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La maldición de Tutankamon
Posted by paulinagallardo in Historia, Misterios, Reliquias on September 20, 2009
Los extraños sucesos fatales ocurridos luego del descubrimiento de la tumba de Tutankamon en 1922, inauguraron el comienzo de un misterio en torno a una supuesta maldición que con el paso del tiempo sigue siendo temida hasta por los egiptólogos más escépticos.

Se dice que el día en que los arqueólogos Howard Carter y Lord Carnarvon ingresaron con su equipo por primera vez a la tumba de Tutankamon en 1922, una enorme tormenta de arena se levantó con particular intensidad en la entrada de la cueva, justo en el momento en que terminó de ingresar el último hombre. Inmediatamente, un halcón –símbolo real del antiguo Egipto- voló por encima de la tumba con dirección hacia el oeste, como si fuera al “otro mundo”. Estos hechos fueron tomados como presagios, lo que llevó a que se diga que el espíritu del faraón hizo caer su maldición sobre aquellos que violaron su descanso en la tumba.
Luego del transcurso de cinco meses, Lord Carnarvon fue picado por un mosquito en la mejilla. La picadura derivó en una gran infección que provocó una septicema y finalmente se enfermó de neumonía. El joven arqueólogo murió en un hotel de El Cairo a la 1,55 hs de la madrugada y, a esa misma hora, todas las luces de la ciudad se apagaron. En Inglaterra, en simultáneo, su perro aulló y también murió.
Pero el hecho que sugirió una relación entre estos extraños sucesos y el descubrimiento de la tumba de Tutankamon, sucedió cuando a la hora de examinar a la momia los científicos encontraron una especie de cicatriz en la misma mejilla y en la misma ubicación en que recibió la picadura Lord Carnarvon.
En los meses que siguieron en 1923 otras tantas personas también visitaron la tumba y sus muertes fueron atribuidas a la maldición. Entre ellos, Aubrey Herbert (hermanastro de Carnarvon) murió de peritonitis, Alí Farmy Bey –príncipe egipcio descendiente de los faraones- fue asesinado en un hotel londinense, y el su hermano de sangre se suicidó.
También podemos nombrar la muerte del magnate norteamericano George Jay Gould luego de una neumonía provocada por el agravamiento de un resfriado causado durante su visita a la tumba, y el supuesto suicidio de Richard Bethell, quien ayudó a el arqueólogo Carter a clasificar el tesoro.
Luego de unos cuantos años, en 1966, cuando los tesoros de Tutankamon iban a enviarse a París para ser expuestos, el director del departamento de Antigüedades egipcio soñó que inimaginables males lo aterrorizarían si permitía que estas reliquias salieran del país. Si bien fue lo más insistente posible, tuvo que acceder ante las autoridades a que se enviaran los tesoros en un último encuentro en El Cairo. Finalmente, cuando abandonaba el sitio de la reunión fue atropellado por un automóvil y falleció a los dos días.