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La leyenda de Shen Nung, el Emperador Terrestre

Shen Nung, también conocido como el Emperador Terrestre o el Emperador Yan, es una de las figuras más importantes de la mitología china. Se dice que es uno de los Tres Augustos y los cinco emperadores, y el antecesor de Huang Ti, el Emperador Amarillo. Le atribuyen la enseñanza de la agricultura.

Shen Nung

Shen Nung

Según se cuenta, el emperador Shen Nung (2838-2698 a.C.) tenía ocho pies y siete pulgadas de alto, con cuerpo humano y cabeza de toro. Dicen que nació de una unión sobrenatural entre un dragón y una mujer de la nobleza que, avergonzada, dejó abandonado a su hijo en la ladera de una montaña escondida.

El pequeño creció sano y fuerte protegido y alimentado por las bestias salvajes durante los primeros años de su vida. Pero un día su madre se enteró dónde estaba y, muy arrepentida, fue a buscarlo para traerlo de vuelta a casa.

Una vez de vuelta Shen Nung, antes y durante su gobierno, descubrió en sólo sesenta días todas las plantas venenosas y sus antídotos. Al poco tiempo pudo observar la digestión de cada hierba, a través de un cristal que puso en su estómago, y pudo componer una farmacopea que hasta el día de hoy se usa.

Los chinos dicen que Shen Nung también fue el inventor del arado y de un sistema de trueque, y los campesinos lo adoraron durante años como el “príncipe de los cereales”.

Finalmente, cuentan que a la edad de ciento sesenta y ocho años el Emperador Terrestre se reunió con los inmortales.

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Las hazañas del joven Krishna

Krishna -para algunos el más importante profeta hindú, para otros la mismísima reencarnación del Creador- como todo héroe religioso, a lo largo de su infancia y de su juventud protagonizó increíbles hazañas que demostraron su grandeza.La infancia de Krishna

Cierto duende llamado Putana, enviado por el rey Kamsa –quien quería matar a Krishna para evitar que, según la profecía, cuando creciera lo matara a él-, tomó la forma de una bella mujer y se hizo pasar por nodriza. Entró en la casa de Yasoda, la madre adoptiva del niño, se hizo amiga suya y después tomó a la criatura en su regazo para darle de mamar y matarlo con el veneno que tenía en sus pechos. Pero Krishna succionó tan fuerte que le sacó la vida y ella cayó muerta, volviendo a su enorme y espantosa forma.

Krishna era un niño travieso: le gustaba llevarse los potes de leche cuando los ordeñadores dormían. Siempre trepaba a las más altas repisas para comer y derramar cosas colocadas fuera de su alcance. Las jóvenes lo llamaron Ladrón de Mantequilla y se quejaron a Yasoda, pero él siempre podía inventar una excusa. Una tarde, cuando jugaba en el patio, avisaron a su madre adoptiva que el niño comía barro. Ella fue a buscarlo con una vara para castigarlo, pero el niño se había limpiado los labios y negó todo conocimiento del asunto. Le abrió la boca sucia para ver si encontraba algún rastro de barro y al mirar dentro contempló todo el universo: los “Tres Mundos”. Yasoda se dijo: “Qué tonta soy al pensar que mi hijo puede ser el Señor de los Tres Mundos”. Entonces borró ese momento de su mente, acarició al niño y se lo llevó a su casa.

Los pastores acostumbraban a adorar al dios Indra (el equivalente hindú de Zeus) rey del cielo y señor de la lluvia. Un día, cuando habían presentado sus ofrendas, el muchacho Krishna les dijo: “Indra no es una deidad suprema, aunque sea rey del cielo; teme a los Titanes. Y lo que es más, la lluvia y la prosperidad que pedís dependen del Sol, que se lleva las aguas y las hace caer de nuevo. ¿Qué puede hacer Indra? Lo que haya de pasar está determinado por las leyes de la naturaleza y del espíritu”.

Entonces volvió la atención de ellos a los bosques cercanos, a los arroyos, a las colinas, y especialmente al monte Gobardhan, quienes merecían más honores que el remoto señor del aire. Y ellos ofrecieron flores, frutos y dulces a las montañas.

Krishna asumió una segunda forma: se transformó en un dios de la montaña y recibió las ofrendas de la gente, y al mismo tiempo conservó su forma primera y adoró entre el pueblo al rey de la montaña. El dios recibió las ofrendas y se las comió.

Indra se enfureció y mandó por el rey de las nubes, a quien ordenó que dejara caer lluvia sobre el pueblo hasta que todo quedara arrasado. Pero el muchacho Krishna llenó el monte Gobardhan con el calor de su energía inagotable, lo levantó con su dedo meñique y pidió al pueblo que se refugiara debajo de él. La lluvia caía en la montaña, silbaba y se evaporaba y se iba. El torrente cayó siete días, pero ninguna gota tocó a la comunidad de pastores. Entonces el dios cayó en la cuenta de que su oponente debía ser una encarnación del Ser Primario. Cuando al día siguiente, Krishna llevó las vacas a pastar, tocando la flauta, el rey del cielo bajó en su gran elefante blanco Airavata, se postró sobre su rostro a los pies del muchacho sonriente, e hizo acto de sumisión.

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Abraham y el conocimiento del Dios Uno

Según una antigua leyenda judía, Abraham –Padre de esta religión- habría sido enviado al mundo para alcanzar el conocimiento del Dios único y todopoderoso a los pocos días de edad, para luego salvar del paganismo a todo su pueblo.

Abraham y el conocimiento del Dios UnoNemrod, además de ser un rey impío era un hábil astrólogo. Le fue revelado que en su época un hombre habría de nacer para levantarse en contra suya y triunfalmente desmentir su religión.

Aterrorizado por el destino que le habían predicho las estrellas, mandó a llamar a sus príncipes y gobernantes y les pidió consejos en el asunto. Ellos contestaron aconsejándole que construyera una gran casa para albergar a todas las mujeres embarazadas y a las parteras que hayan de atenderlas. Cuando los días de la espera terminasen, y las mujeres den a luz, en el caso en que fuera varón sería deber de la partera matarlo en el propio pecho de la madre.

El rey se sintió agradado con este consejo y publicó una proclama por todo su reino, llamando a todos los arquitectos para que construyeran una gran casa para él.

En este tiempo fue cuando Terah se casó con la madre de Abraham y ella iba a tener un hijo. Cuando el parto se acercó, dejó la ciudad llena de terror y huyó hacia el desierto, caminó por la orilla de un valle hasta que llegó a una cueva. Entró en este refugio y al siguiente día tuvo dolores y dio a luz a un hijo. Toda la cueva se iluminó con la luz del rostro del niño como el esplendor del sol, y la madre se regocijó extremadamente. El niño que dio a luz era nuestro Padre Abraham.

La madre se lamentó y dijo a su hijo: “Te he dado a luz en la época en que Nemrod es rey. Por ti, 70 mil niños han sido asesinados, y estoy llena de terror. Es mejor que perezcas en esta cueva y no que mis ojos hayan de contemplarte muerto sobre mi pecho”. Tomó el traje con que estaba vestida, envolvió con él al niño y lo abandonó en la cueva.

Pero Dios mandó a Gabriel para que le diera leche y el ángel la hizo salir del meñique de la mano derecha del niño hasta que tuvo diez años de edad. Entonces, el pequeño Abraham se levantó y caminó hacia afuera de la cueva hasta que estuvo a la orilla del valle. Cuando el sol se puso y las estrellas salieron, él dijo: “¡Estos son los dioses!”. Pero llegó el amanecer y las estrellas ya no se veían, entonces dijo: “¡No las adoraré porque no son dioses”. Luego salió el sol y dijo: “Este es mi dios y he de alabarlo”, pero cuando el sol se puso él se dijo: “no es un dios”. Finalmente, cuando la luna salió y luego se oscureció, él gritó: “Éste tampoco es un dios, pero hay Uno que los pone a todos en movimiento!”.

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La leyenda de Santa Marta y Tarasca

Santa Marta es conocida a través del Evangelio como hermana de Lázaro y como anfitriona de Jesús en al menos tres ocasiones. Es honrada por su devoción y servicialidad,  y se la considera la patrona de las amas de casa y de las mujeres con maridos infieles o difíciles. La historia sobre su enfrentamiento con el monstruo Tarasca explica esta creencia.

La leyenda de Santa Marta

En la ribera del Ródano, más precisamente en un bosque situado entre Aviñón y Arles, había un dragón con seis patas similares a las de un oso, con el torso de un buey, caparazón de tortuga, cola escamosa con un aguijón de escorpión en su extremo y grandes alas a los lados de su cuerpo. Este monstruo -que había llegado desde Galicia  a través del mar- mataba a todos los viajeros y atacaba a todos los barcos. Lo llamaban Tarasca, y sus padres eran el Leviatán (monstruo en forma de serpiente que vive en el mar) y el Onagro (una bestia terrible nacida en Galicia, que prende fuego a todo lo que toca).

Santa Marta, a instancias de su pueblo, salió al encuentro del monstruo. Lo encontró en el bosque devorando a un hombre; lo roció con agua bendita y le mostró un crucifijo.

Inmediatamente, Tarasca, conquistado por sus plegarias, se acercó a Marta embelesado, como si fuera un cordero. Ella le ató su cinturón alrededor del cuello y lo condujo a la aldea vecina. Allí, el pueblo lo mató con piedras y lanzas.

Hasta entonces la pequeña aldea se había llamado Nerluc (“lago negro”)  por los sombríos bosques que bordeaban el río. Pero luego de la hazaña de Marta y Tarasca, el pueblo tomó el nombre de Tarascón en recuerdo suyo.

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La Leyenda del Niño Cántaro de Agua

Esta es una de las leyendas tradicionales del folclore de los Tewa, un grupo dentro de los indios Pueblo de Nueva México. Cuenta la historia del origen de uno de sus héroes, que nació cántaro de agua y se convirtió en hombre.

Una joven de Pueblo que ayudaba un día a su madre a mezclar con el pie el barro para hacer vasijas, sintió que el lodo la salpicaba de una manera extraña en la pierna. Unos días después le pareció que algo se movía en su vientre, pero jamás se le ocurrió pensar que iba a tener un hijo. Cuando se dio cuenta de lo que realmente pasaba, prefirió no decir nada por temor a una reprimenda. Pero el niño crecía y crecía.

Cuando la madre de la joven cayó en la cuenta de que su hija estaba por dar a luz se enojó muchísimo. Pero cuando miró al recién nacido se se enterneció al darse cuenta de que su concepción había sido algo maravilloso: vio que no se parecía a un niño, sino que era una cosa redonda con dos salientes. Parecía una pequeña vasija. El primero que lo quiso fue su abuelo, quien entró para conocerlo y se dio cuenta de que era un pequeño cántaro de agua.

A los veinte días el cántaro ya era grande: podía hablar y jugar con los otros niños. Su abuelo lo llevaba afuera para que conociera el mundo y para que hiciera amigos. Lo nombraron “Niño Cántaro de Agua”,  porque averiguaron que era varón según lo que decía.

Un día los hombres fueron a cazar y el Niño Cántaro de Agua quiso ir. Su abuelo lo llevó hacia el sur de la planicie, en donde pronto vio el rastro de un conejo al que siguió rodando. El pequeño llegó a un pantano en donde había una piedra, se golpeó con ella y se rompió.

Debajo de los pedazos rotos surgió un niño de verdad. El Niño Cántaro de Agua estaba muy contento de que su piel se hubiera roto y ya fuera un muchacho, un muchacho crecido. Llevaba muchas cuentas alrededor del cuello y aretes de turquesa, una capa de danza y zapatos y una chaqueta de piel de gamo.

Esa tarde cazó un gran número de conejos. Volvió y se los presentó a su abuelo, quien lo llevó triunfalmente a su casa.

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Leyenda del Nacimiento del Río Nilo

Cuando el Rey Tcheser estaba en su décimo octavo año de reinado, una sequía invadió Egipto y acabó con toda cosecha. Todos se debilitaron y hasta algunos murieron por la escasez  de comida. Fue entonces cuando el Rey recordó cuando el dios I-em-etep salvó a su pueblo en una situación similar, pero el hijo de Ptath no acudió a sus rezos.

Sintiéndose desahuciado, Tcheser envió a un mensajero para que le pregunte a Mater, un gobernador del sur, dónde se originaba el Nilo y quién era el dios o la diosa que lo protegía. Mater le respondió hablándole de la maravillosa isla Elefantina, en la cuál se encontraba la primera ciudad jamás conocida, desde donde salía el Sol para dar vida a la humanidad. Le mandó a decir que allí había una cueva doble llamada Querti, que tenía la forma de dos pechos: de entre medio de ellos nacía la inundación del Nilo cuando el dios Khnemu encontraba la ocasión apropiada para abrirle la puerta una vez año.

Cuando el Tcheser supo quién era el dios del río comenzó a suplicarle y a celebrarle sacrificios en su templo. Finalmente Khnemu apareció ante la presencia del Rey y le prometió que el Nilo volvería a levantarse cada año para acabar con la sequía, con la condición de que las tierras a cada lado del Nilo protegieran su templo tan abandonado por esos años.

Es por eso que en cierto lugar de Egipto hay huellas de la antigua isla en donde existió la primera ciudad jamás conocida, que abrigaba el nacimiento del río. Podemos reconocerlo por su vegetación muy verde, sus flores de colores nunca vistos y por una pequeña colina sobre la que descansa una piedra tallada con un agradecimiento eterno a Knemu, el dios del Nilo.

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El Cadejo

El cadejo es uno de los personajes maravillosos de la mitología mesoamericana que más ha trascendido a través del tiempo. Incluso podemos encontrar paralelismos en otros animales legendarios, como el lobizón español,  el can cerbero de la mitología griega y los perros de cuatro ojos hindúes.

Cuenta la leyenda que en tiempos en que los peligros acechaban cada vez más al pueblo, Dios creó un ser para asustar a quienes deambulan en la noche. Si bien esto podría entenderse como un castigo, el propósito real era proteger a los hombres de los males que se provocaban ellos mismos.

El Cadejo

El Cadejo

Fue entonces cuando una figura blanca como las nubes celestiales y con forma de perro de ojos rojos llegó a la Tierra. El demonio, furioso por la acción protectora de Dios, quiso burlar al enviado divino creando un ser de formas idénticas, pero de color negro.

En la Tierra se los llamó “cadejos”.  Se dice que ambos vagan por las noches: uno para proteger a los hombres de los peligros nocturnos y el otro para aterrorizarlos. Ambos parecen ser dos caras de un mismo ser o -visto de otra manera- la animalización de la dualidad del bien y del mal.

El cadejo blanco encarna la bondad y el poder regenerativo de la naturaleza. Sale para asustar a los trasnochadores, lo que lo convierte en un referente moral. Casi nunca se lo ve, pero acompaña a quienes deambulan entre el peligro hasta que regresan a sus casas.

El cadejo negro, en cambio, encuentra sus víctimas entre los hombres, sobre todo entre los recién nacidos: los hipnotiza con sus terroríficos ojos escarlata y les roba el alma. Únicamente el cadejo blanco puede enfrentarlo, pero a pesar de las encarnizadas luchas que enfrentan, jamás se matan el uno al otro.

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La Planchada enfermera fantasma

Es una de las leyendas de México mas famosas actualmente que se ubica en el centro histórico.

Esta leyenda empieza en el Hospital Juarez, donde dicen que trabajaba una enfermera de nombre Eulalia, que vestía siempre su uniforme muy limpio y planchado.

Ella era muy buena en su trabajo, hasta el momento en que llego un medico nuevo que era guapo. Eulalia se enamoro de el y al poco tiempo fueron novios, el un día le dijo que tenia que salir un tiempo a un seminario, pero el nunca regreso y mas tarde Eulalia se entero que se había casado.

Ella callo en una terrible depresión, y empezó a fallar en su trabajo, lo que ocasiono la muerte de algunos pacientes (por sus descuidos), al no poderse recuperar se enfermo y murió.

Cuando ella murió empezaron a ocurrir hechos extraños en ese hospital ya que por las noches una enfermera muy pulcra atiende a los pacientes que descuidan las otras enfermeras en el turno de la noche, o si no despierta a las enfermeras que se quedan dormidas en su turno. Por su apariencia pulcra, los que la han visto (pacientes, enfermeras, médicos) la apodaron “la planchada”. Aseguran que su alma no puede descansar por sentir culpable por haber descuidado a sus pacientes por sus problemas personales.

Otra version cuenta que su alma esta en pena por un castigo ya que en vida ella era una mujer muy cruel que trataba mal a los pacientes, asi que al morir, la castigaron, para que cuidara de los pacientes como no lo hizo en vida.

Nunca me han hospitalizado, pero si lo necesito, espero hospitalizarme en el Juarez, para comprobar si es cierta esta leyenda.

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