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El evento de Tunguska
Treinta de Julio de 1908. Todavía faltaban algunos años para que se registren los sucesos de la revolución bolchevique, que alteraría la habitual tranquilidad de la Siberia Rusa. Hasta ese momento todo estaba en calma, en el poblado de Tunguska, cerca del río Podkamennaya. Pero a las 7 y 17 de la mañana, algo tremendo pasó, algo que nadie ha podido explicar fehacientemente hasta el día de hoy.
Literalmente, el cielo se abrió en dos. Una terrible explosión sacudió la tranquilidad del pueblo. En un área de casi tres kilómetros cuadrados, nada quedaba en pie. Afortunadamente, no había sido en el centro del pueblo, que sin duda se hubiera borrado de la faz de la tierra. El “evento” –tal es la categoría que se le da hasta hoy, pues nadie sabe muy bien de qué se trató en definitiva- partió en dos como si fueran mondadientes añejos árboles de decenas de metros de altura y troncos de más de dos metros de ancho. Todo se quemó en la zona impactada. Los animales y las plantas murieron calcinados en un instante.
En el poblado, ningún vidrio quedó sano. La onda expansiva tiró a las personas como si fueran muñecos.
Este es el relato del que da cuenta un sobreviviente, tal como consta en la Tunguska Home Page de la Universidad de Bolonia:
“A la hora del desayuno, yo estaba sentado cerca del puesto comercial de Vanavara, mirando al norte. De repente, vi que, directamente al norte, sobre la ruta Onkoul de Tunguska, el cielo se abrió en dos partes y apareció fuego, muy alto y muy ancho, sobre todo el bosque. La grieta en el cielo se hizo más grande, y toda la parte norte se cubrió de fuego. De golpe sentí tanto calor que se me hizo insoportable, como si mi camisa me quemara: del lado norte, donde estaba el fuego, vino una fuerte ola de calor. Me quise quitar la camisa y tirarla lejos, pero entonces los cielos se cerraron y se escuchó una fuerte explosión. Fui arrojado a varios metros de distancia. Perdí el sentido por unos instantes, pero entonces mi mujer salió y me llevó a la casa. Luego de eso se oyó un ruido, tal como si grandes rocas rodaran unas contra otras o como de un fuego de artillería. La tierra tembló, y cuando caí al piso, apreté mi cabeza contra la tierra, porque temía que me cayeran piedras encima y me golpearan. Cuando el cielo se abrió, un viento ardiente pasó entre las casas, como el que sale de la boca de los cañones, dejando surcos en el suelo y destruyendo los sembrados. Luego vimos que todas las ventanas se habían roto, y, en el granero, el pestillo de hierro de la cerradura se había partido en dos”.
Las causas que explicarían tal fenómeno son varias. Desde una bomba de hidrógeno, cosa muy improbable, porque la tecnología del momento no lo permitiría, hasta un choque de antimateria del espacio, que hubiera alcanzado la tierra en cantidades significativas como para producir la explosión. Los astrofísicos consideran tal posibilidad improbable, puesto que las cantidades de antimateria que se detectan son siempre minúsculas, y de ninguna manera alcanzarían para causar semejante explosión.
La teoría más aceptada es la de un meteorito de hielo, que al chocar con la tierra se hubiera sublimado (pasaje del estado de hielo al gaseoso directamente), causando tal cambio de estado una liberación de energía capaz de provocar los efectos mencionados.
El bebé del Corán
Ali Yakubov, tal es el nombre de la criatura, un bebé de tan solo 9 meses. Desde hace unas semanas, el minúsculo pueblo de Dagestán, al sudoeste de Rusia y de mayoría musulmana, se encuentra revolucionado por los milagros de los que son testigos. En la piel de las piernitas del bebé aparecen citas enteras del Corán, el libro sagrado de los musulmanes, con una regularidad asombrosa, cada lunes y viernes aparecen y permanecen legibles durante tres días. Después desaparecen tan misteriosamente como aparecieron.
Lo que se ha podido leer hasta ahora son máximas como:
“Dios que Alá”
“Sé agradecido con Alá”
“Alá es creador de todo lo existente”
Nadie ha podido comprender cómo es que se pueden ver con claridad las máximas extraídas del texto musulmán sagrado en claras letras árabes, estampadas como marcas de nacimiento en la piel del bebé.
Los padres del niño no se consideraban como personas “muy religiosas”, pero, según ellos, los prodigios de los que son testigos, los han hecho replantear su la profundidad de su fe.
Ya se organizan peregrinaciones de miles de personas a la casa de la familia de creyentes, que albergan la esperanza de poder llevarse algún objeto del niño, como un botón o una prenda de ropa, ya que dicho ítem tendría poderes milagrosos.
Los padres del bebé y las autoridades musulmanas locales creen a pies juntillas en que las marcas son verdaderos mensajes de Alá, enviados para todos los hombres. Tal es la opinión de Ismail Berdyev, vocero de la iglesia musulmana del Cáucaso.
Sin embargo, lógicamente, se han levantado voces en contra, como la de Lyudmila Luss, del instituto ruso de Inmunología, quien afirma que es posible realizar las frases de manera química. Muchos defensores de los derechos de los niños temen que los padres estén aplicando algún elemento sobre la piel de la criaturita que pueda causar los visibles estigmas, tales como la sal, o la pimienta.
Por su parte, los padres se han negado a hacer los estudios que se les requirió sobre la piel de bebé, a fin de determinar cuál es la verdadera causa de tan extrañas reacciones.
El cadáver de Evita III

Cementerio de la Recoleta, Lugar ¿final? de descanso de Evita
Lo que sigue es el argumento de una película de Indiana Jones.
Se decidió trasladar varios ataúdes idénticos, a diferentes puntos del mundo, desde lugares en América Latina, hasta Europa y el Lejano Oriente, para despistar a cualquiera que quisiera seguirle el rastro. Nunca se supo quién fue el autor material de la movilización del ataúd de Evita. Pero el derrotero fue más o menos así:
El verdadero cajón enviado por barco a Bruselas, Bélgica. De allí abordó un tren con destino a Bonn, Alemania Occidental.
Con total desconocimiento por parte del Embajador argentino, el cajón fue almacenado en un sótano de la embajada, junto a unos viejos archivos.
Pero eso no es todo. En septiembre u octubre de 1956, la fecha es incierta, el cadáver fue puesto en otro ataúd y trasladado nuevamente. Roma fue el primer destino, para finalmente recalar en Milán. Durante la última etapa del viaje, el cuerpo fue acompañado por una hermana lega de la sociedad de San Pablo, a quien se le indicó que el cadáver pertenecía a una viuda italiana, María Maggi de Magistris, que acababa de morir en Rosario, Argentina.
Bajo ese nombre, Eva fue enterrada en la parcela 86 del cementerio Mussocco, de Milán. Allí permaneció por espacio de 15 años, durante los cuales su paradero sólo fue conocido por un puñado de personas.
Pero todos sabemos que si hay algo que no abunda en la historia argentina es la tranquilidad institucional. Lanusse, el militar a cargo del país allá por 1971 se dio cuenta de que ya los militares no podían gobernar más a la republica. Decide aprovecharse del viejo líder, para ganar tiempo en el poder, o tratar de organizar un poco el caos en el que estaba sumido el país. Lanusse toma la decisión de restituir el cadáver de Evita a Perón, como parte del operativo retorno, que traería de vuelta al viejo líder a su desangrada tierra, con la intención –fallida finalmente- de lograr un poco de paz institucional.
Así, el 2 de setiembre de 1971, un hombre que decía llamarse Carlos Maggi, que no era otro que Héctor Cabanillas, se presenta en Milán con la intención de llevarse a su “hermana” de vuelta a su tierra. Efectivamente, se lleva el cadáver hasta Madrid, donde estaba Perón en ese momento en el exilio. Son 800 kilómetros más que el ajetreado cadáver debe recorrer.
Dicen que cuando Perón abre el ataúd, irrumpe en un terrible llanto, de volver a ver a su amada, tan perfecta, tan viva todavía, después de tantos años. Allí pronuncia las inmortales palabras: “No está muerta, solo está durmiendo”.
Perón vuelve al país, es elegido presidente. Asume, con su segunda esposa, María Isabel Martínez, de vice presidenta. Perón muere de un cáncer terminal, y el país arde en llamas. Isabel, quien está a cargo de los destinos de la república en esos momentos, es una mujer incapaz, insegura y mediocre. Decide repatriar el cuerpo de Evita, para que descanse al lado del General Perón. Y así lo hace. Finalmente Eva regresa al país, para descansar en paz.
El cuerpo fue depositado en una tumba de cuatro metros y medio de profundidad, en un sector privado del cementerio de la Recoleta, en Buenos Aires. Se construyó una tumba fuerte como la cámara acorazada de un banco, con la intención de prevenir cualquier tipo de robo del cuerpo. El destino quiso que ella estuviera en la Recoleta, mientras que Perón permanece en la quinta de San Vicente, residencia favorita del mandatario. Nunca más pudieron estar juntos nuevamente.
El cadáver de Evita II

No hay paz para María Eva Duarte de Perón
El pueblo lloraba a su reina muerta. Los grafitties abundaban en la ciudad. El pedido era uno solo: “Devuelvan el cadáver de Evita”. Rápidamente se organizaron patrullas de seguidores peronistas que requisaban cada rincón de la ciudad en busca del preciado tesoro. Cualquier pista, cualquier rumor era investigado de inmediato. Los militares que ocultaban el cuerpo se dieron cuenta de que no podrían permanecer con semejante objeto por mucho más tiempo.
El cadáver de Evita había sido colocado en un cajón de embalaje, sellado y trasladado a un depósito cerca del cuartel general del Servicio de Inteligencia del Ejército. Durante un mes ese fue el lugar donde estuvo escondido en secreto. Pero en enero de 1956 se tomó la decisión de trasladarlo. Así el ataúd peregrinó por media docena de depósitos y oficinas oficiales de Buenos Aires. Finalmente, la desesperación de los militares era tanta que no tuvieron más remedio que apelar a otra medida extrema –a la que los militares son tan afectos: se lo llevó al piso donde vivía el ayudante de Mori-Koenig, el mayor Antonio Arandia, junto con su esposa.
Arandia estaba paranoico que descubrieran que el cadáver estaba allí. Dormía con su arma reglamentaria debajo de la almohada. Una noche, siente ruidos en el baño. Dispara dos tiros en la oscuridad. Los ruidos los había hecho su mujer, que simplemente había ido al baño. De dos tiros la mata en el acto. La mujer estaba embarazada.
El cadáver volvió a ser trasladado. Fue llevado al 4º piso del cuartel general del Servicio de Inteligencia, el organismo que dirigía Mori-Koenig (quien primeramente había robado el cuerpo). Con una leyenda que decía “Equipos de radio”, el cajón fue apilado junto a otros cajones idénticos.
Al coronel Morl-Koerilg se le terminó la suerte. Fue destituido y reemplazado por el jefe del Servicio Secreto del presidente Aramburu, el coronel Héctor Cabanillas. Cabanillas se horrorizó al descubrir que el cuerpo todavía estaba escondido en el cuartel. Inmediatamente decidió tomar cartas en el asunto. Para los que dicen que el fin de todo es la muerte, la historia de Evita demuestra todo lo contrario.
Las manos de Perón

El General, en su ataúd sin manos
Diez de Junio de 1987. La República Argentina hace sólo 4 años que ha salido de un gobierno de facto devastador. Todavía no ha pasado el tiempo necesario para que se borren de la mente de la gente los fantasmas de los desaparecidos, las torturas y la inteligencia de estado. Muchos fantasmas dan vuelta por la ciudad de Buenos Aires, pero nada tienen que ver con el ectoplasma o con el otro mundo. Son bien de este mundo, y bien corpóreos.
El lugar es el mausoleo del mítico General Juan Domingo Perón, en el cementerio más grande de la orbe porteña: el cementerio de la Chacarita. Si de buscar fantasmas se trata, este es el lugar indicado.
Muchos fanáticos del general acuden a ver su cadáver embalsamado, tras un cristal que permanece inmutable, aún cuando su querida Argentina se debata en terribles convulsiones internas, como la hiper inflación, los intentos de levantamiento militares y la pobreza, que crece a ritmo desenfrenado. Todavía no le perdonan que una terrible enfermedad haya evitado que se hiciera cargo de un país en llamas, y añoran al líder carismático que podía resolver con mano firme todos los problemas que se presentaran.
Pero ese diez de Junio, el horror se apodera de los presentes. Las manos del general habían sido cortadas con precisión quirúrgica, a la altura de las muñecas.
Un grupo de expertos que trabajan “como profesionales” entra al cementerio, presumiblemente cuando está cerrado el acceso al público, entra al mausoleo, abre la tapa de cristal del cajón, le corta las manos y se las lleva.
A partir de allí, ni siquiera le queda al pueblo el consuelo de una explicación para semejante aberración. Nunca se volvió a saber de esto, ni quién lo hizo, ni por qué.
La investigación después se contamina de pistas falsas. El comisario de la Federal Zunino, de la comisaría 29 de la calle Loyola es quien se encarga de la investigación. Las amenazas no faltan. El juez Jaime Far Suau del juzgado 27 que atiende la causa, recibe presiones de todas partes. Agobiado, decide tomarse unos días de vacaciones en Bariloche. Volvía de allí cuando murió en un sospechoso accidente en la ruta. No fue un accidente. Las gomas del auto habían sido infladas con gas.
Queda el sinsabor de no poder explicar la causa. Se especulaba sobre los motivos de semejante acto de necrofilia. Deseos de venganza de la cúpula militar de la dictadura. Muy improbable. Tomarse semejante molestia para lograr muy pocos efectos reales. Las míticas cuentas bancarias en Suiza, que solamente se abrirían con las huellas digitales del General, quedaron rápidamente descartadas. Al momento de realizarse los depósitos, no existía tal tecnología. Otra teoría da cuenta de un acto de la célebre logia P2 (Propaganda Due), integrada por el fascista Licio Gelli como respuesta a un incumplimiento de Perón, quien supuestamente, le solicito ayuda antes de asumir su tercer mandato.
Nada pudo comprobarse. Mientras tanto, los años siguieron corriendo, pero nunca pudo saberse la verdad. Ni siquiera la muerte le ha podido garantizar el eterno descanso a Perón y Evita.
¿Quién era Jack en realidad?
Posted by valeria in Asesinos y crimen on December 16, 2009

¿Quién es Jack?
Nunca se pudo saber con exactitud quién era Jack, debido en parte a las burdas técnicas de investigación forense del momento, y también se especula que se quiso ocultar al verdadero autor, Alberto, Duque de Clarence, miembro de la familia real.
En la década del noventa, se encontró un pequeño reloj de oro, con la leyenda “Yo soy Jack” y las iniciales de las víctimas: MN, AC, ES, CE, MK. También fue hallado un diario donde se describía en detalle los crímenes. El nombre del autor: James Maybrick, un prominente comisionario algodonero de Liverpool. Se dijo en un primer momento que estos objetos eran un fraude. Pero análisis posteriores realizados con microscopio electrónico, y otros modernos métodos de investigación revelaron que el reloj podría haber sido de la época en que Jack azotaba la noche londinense.
Otro sospechoso que tiene muchos puntos a su favor es Montague John Druitt un abogado, tenista y maestro de escuela. Montague se suicidó inmediatamente luego del asesinato de la última víctima, y los crímenes cesaron. Su familia estaba convencida que de el bueno de Montague era Jack. Ya en la época era considerado un firme sospechoso, y aparece mencionado en el Memorados Macnaghten, un libro escrito en 1889, por Sir. Melville Macnaghten, quien estaba a cargo oficialmente de la investigación. El cuerpo de Montague apareció flotando en el río Támesis, en avanzado estado de descomposición. Si su familia estaba tan convencida de que era el asesino, cabe la pregunta ¿suicidio o asesinato, en un intento de terminar con esta carrera de muerte y horror? Ciertamente tuvo éxito, porque los asesinatos cesaron. Por otro lado, es improbable que un verdadero asesino serial se suicide, ya que se trata por lo general de una personalidad extremadamente narcisista y egocéntrica. El suicidio no es opción.
En 2006 se realizó un análisis de ADN a una de las supuestas cartas que Jack había enviado, y se llegó a la conclusión de que era una mujer. Se comenzó a hablar de Jill, la destripadora. Pero también podría haber escrito la carta con sus manos manchadas con sangre de una de sus víctimas. También se duda, porque no se corresponde con el perfil de los asesinos seriales el que sea una mujer. En definitiva, una información que no ayudó a esclarecer el caso.
Otro sospechoso fue Walter Richard Sickert (1860-1942), quien era un pintor de origen alemán. La acusación se basa en que hay gran número de evidencias que apuntan a Sickert. Patricia Cornwell, una investigadora lo declara el asesino sin discusión en un libro intitulado “Retrato de un asesino. Jack el Destripador: caso cerrado”. Pero, es extraño, o al menos inusual que un asesino serial de estas características pare porque sí. En general las ansias de matar van in crescendo, y nada, salvo la muerte o la cárcel, lo hacen detenerse.
Otra teoría seria le atribuye los asesinatos a Melville Macnaghten (1853-1921). Melville era investigador de Scotland Yard, y, se supone que cometió los asesinatos para obligar a su jefe a dimitir. Cuando Melville fue puesto a cargo de la investigación, los asesinatos misteriosamente cesaron. También se dice que la letra de Melville era igual a las de las misivas de Jack, especialmente cuando escribe “Querido Jefe”. Nuevamente, inusual actitud para un asesino serial.
La última teoría, desarrollada en 1997 por Trevor Marriott, ex investigador de Scotland Yard, apunta a que Jack era en realidad un marino, que había llegado a Londres en el barco “Sylph”, un carguero de 600 toneladas. El barco había tocado puerto en Londres procedente de las islas Barbados en julio de 1888, justo un mes antes del asesinato de la primera víctima, y había zarpado hacia Managua (Nicaragua) dos semanas después del asesinato de la última víctima.
En Managua, justamente, se produce una serie de homicidios brutales similares a los de Jack que dejaron perplejos a los investigadores. De hecho, se especulaba en los diarios de ese entonces, que en realidad fuera Jack.
Las coincidencias siguen: el 17 de julio de 1889, Alice McKenzie, otra prostituta, aparece muerta de igual forma en Londres. Más tarde, en octubre de ese mismo año, en Hamburgo, otro puerto muy frecuentado por marinos, es escenario de otro crimen similar.
En definitiva, los años han pasado. Las técnicas de investigación forense han mejorado de manera astronómica. Pero la verdadera identidad de Jack sigue siendo tan misteriosa como en 1888. Tal vez sea esta aura de misterio la que ha marcado a fuego los atroces crímenes de Jack en la memoria de la humanidad.
EL Edificio de Andresito

El Edificio de Andresito
España, muy cerca de Bilbao. Un poblado llamado Gasteiz, sobre la calle Olaguíbel, una vieja propiedad se prepara para una demolición. Es una de esas vetustas ruinas que reflejaban el rico pasado histórico del país. La propiedad original había sido construida en las ruinas del convento de San Francisco del año 1200, más de 8 siglos atrás.
A medida que la nueva edificación progresaba, en la década del treinta, se podía registrar nuevas evidencias de actividad paranormal. Aparentemente, las almas que allí descansaban comenzaron a alborotarse. Todo fue tirado abajo, menos el arco de piedra de la parte trasera de la propiedad. Y así quedó erigido el nuevo palacio de Hacienda de la localidad. Pero no todas las deudas habían sido pagadas.
Quienes entraban a la nueva oficina municipal, funcionarios y personal de seguridad, y los vecinos de la zona decían con vehemencia que allí dentro se oían ruidos extraños, risas de un niño, correteos y el rebotar de una pelota. Todos estos fenómenos ponían los pelos de punta, al más pintado.
Los guardias de que hacían las rondas nocturnas comenzaron a ver apariciones terroríficas. Todos fueron testigos de sucesos paranormales. Sin embargo, se trató de mantener lo que habían visto en secreto, para que no cundiera el pánico en la población. Sólo uno de los guardias se animó a relatar lo sucedido.
Las puertas se abrían sin que nadie estuviera allí, ni hubiera corrientes de aire que pudieran explicar el movimiento. También las canillas de los lavabos se abrían, y el agua comenzaba a fluir sin explicación. Las luces se encendían al azar. Los muebles aparecían dados vuelta de su posición original, sin que nadie hubiera aparecido en la sala donde estaban.
Lo más terrorífico eran la figura de un anciano y un niño pequeño, quienes descendían las escaleras, tomados de la mano. También solían aparecer los antiguos corredores que ya habían sido tirados abajo muchos años atrás, como en una especie de alucinación. A la par se oían pasos de pies pequeños correteando por los desiertos pasillos, y el rebote constante de un balón que ponía los pelos de la nuca de punta.
Poco a poco, ningún guardia deseaba tomar el turno noche, y así se quedaron sin trabajadores. Por ese motivo se optó por poner un sistema de video vigilancia remoto, que filmaba prácticamente todos los rincones del palacio, sin que nadie –al menos nadie humano- estuviera allí.
También se registraron psicofonías grabadas (las voces de los muertos) en el segundo piso, que recogen risas y la algarabía típica de las horas de recreo. En las grabaciones en video se ve claramente la figura de un niño ataviado con una túnica.
El relato de una vecina es espeluznante: al levantarse por las mañanas, veía a un grupo de monjes recitando cánticos en su sala.
A partir de ese momento se pasó a denominar al edificio como el Edificio de Andresito, pues es como han decidido llamarle las gentes del lugar.
El enigma de Kaspar Hauser II

La tumba de Kaspar Hauser
Mucho se ha especulado sobre el origen de Kaspar Hauser. Se decía que era descendiente ilegítimo de la dinastía reinante, la casa von Baden. Sin embargo, un análisis de ADN que se realizó en 1996, patrocinado por la revista alemana “Der Spiegel” reveló que era muy probable que hubiera sido el hijo de Stéphanie de Beauharnais, amante de Napoleón pero también esposa de Carlos Federico I de Baden, -fallecido en 1811, y quien había sido el primer gran duque de Baden que reunificó los territorios históricos de Baden bajo una única entidad soberana. De hecho, el muchacho tenía un gran parecido con Bonaparte. La misma distancia entre la nariz y el labio superior, la pera era igual, así como la frente. Un hijo extramatrimonial hubiese sido poco deseado tanto por parte de Napoleón como por la dinastía de Baden. De esta forma, se sentenció a Kaspar a una vida de oscuridad. Pero, poco antes de su liberación, un desconocido se había tomado el trabajo de enseñarle a escribir su nombre y a repetir el mensaje que le había dicho al militar: “quiero ser soldado como mi padre…”
Pero los enigmas continúan. Y las revelaciones también.
La vida de Kaspar parecía encontrar un cauce normal. Se convirtió en un joven inteligente, con capacidad para escribir su propia historia, y seguramente hubiera llegado a ser un buen soldado, si su vida no se hubiera visto trunca de manera muy extraña.
A poco de aparecer en público, Kaspar fue objeto de extraños ataques. A menudo era abordado por extraños, con la intención de acabar con su vida. En octubre de 1829 lo encontraron inconsciente con una herida en la frente. Cuando recobró el habla contó algo sobre un atacante enmascarado. Pero, desafortunadamente, esa no sería la última vez que atentarían contra su vida.
Un mal día de diciembre de 1833, un extraño lo atacó en el parque y lo acuchilló. En ese momento, le dejó una nota encriptada, que sólo podía leerse al ser reflejada por un espejo. Muchas voces se alzaron, diciendo que el ataque había sido auto infligido, pero el muchacho repetía a todos “Soy inocente”. Finalmente, el 17 de diciembre, luego de varios días de agonía fallece. La autopsia realizada sobre su cuerpo concluye que estas heridas no habían sido auto infligidas.
Muchas preguntas quedaron sin respuesta. ¿Por qué liberarlo? Y en primer término, ¿por qué mantenerlo oculto tantos años? ¿Quién desea su muerte? ¿A quién amenazaba su sola existencia?
Aparentemente, según las cuentas que pueden hacerse, su cautividad comienza con la deposición de Napoleón, en 1815. Por eso, Kaspar recordaba haber vivido en palacios mientras era un niño muy pequeño. Es probable que la primera parte de su cautividad la haya pasado en las mazmorras de Laufenburg. Así da cuenta de un mensaje encontrado en una botella, y escrito por otro prisionero que decía: “…mi zulo (celda pequeña) se encuentra bajo tierra y es desconocido incluso a él que le han robado el trono”…
La segunda parte de su cautividad la pasó en palacio de Pilsach a tan sólo unos 35 km de Nürenberg.
Durante unas reformas realizadas en 1924, fue encontrada en este castillo una habitación escondida que concuerda perfectamente con la descripción dada por Kaspar en sus memorias.
Durante otras obras de construcción llevadas a cabo en 1984 en se encontró un caballo de juguete que también aparece en sus relatos, y restos de ropa.
El enigma de Kaspar Hauser I

Kaspar Hauser, ¿o Kaspar Bonaparte?
También conocido como el huérfano de Europa, la corta vida de Kaspar Hauser está plagada de misterios, que la ciencia moderna ha ayudado a descifrar, parcialmente.
Corría el 26 de mayo de 1828, en la real ciudad de Núremberg, apareció un muchacho andrajoso, que si apenas hablaba, desnutrido, sucio y con sus pies sangrantes. Traía consigo unas cartas, destinadas al militar Friedrich von Wessing, el capitán del 4º escuadrón, regimiento 6º de caballería. En estas cartas se decía que el nombre del muchacho era Kaspar Hauser, y que quería ser militar. También figuraba su fecha de nacimiento: 30 de abril de 1812. Kaspar sólo supo exclamar algo que seguramente había sido hecho aprender como un sonido sin sentido, pero que pudo pronunciar a la perfección: “quiero ser soldado como mi padre…”. El capitán lo entregó a la policía, para que se ocupara de este inusual caso. Y así comenzó la corta vida de Kaspar en la sociedad.
El muchacho tenía extrañas costumbres: al ver una vela, quiso tocar la flama, y se quemó. También vomitó al oler la cerveza, y confundía a un reloj de péndulo con un ser vivo, cosa que le causaba temor. También solía llamar a todos los animales “Caballo”, y a las personas “Niño”.
El caso de Kaspar fue inmediatamente aprovechado por cuanto pedagogo y psicólogo de la época pudo acercarse al chico, para poder comprender cabalmente qué era lo que le sucedía.
De hecho, se ha denominado “Síndrome de Kaspar Hauser” al padecimiento que sufren los niños pequeños cuando son privados del contacto con otros seres humanos, así como cuando se retira a un animal del contacto con sus mayores, para poder descifrar hasta qué punto llega lo genético, y qué es aprendido de los otros miembros de la raza.
Paul Johann Anselm Ritter von Feuerbach, criminalista y filósofo alemán, y quien había creado el primer código civil de Baviera, en 1813, fue quien finalmente condujo la reeducación del muchacho, ya que se había llegado a la conclusión de que su estado había sido originado por haber estado encerrado toda su vida en una minúscula celda, sin contacto con otros seres humanos, y solamente alimentado a pan y agua.
Al tiempo, Kaspar aprendió a escribir, ya que el muchacho, a pesar de sus limitaciones, poseía una inteligencia sin igual, y era como una esponja que absorbía todo los conocimientos que le ponían por delante. Kaspar se decidió a escribir su vida. Sus primeros recuerdos, en su más tierna infancia los había pasado en palacios. Pero luego había sido encerrado en una celda, oscura y pequeña, por muchos años. Un hombre le traía todos los días de comer, pan y agua. Kaspar también contó que a veces el agua tenía un gusto extraño, que lo hacía desvanecerse. Cuando se despertaba, se encontraba perfectamente limpio y con ropas nuevas.
Benjamín Solari Parravicini

Profecía de las Torres Gemelas
El 8 de agosto de 1898 nace este artista plástico argentino, de renombre internacional. Criado como católico, siempre amó las artes, y se desempeñó como profesor en diversos cargos, director de la Galería Municipal de Buenos Aires y Secretario de la Asociación para el Desarrollo de las Artes en 1948.
Benjamín Parravicini, también conocido como Pelón, para sus allegados, siempre mostró una sensibilidad especial. Podía localizar objetos o personas perdidas, y tenía sueños premonitorios. Una noche de 1938 se despertó agitado en medio de la noche. Dijo que sentía mucho olor a mar, y que una voz de mujer le hablaba. La mujer le decía que las algas adornaban sus muñecas como joyas muertas. Benjamín se despertó y anotó en un papel un nombre, una locación y una fecha: Octubre de 1938, Mar del Plata, Alfonsina Storni. Había visto en directo la muerte de la poeta, ocurrida a más de 450 kilómetros de distancia.
Lo increíble de Solari Parravicini fue que a partir de 1932 comienza a experimentar extraños episodios, durante los cuales, sus manos sin control dibujan extrañas figuras, a la vez que le agrega un epígrafe escrito con una explicación de lo que es cada dibujo. Se trata de las famosas psicografías.
Solari Parravicini se resiste a ser sujeto de semejantes premoniciones. En ellas se revela el futuro de la humanidad, de la ciencia, de la raza humana. Siendo cristiano, no cree que lo que le sucede pueda ser cierto. Pero lo es.
Finalmente, deja de resistirse, y comienza a acumular sus dibujos, hasta la fecha de su muerte en 1974. Con ellos compone cuatro tomos denominados “Dibujos proféticos” Tomos I, I, III y IV.
Dentro de las muchas profecías sorprendentes de Solari Parravicini, habla de Juan Pablo II, el Papa viajero, que recorrería los cinco continentes, de la Madre Teresa de Calcuta, y predice la aparición de Fidel Castro, con una exactitud pasmosa, a quien denomina “Cabeza de barba”, apodo por el que se lo llamaría.
Una de las profecías más renombradas de Solari Parravicini es la del atentado de las Torres Gemelas, del 11 de Septiembre de 2001.
La libertad de Norteamérica perderá su luz, su antorcha no alumbrará como ayer y el monumento será atacado dos veces.
(Benjamín Solari Parravicini. 1939)
Increíblemente, cuando George Bush dirigió su mensaje al pueblo americano, con referencia a este brutal ataque, se expresó diciendo que
Estados Unidos fue blanco de un ataque porque somos el faro más brillante de la libertad y oportunidad en el mundo. Y nadie hará que esa luz deje de brillar…
Llamativa coincidencia de palabras.

