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Bernadette Soubirous y Nuestra Señora de Lourdes

Santa Bernardette
Nacida en 1844 en Lourdes, Bernardette era la mayor de varios hermanos. La vida en la Francia rural del siglo XIX era dura por demás. Toda la familia vivía en el sótano de un viejo molino, un lugar húmedo e insalubre que no contribuía en nada a la salud de la pequeña.
Siendo muy niña, siempre mostró una salud muy frágil. En su infancia sufrió cólera, lo que la debilitó bastante, condición que la afectaría toda su vida. A poco de sanar, desarrolló una persistente asma, que finalmente marcaría una de las causas de su deceso, con sólo 35 años.
Su padre rara vez tenía empleo, era molinero, y la actividad en esta área era muy escasa. Su madre realizaba ocasionales trabajos de costura, con lo que ayudaba al sustento familiar. Era una mujer piadosa, que sufría por sus niños, y trataba de cuidarlos de la mejor manera posible con las severas limitaciones materiales que atravesaban.
Pero hacia los 14 años, se hizo claro el propósito de la existencia de Bernardette en este mundo. En sus caminatas y juegos infantiles, la llevaron a una gruta de la localidad de Massabielle, al oeste de Lourdes. Allí, sucedió el milagro. La Virgen María se le apareció en 18 ocasiones, y le dio a Bernardette importantes mensajes e instrucciones para sus hermanos. Inmediatamente, se dudó de Bernardette, al ser una niña prácticamente analfabeta y sin instrucción.
En la tercera aparición, la Madre se dirigió a la niña, y le pidió que viniera durante quince días seguidos a la gruta. También la Madre le prometió a Bernardette que la haría inmensamente feliz, pero no en esta vida, sino en la otra. Bernardette accedió, y su destino como Santa de la Iglesia Católica estaba sellado.
¿Cuál era el mensaje que la Virgen María quería transmitirle a Bernardette, y a través de ella a todos los hombres de buena voluntad? María invitaba a todos a la penitencia y a la oración por los pecadores. También nos enseñaba que deberíamos vivir en una una pobreza más evangélica. El 2 de marzo de 1858, la Madre se expresó diciendo que quería que se construyera allí un templo para su adoración. En este templo se han producido más de 2500 curaciones inexplicables (milagrosas) por el poder del agua bendita del manantial, y de la fe cristiana. La Madre estaba dispuesta a saciar la sed, no solo de fe, de todos. Por ello, se manifestó el 25 de febrero a Bernadette, quien excavó en la roca y descubrió la fuente de agua que hasta el día de hoy es meta de peregrinaciones por parte de tantos católicos y que ha sido testigo de estos milagros.
En 1868 Bernardette pronuncia sus votos, y se convierte en monja en la Comunidad de Hijas de la Caridad de Nevers. Su vida en el convento fue dura. Siempre aquejada por una salud delicada, el desarrollar una dolorosa tuberculosis ósea, esto no la detuvo en la realización de sus tareas, se dedicó a ser enfermera y sacristana durante nueve años, hasta que no pudo más por los agudos ataques de asma y la grave enfermedad que padecía.
Poco antes de morir, un obispo que iba camino a Roma llega al convento. Bernardette aprovecha la oportunidad para enviarle al Santo Padre un mensaje donde solicitaba su bendición. Al regresar de la Santa Sede, el obispo le trajo a Bernadette una especial bendición del Papa y un crucifijo de plata que le enviaba de regalo. Era el 15 de abril de 1879. Al día siguiente, el 16 de abril de 1879, con apenas 35 años, murió.
Pero los milagros de Bernardette no terminan allí. Su cadáver fue exhumado tres veces. En 1909, por primera vez, y luego en 1925 con motivo de su beatificación. En ambas oportunidades, si bien el crucifijo y el rosario que llevaba en sus manos se habían oxidado, el cuerpo estaba perfecto. Luego el cuerpo fue trasladado a la capilla de Sainte Bernadette en el convento de Nevers y depositado en un ataúd de cristal, donde es objeto de visitas y peregrinaciones.