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La ciudad de Troya, ¿realidad o mito?
Posted by paulinagallardo in Historia, Misterios, Mitologia Griega, Mitos on September 25, 2009
La ciudad de Troya ha sido el escenario elegido por Homero para narrar uno de los acontecimientos épicos más importantes de la literatura clásica: La Ilíada. Pero la veracidad de la historia de esta batalla y, aún más allá, la veracidad de la existencia de esta ciudad descrita por los antiguos, aún está en discusión.

Ruinas de Troya
Los registros escritos que datan de la Grecia y Roma clásicas sitúan a Troya al sur del estrecho de Dardanelos, ubicado en la Península de Anatolia. Pero en el Renacimiento, los estudiosos comenzaron a dudar de la localización del que fue el núcleo comercial y uno de los más importantes polos culturales del Egeo, hasta que –finalmente- en el siglo XVIII la existencia de la ciudad de Troya se comenzó a cuestionar.
A fines del siglo XIX, un excéntrico comerciante alemán y apasionado de la obra de Homero, Heinrich Schliemann, estudió a fondo La Ilíada y la Odisea -junto con otras obras clásicas- para determinar si la existencia de Troya tenía un origen mítico o real. Con este objetivo, en el año 1873 coordinó una serie de excavaciones en la colina de Hissarlik, gracias a las cuales se hallaron varios asentamientos fortificados que coincidían con las descripciones y las fechas estimadas en los registros escritos conservados. Finalmente, gracias a las excavaciones se hallaron nueve ciudades superpuestas y constataron que la más antigua perteneció al año 3000 a.C.
Pero a pesar de estos hallazgos, en 1980 todavía algunos seguían sin convencerse de la veracidad de lo que describía la obra de Homero, y seguían sosteniendo que Troya no era más que un mito, uno más de los escenarios de la mitología y no una ciudad histórica. Sin embargo, en este año, un estudio geológico de John Kraft, un prestigioso investigador de la Universidad de Delaware en Estados Unidos, afirma que la ubicación de la Troya era estratégica, ya que controlaba la entrada al Mar Negro desde el Egeo monopolizando el comercio, hecho que –probablemente- fue la verdadera causa de la guerra con los griegos.
Según el resultado de su análisis geológico, Kraft asegura que la historia de la ciudad estuvo necesariamente en relación con el agua: la evolución del delta de los ríos Escamandro y Simois (que la rodeaban) condicionó durante cientos de años su paisaje y toda actividad asociada a la tierra y a la pesca. La reconstrucción del escenario natural le permitió localizar lugares estratégicos, como la ubicación de lo que debió haber sudo el puerto de Troya alrededor del año 1250 a.C., el mismo en el que desembarcaron los griegos para recuperar a Helena según el poema homérico.
Pero la historicidad de Troya aún sigue siendo un misterio para muchos, ya que se han ido desarrollando múltiples posturas al respecto, y prácticamente muy pocos puntos de unanimidad.
Frente a un grupo de arqueólogos que –a pesar de la diversidad de conclusiones a las que arriban- están más o menos de acuerdo en la existencia real de esta ciudad (Scliemann, Dörpfeld, Sperling, Blegen, Hiller, Demetriou), existe una corriente escéptica liderada por Moses Finley, que niega de raíz la posibilidad de que Troya –tal cual la describe Homero- y los hechos del relato épico sean reales. Para Finley no hay presencia de elementos micénicos reales en los poemas homéricos ni pruebas arqueológicas realmente válidas que fundamenten una historicidad del mito.
Una postura intermedia es la de Joachim Latacz, quien –relacionando fuentes arqueológicas, documentos hititas y pasajes homéricos- ha probado un origen micénico de la leyenda. Pero en lo que respecta a la discutida guerra de Troya, no ha descartado la posibilidad de que sea histórica, ni tampoco la posibilidad de que sea sólo mito.
El origen del oráculo de Delfos
Posted by paulinagallardo in Mitologia Griega, Mitos, Religion on September 13, 2009
La historia y la literatura griega con frecuencia hablan de un oráculo al que recurrían reyes y campesinos para saber su futuro. Se encontraba en el templo de Apolo, en Delfos, en donde una pitonisa hacía de intermediaria para reproducir los designios del futuro.

En la época en que los hombres aún no sabían prácticamente nada de los dioses del Olimpo, al sur del monte que luego fue llamado Parnaso, existía un oráculo dedicado a Gaia, una antigua divinidad. De la tierra. Apolo deseaba terriblemente apoderarse del templo, así que no dudó en enfrentarse con el terrible dragón Tifón, el guardián del oráculo.
Luego de un arduo combate, el dios de la profecía y la verdad le ganó al monstruo y lo dejó pudriéndose en el lugar. Este hecho le valió el sobrenombre de Pythos (“el que deja pudrir”), luego utilizado para nombrar a sus intermediarias en el mundo de los hombres: las pitonisas.
El dios descansó y unos momentos después se convirtió en un delfín (delfos) para desviar una nave cretense y apropiarse de la tripulación. Los viajantes se convirtieron en el primer estamento del templo, por lo que Apolo les prometió acudir todos los años para aconsejar a los hombres.
Su fama se expandió como un torbellino, y al poco tiempo cientos y cientos de personas se acercaban al lugar para recibir un consejo. Tanto fue el éxito del oráculo de Delfos, que Apolo decidió acudir una vez al mes. En el templo sagrado aguardaban dos o tres pitonisas que interpretaban señales de todo tipo para a aconsejar sobre todo tipo de hechos. Se dice que el desencadenamiento de varias guerras y muchos otros desastres se produjeron por no escuchar al oráculo.