a los conductores desprevenidos para que no les suceda lo mismo que a la pareja de enamorados. De una extraña manera, cumple su misión con eficacia, pues, al obligarlo a frenar, salva al inadvertido conductor de tomar esa peligrosa curva demasiado rápido.
La leyenda también es conocida como La Curva de Torreseca. En diferentes versiones todas relatan lo mismo: un espíritu vagabundo cuya misión es evitar más muertes absurdas.
El área 51

Área 51
Uno de los sitios más misteriosos del planeta es la llamada Área 51. Este es el nombre con el que se la conoce a la base militar de Nevada, situada a 170 kilómetros de la ciudad de Las Vegas, cuya existencia fue oficialmente desmentida hasta el año 2003, momento en el que finalmente se admitió públicamente su existencia por parte de Gobierno de los Estados Unidos.
Se cree que el Área 51 es la base de gobierno americano donde se realizan los experimentos y estudios pertinentes con las evidencias de vida extraterrestre que se encuentran en la Tierra, al menos con aquellas a las que el gobierno americano puede llegar a ponerle las manos encima, ya sea que se encuentren en ese país o en cualquier lado del mundo a donde ellos tengan acceso para secuestrar estas pruebas.
Pero, el Área 51 tiene otras características que le confieren de por si esa aura mística que siempre tuvo. En primer término, el hecho de que haya sido negada su existencia por tantas décadas, es altamente significativo. La base fue al comienzo de su funcionamiento, un edificio de la CIA, para cuyo propósito fue primeramente creado. Tiene la pista de aterrizaje más larga del mundo, de más de 8 kilómetros de largo. Se cree que desde aquí salían vuelos secretos de espionaje hacia Rusia, durante la llamada Guerra Fría. En la base de Área 51 se guardan también aeronaves capturadas de los soviéticos, por diversos medios. La posición privilegiada de la base a las orillas de un gigantesco lecho de sal llamado Groom Lake, la hacen especialmente apta para la prueba de diversas aeronaves de manera secreta. Groom Lake también fue usado como sitio de práctica de bombardeo y artillería durante la Segunda Guerra Mundial. Este fue el lugar de nacimiento de los míticos misiles U2. También aquí se desarrolló el F-117, el primer bombardero invisible, con tecnología Stealth que lo hace indetectable para los radares.
La base cuenta con siete pistas de aterrizaje. Pero desde el año 1995 no pueden ser observadas, ya que el gobierno amplió la zona de exclusión alrededor del Área 51 hasta alcanzar las montañas de la zona, él único lugar desde el que se podían observar las instalaciones.
Nadie puede acercarse al Área 51. La base está rodeada de radares y detectores bajo tierra de movimiento, por lo que si algún desprevenido se perdiera en la zona, rápidamente será escoltado fuera de la misma, por soldados armados y helicópteros militares. El patrullaje del perímetro se realiza por personal armado con M-16s. ¿Suficiente disuasivo?
