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Nuestra Señora de Covadonga, el colegio encantado de Turón (Segunda Parte)

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La construcción del edificio de Nuestra Señora de Covadonga terminó en 1917, pero recién en 1939 fue utilizado como el colegio al que concurrían los hijos de los mineros.

Durante la revolución obrera que ocurriera en 1934, los maestros que pertenecían a la orden de los hermanos de La Salle, fueron detenidos y más tarde ejecutados en un cementerio que se encuentra próximo al colegio. Por este acontecimiento tan lamentable el Papa los nombró Santos y Mártires de Turón en el año 2000.

Toda la historia que guarda este lugar puede ser reconstruida a través de testigos del lugar, que relataron  que durante la Guerra Civil el pueblo fue acusado por su participación en la revolución, lo que generó venganzas por sus tendencias.

Como en el lugar no existía un cuartel el colegio fue tomado para esos menesteres en forma provisional en el año 1937.

Los acusados de rebeldes eran llevados a la boca de una mina cercana que hacía de fosa común.

Para evitar escándalos en el pueblo, todos eran ejecutados en el patio del colegio y según muchos relatan los restos aún deben estar bajo el concreto y el asfalto del lugar.

Algunos testigos dijeron que sólo tres aulas era utilizadas para impartir clases y el resto eran utilizadas como cárcel.

En cuanto a la historia de los educadores asesinados allí, es una historia que aterra y conmuve a la vez.

En el año 1934 ocho Hermanos trabajaban en el colegio, seis de ellos tenían sólo un año en el lugar, llegaron allí cuando la Ley de Congregaciones Religiosas prohibió el dar clases a religiosos, fue entonces que ellos cambiaron su vestimenta para poder continuar con su tarea.

Su trabajo era muy importante dedicándose con esmero a su tarea de educadores.

En la madrugada del día 5 de octubre, comenzaron a ser detenidos por orden del Comité local todas las personas señaladas como revolucionarios, los sacerdotes entre ellos.

A pesar que los Hermanos fueron avisados para que pudieran huir o esconderse no lo hiceron y cuando se hallaban en el ofertorio de la misa, soldados invadieron el lugar declarando  detenidos a los religiosos y por la calle central de la ciudad fueron llevados a la prisión tanto los hermanos como el Capellán.

Los carceleros obligaron a todos a quitarse el hábito que llevaban.
Cuatro días permanecerían allí los Hermanos con resignación y tranquilidad, lo que fue de gran ayuda para el resto de detenidos que luego recordarían esto con emoción.

En la víspera de la muerte los Hermanos fueron interrogados y por el tono de la conversación se dieron cuenta del peligro y como preparación decidieron confesarse. Su ejemplo alentó a otros detenidos que también lo hicieron.

La última noche antes de la ejecución, en otra escuela cercana al lugar donde los hermanos seguían presos,  se reunian quienes iba a ejecutarlos, que por temor a las reacciones violentas de los pobladores habían  hecho un plan que sería llevado adelante con astucia, disimulo y en la oscuridad de la noche.

A la una de la mañana del día 9 de octubre se abrió la puerta de la sala donde se hallaban detenidos los hermanos, y les dieron la orden de sacarse los abrigos y  entregar todo aquello que llevaran encima.

Les dijeron que pensaban llevarles al frente, para servir de parapeto ante los soldados.

Se les preguntó:

- “¿Qué armas saben Vds, manejar?”

Todos respondieron que ninguna.

- “¿Es que no han hecho el servicio militar.?”

Unos dijeron que sí, pero como religiosos y enseñando en los cuarteles.

Otros no lo habían hecho por ser muy jóvenes aún.

Les preguntaron- “¿Saben Vds. a dónde van?”

Respondieron negativamente, aunque intuían que les llevaban para terminar con sus vidas.

- “Pues van Vds. al frente, a la línea de fuego, para que, al verles, nuestros enemigos dejen de disparar “.

Con el disimulo y engaño que habían usado hasta entonces, se dirigieron a los que estaban apartados y les ordenaron:

- «Salgan de aquí los curas de la Parroquia».

Obedecieron los dos, pues el capellán, D. Tomás Martínez, ya no se encontraba entre ellos, debido a su enfermedad.  Les hicieron algunas preguntas y les mandaron quedarse.

A los demás, se les indicó salir del lugar.

En ese instante, las diestras de  los dos  sacerdotes que se quedarían,  se alzaron con el signo de la absolución, pues estaban convencidos de que les llevaban a la muerte.

Lo relatado hasta aquí es rigurosamente cierto, tiene como base un documento redactado, por los sacerdotes que quedaron vivos, días después de los hechos.

La ejecución de los hermanos fue reconstruida por medio de testimonios de algunos de los que intervinieron en ella.

Mientras los llevaban para el lugar donde serían ejecutados nuevamente se les pregunto:

- «¿Saben Vds. a dónde van?»

El Hermano . Augusto respondió en nombre de los demás:

- «A donde Vds. quieran. Estamos dispuestos a todo, pues ya nada nos importa» la respuesta a esto sentenció:

- «Pues van Vds. a morir por rebeldes».

Las víctimas no se inmutaron. Obedecieron la orden, los carabineros iban al frente y el último era el Padre Inocencio.

Les llevó de 8 a 10 minutos llegar al cementerio, una vez allí aún tuvieron que esperar al enterrador que no había acudido todavía.

Se les dio la orden avanzar hasta el centro del cementerio, allí los colocaron frente una zanja de unos ocho metros y ante sus ojos se alzaba el Colegio iluminada que fue lo último que los mártires contemplaron antes de morir.

Se dio la orden de fuego y con dos descargas quedaron acribillados, algunos que habían quedado con vida recibieron un remate de pistola.

Mientras, tanto el grupo de asesinos se volvía hacia sus puntos de origen. Seguro que lo hacían desconcertados por la serenidad de las víctimas, que no habían proferido ni una queja ni una protesta.

Días después, fue detenido el capitan Castaños quien llevó adelante los fusilamientos y dijo que tanto el padre como los hermanos escucharon con tranquilidad la sentencia y con paso firme y sereno fueron al cementerio, tanto que -”yo,  dijo el capitán , que soy hombre de temple, me emocioné por su actitud…”

“Me pareció que por el camino, y cuando estaban esperando ante la puerta, rezaban en voz baja …”

Todo este relato nos sirve para pensar, si es posible que desde otra dimensión estos mártires trataron de comunicarse y lograr que se descubriera la verdad de los hechos para poder así tener el  descanso eterno de sus almas que clamaban justicia.

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Nuestra Señora de Covadonga, el colegio encantado de Turón

colegio de Turon

El colegio de Nuestra Señora de Covadonga, se encuentra en el valle asturiano de Turón, es un edificio abandonado que encierra un gran misterio.

En la época de la Guerra civil española fue una cárcel y el lugar donde se realizaban las ejecuciones.

Desde entonces, los vecinos del lugar aseguran que pueden verse sombras y luces extrañas en sus pasillos y también escucharse gritos de dolor.

El Valle de Turón se encuentra en pleno corazón de Asturias y atravesando la avenida principal de su pueblo está el edificio del colegio de Nuestra Señora de Covadonga, también conocido como de La Salle.

En el interior de este edificio abandonado se esconde un misterio, pues allí tuvo lugar una historia que por su carácter trágico cambió la vida de muchas familias de esta ciudad.

Este colegio fue inaugurado en el año 1917 y permaneció abierto hasta el 2005, desde entonces, está abandonado y esto ha causado deterioros graves en las instalaciones.

Pero, hagamos un poco de historia para saber que aconteció allí. El 5 de octubre de 1934 tropas revolucionarias capturaron a nueve profesores religiosos en el interior del colegio, y luego de mantenerlos en cautiverio durante 4 días los llevaron al cementerio y los asesinaron.

Este colegio también se utilizó como cárcel donde se ejecutaron antepasados de algunos habitantes de esta población.


La historia espeluznante que van a leer fue sacada a la luz por Representantes de la Plataforma Juvenil de Turón, del Ayuntamiento de Mieres.

Integrantes de este grupo se pusieron en contacto con investigadores de lo oculto llamado Gaipo, quienes fueron los encargados de verificar y estudiar la leyenda que rodea este lugar, ya que los vecinos aseguran que se pueden ver sombras y luces de colores verde y blanco y que también se escuchan voces.

Los investigadores comenzaron las primeras pesquisas haciendo una vistoría del inmueble y mientras tanto también comenzaban a hacer una reconstrucción documental sobre todas las personas que fueron testigos de los acontecimientos que ocurrieron allí.

Se utilizaron, para hacer la investigación, la tecnología más avanzada y así tener la posibilidad de registrar cualquier tipo de fenómeno paranormal y luego de analizado guardarlo como prueba.

Todas las pruebas, se hacían siempre después que se ocultaba el sol, desde medianoche hasta el amanecer.

Lo primero que estudiaron fue el edificio de tres plantas y 40 dependencias, haciendo también planos para tratar de determinar algunos puntos donde poder realizar la experiencias.

Terminados estos planos,  lo fotógrafos hicieron tomas de todos los puntos señalados como importantes, tratando de captar algún tipo de anomalía.

Una imagen impactante fue la tomada en el primer piso del colegio, en ella aparecía una luz verde que cruzaba en dirección al fotógrafo. Cabe destacar, que este suceso fue tomado cerca del aula en donde habían sido presos los religiosos ejecutados.

También se pretendía hacer un registro de audio y obtener psicofonías, las cuales mostraron mensajes de dolor, y éstos fueron cotejados contra los testimonios conseguidos y la historia que existía en algunos lugares del colegio donde fueron recogidas, como por ejemplo el sótano y otra pequeña habitación del piso más alto que estaba quemada.

En el sótano se pudo gravar un grito estremecedor, como si alguna persona estuviera siendo torturada, otros mensajes que pudieron obtenerse también eran de mucho sufrimiento como:
ayudadme”, “maltrato”, “afuera, encontrad”, “llámame” y “cobardes”. Muchas de estas voces, eran acompañadas de ruidos, golpes e incluso puertas que se cerraban sin explicación.

Los miembros de Gaipo, hicieron sesiones de espiritismo en el sótano y los datos en un principio parecían incoherentes, se tornaron entendibles gracias a los testimonios.

Se encontró suficiente información con respecto a los sacerdotes, pero muy poca sobre de las muertes de otros presos políticos, ya que todo fue quemado en 1936, así que se utilizaron otro tipo de medios de prueba como por ejemplo artículos de diarios, y algunos testigos como el enterrador.

Ortega de 95 años fue uno de los que vivió lo acontecido en el lugar, pues su mujer fue asesinada estando embarazada de siete meses. “Los muros de esta escuela sirvieron de cárcel en la toma de 1937. Muchos vecinos fueron hechos prisioneros en sus sótanos para luego ser ejecutados. Entre ellos, mi esposa Consuelo”. Ella fue acusada, perseguida y apresada para sonsacarle mi paradero. Mi mujer sufrió torturas dentro del colegio: fue maltratada, mancillada y, finalmente, asesinada”.

También, en los años cincuenta del siglo pasado, unos niños llamados los hueseros, encontraron en el patio enterrados numerosos huesos, hecho que concuerda con lo atestiguado por Hermesindo Andrade, que dijo que él y otros alumnos fueron obligados a enterrar huesos en un antiguo huerto. Éstos fueron hallados y algunos cráneos tenían agujeros como de balas.

Desde ese momento la prensa local se hizo eco de las investigaciones y medios nacionales mostraron interés en el tema del descubrimiento de una fosa común.

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